lunes, 28 de marzo de 2016

¿De qué llanta se trata?

Un día soleado, cuatro estudiantes decidieron no asistir a clase. Al día siguiente se excusaron ante su joven profesora diciendo que se les había pinchado una rueda en su coche. Se sintieron aliviados cuando ella les respondió sonriendo: "No se preocupen por los deberes de ayer.

Les voy a hacer preguntas sobre otro tema. Siéntense en sus lugares, tomen una hoja y un bolígrafo". Los estudiantes se sintieron bastante satisfechos por su astucia. "Ésta es la primera pregunta", dijo la profesora: ¿Cuál de las cuatro llantas se pinchó?". Ya podemos imaginarnos el resto…

Esta anécdota ilustra los límites de la mentira. Tarde o temprano ésta se descubre; entonces viene el ridículo y la vergüenza.

A veces estamos muy tentados a decir sólo una parte de la verdad para salvaguardar nuestros intereses, nuestra reputación, o escapar del sufrimiento. Nunca olvidemos que Dios nos ve.

Desconozco a su autor


lunes, 29 de febrero de 2016

Despídete

Lo más triste no es despedirse, sino no saber hacia donde ir....

Y lo más triste no es despedir al que parte sino no saber dónde y para qué te quedas.

Si toda la vida es un camino, y si toda la vida es un búsqueda, acéptalo aunque te duela, toda la vida es una despedida. Y solo aprendiste a vivir cuando aprendiste a despedirte.

Y no habrás aprendido a caminar en libertad, buscando lo no alcanzado, mientras no te hayas despedido de lo andado y lo logrado.

Despedirse es condición de todo lo que se mueve en el tiempo. ¿Cómo estarías viviendo hoy sin haberte despedido del ayer?

¿Como quisieras vivir tu mañana, sin despedirte de tu hoy?

Pero presta atención, que no es lo mismo dejar que despedirse. Todos vamos dejando, pero no todos nos despedimos.

Los animales se dejan, se separan. Las personas podemos hacer algo más... despedirnos.

Lo dejado sin despedida, puede estar ausente o alejado en el espacio, pero sigue adherido al corazón, quitándote la libertad que necesitas para vivir tu presente.

Tu primer alejamiento sucedió cuando naciste; es lo primero que perdiste o dejaste, el seno de tu madre, cuando todavía no estabas capacitado para despedirte.

Por eso dicen por ahí que mientras no te hayas despedido, guardas en lo profundo una secreta nostalgia y un oculto deseo por regresar.

Y el camino de la vida así comenzado, con una perdida y una despedida se hace un largo peregrinar con llegadas y partidas.

Si, eso es crecer. Hermoso desafió el de acercarte a la madurez y la plenitud de ser tu mismo.

Pero crecer es doloroso, como lo fue tu nacimiento. Por eso cuantas personas se detienen y no quieren crecer, porque les cuesta despedirse.

Dejar de ser el niño protegido, para entrar en las aguas turbulentas de la adolescencia conflictiva.

Duele dejar la adolescencia descomprometida, para asumir la juventud con exigencias y responsabilidades. Duele aceptar la madurez adulta, renunciando a la juventud eterna.

Duele envejecer sintiendo que se acerca el momento de lo último, para celebrar festivamente el encuentro final.

La despedida que no cerraste con una buena despedida, es como una herida abierta, que sangra cada vez que la golpeas con una nueva pérdida. Deja un hueco de ausencia, que buscarás llenar sin darte cuenta, y que te hará llorar con desmesura toda nueva despedida.

Los consultorios psicológicos, son salas de auxilio y talleres de reparación, puestos a la vera del camino para que sean socorridos los que no pueden continuar su marcha, por el peso de las despedidas inconclusas.

La libertad y la valentía que no tienes para despedirte de todo lo dejado y lo perdido, son la libertad y la fuerza que te faltan para seguir andando.

Despídete: De tus padres, y cuídate de ti mismo, haciéndote responsable de tu vida.

