jueves, 26 de febrero de 2015

El primer paso

Muchas veces nos quedan cuestiones sin resolver; a veces, cuestiones que nos atormentan durante mucho tiempo. Y si bien, en muchos casos, sabemos que la solución puede estar al alcance de la mano, no nos atrevemos a dar el primer paso en ese rumbo.

Y, lo peor de todo es que, en muchas ocasiones, esa falta de decisión responde a causas triviales.

La pérdida de la amistad con alguien puede ser considerada, sin duda, casi una catástrofe. Y hay gente que lamenta largo tiempo, desconsoladamente, esa situación.

Y no se da cuenta de que quizás la otra persona está pasando por la misma circunstancia. Y a medida que pasa el tiempo pareciera que la reconciliación es más difícil.

Pero en realidad no hay ningún argumento que apoye seriamente esa afirmación. Quizás bastaría un simple llamado telefónico para reabrir un diálogo truncado.

Y casi con seguridad que luego vendrán las lamentaciones por todo el tiempo perdido.

¿Por qué privarnos de momentos felices?

¿Por una indecisión? ¿Por terquedad?

¿Por temor al rechazo?

¿Por... quién sabe qué argumentos carentes de sentido? . ¡No!.

No vale la pena. Enfrentemos las situaciones que nos hostigan sin importar cuando tuvieron su origen. Resolvámoslas. No dejemos asignaturas pendientes.

Tengo la sospecha de que en la mayoría de los casos la solución depende de algo muy simple.

Y... no creo equivocarme.

©Graciela De Filippis


Las ofensas

El director de orquesta Von Karajan caminaba deprisa por una calle céntrica de una ciudad, y otro hombre hacía lo mismo por una calle que cortaba. Literalmente chocaron en la esquina y ambos se sobresaltaron por el choque.

"¡Imbécil!", le gritó el hombre a Von Karajan. El aludido se limitó a quitarse el sombrero a modo de saludo y respondió: "Von Karajan".

Karajan hizo que la ofensa rebotara hacia el ofensor sin que llegara a afectarle y convirtió una posible pelea en un episodio humorístico. Por tanto, ofensa y daño son dos cosas distintas.

Ofensas no nos van a faltar durante toda la vida, pero depende de nosotros aprender a negarnos a sentirnos ofendidos o a aceptar el daño y convertirlo en ayuda.

La mejor defensa consiste en negarse a sentirse ofendido; la peor, consiste en buscar la ofensa en cada esquina.

Tú decides...

Desconozco su autor


miércoles, 25 de febrero de 2015

La piedra

El distraído, tropezó con ella.

El violento, la usó como proyectil.

El emprendedor, construyó con ella.

El caminante cansado, la usó como asiento.

Para los niños, fue un juguete.

Drummond, hizo poesía con ella.

David mató a Goliat.

Michelángelo extrajo de ella, la más bella escultura.

Y en todos los casos la diferencia no estaba en la piedra, sino en el hombre.

Recuerda...

No existe piedra en tu camino que no puedas aprovechar para tu propio crecimiento.

Desconozco su autor


Cómo se abrió el sendero

Un día, un becerro tuvo que atravesar un bosque virgen para volver a su pastura. Siendo animal irracional, abrió un sendero tortuoso, lleno de curvas, subiendo y bajando colinas.

Al día siguiente, un perro que pasaba por allí usó ese mismo sendero para atravesar el bosque. Después fue el turno de un carnero, líder de un rebaño, que, viendo el espacio ya abierto, hizo a sus compañeros seguir por allí.

Más tarde, los hombres comenzaron a usar ese sendero: entraban y salían, giraban a la derecha, a la izquierda, descendían, se desviaban de obstáculos, quejándose y maldiciendo, con toda razón. Pero no hacían nada para crear una nueva alternativa.

Después de tanto uso, el sendero acabó convertido en un amplio camino donde los pobres animales se cansaban bajo pesadas cargas, obligados a recorrer en tres horas una distancia que podría haber sido vencida en treinta minutos, si no hubieran seguido la vía abierta por el becerro.

Pasaron muchos años y el camino se convirtió en la calle principal de un poblado y, posteriormente, en la avenida principal de una ciudad. Todos se quejaban del tránsito, porque el trayecto era el peor posible.

Mientras tanto, el viejo y sabio bosque se reía, al ver que los hombres tienen la tendencia a seguir como ciegos el camino que ya está abierto, sin preguntarse nunca si aquélla es la mejor elección.

Paulo Coelho


martes, 24 de febrero de 2015

Tu mayor tesoro

Cuentan que una vez un hombre caminaba por la playa en una noche de luna llena. Pensaba de esta forma:

"Si tuviera un auto nuevo, sería feliz"
"Si tuviera una casa grande, sería feliz"
"Si tuviera un excelente trabajo, sería feliz"
"Si tuviera pareja perfecta, sería feliz".

En ese momento, tropezó con una bolsita llena de piedras y empezó a tirarlas una por una al mar cada vez que decía: "Seria feliz si tuviera....".

Así lo hizo hasta que solamente quedaba una piedrita en la bolsa, la cual guardó. Al llegar a su casa se dio cuenta de que aquella piedrita era un diamante muy valioso.

¿Te imaginas cuántos diamantes arrojó al mar sin detenerse y apreciarlos?

Cuántos de nosotros pasamos arrojando nuestros preciosos tesoros por estar esperando lo que creemos perfecto o soñando y deseando lo que no se tiene, sin darle valor a lo que tenemos cerca.

Mira a tu alrededor y si te detienes a observar, te darás cuenta cuán afortunado eres, muy cerca de ti está tu felicidad, y no le has dado la oportunidad de demostrarlo.

"La felicidad no depende de lo que nos falta, sino del buen uso que hacemos de lo que tenemos"

Desconozco su autor