Despídete: De los hijos que ya no te necesitan, y déjalos ser libres

Despídete: De lo bueno que viviste, sin apegarte al tiempo que pasó, por temor del presente y el futuro.

Despídete: Del mal que cometiste, sin atarte por culpas y reproches perdonándote a ti mismo.

Despídete: De los que muriéndose partieron. Para que dejes de esperar su regreso, y camines tu camino en la esperanza de encontrarte tú con ellos....

Despídete: Deja correr el río de la vida, llevándose las aguas que estás viendo para que tengan lugar ante tus ojos las aguas que no viste todavía, y que ya están viniendo...

Desconozco su autor

jueves, 25 de febrero de 2016

Críticas

Si alguien tiene cien virtudes y un defecto, muchas personas resaltarían el defecto, ignorando todo lo que es positivo. Generalmente, quien hace eso está permanentemente justificando la existencia de sus propias debilidades, que lo incomodan.

Al criticar a los demás, aunque sea en broma, estamos siendo portadores de la tristeza, que el otro acepta rápidamente. Es como hacer que alguien tropiece, lastimándolo. Mientras el dolor continúe, él no olvidará su causa. Criticar a los otros es difamarse a sí mismo.

Al hacer una comparación de cualidades podemos provocar los celos, que traen angustia al yo y perturbación a los otros.

La ira que nace de la propia derrota quema al ser por dentro y no permite la sensatez necesaria para juzgar adecuadamente lo que está sucediendo. Si por ira yo fuerzo una situación -en la forma de terquedad, impaciencia, petulancia u obstinación- mirando hacia atrás para ver quién me está acompañando, no encuentro a nadie.

El aprecio verdadero elimina la crítica, el contentamiento derrota a los celos y la paz del auto respeto le quita fuerza a la ira.

Desconozco a su autor



miércoles, 24 de febrero de 2016

Gente tóxica

Las palabras motivan o hieren profundamente, los seres humanos somos increíblemente frágiles, emocionalmente somos tan delicados que las palabras tienen el gran poder de perfilar nuestras vidas.

Aquellas personas que descargan comentarios negativos que nos hieren, las podríamos llamar "gente tóxica", y puede ser cualquiera: un amigo, un hermano, un jefe, tu mamá o tu papá, e incluso nuestra pareja. Sus comentarios sabotean de alguna manera nuestros esfuerzos por llevar una vida feliz y productiva. Una persona puede ser tóxica para alguien y no serlo para los demás.

A todos nos gusta ganarnos el respeto, la aceptación, el reconocimiento de los demás y escuchar palabras de aliento. Tristemente, no siempre es así, no falta la persona tóxica. Reconocer a una persona tóxica y saber qué hacer si nos topamos con ella, es de gran ayuda ¿Cómo identificarla?.

1 ¿Te pones de mal humor o te sientes menos después de una plática con ella?
2 ¿Te sientes poco atractivo (a) estando con esta persona?
3 ¿Te ignora?
4 ¿Te provoca dolor de cabeza, te tensa y sientes alivio cuando se va?
5 ¿Al hablarle tartamudeas o cambia de expresión tu cara?

Si contestaste "si", te podrás dar cuenta de que estas personas cambian nuestro comportamiento y nuestros sentimientos. Una persona con baja autoestima hará cuanto pueda por sabotear las relaciones o para sentirse importante, la raíz en la mayoría de los casos son los celos y se actúa de manera irracional. A la gente tóxica le molesta cuando otro tiene éxito, cuando es atractivo, popular, simpático, culto, etc.

Vivir por darle gusto a todo el mundo, es imposible, así como sacrificar ciertas cosas sólo para ser "aprobados". Lo que tenemos que hacer es amarnos y aceptarnos y comprender que para alguien siempre seremos una amenaza a su seguridad y sin una razón específica. Dice un dicho: "No sé cuál es la clave del éxito: pero la clave del fracaso es tratar de complacer a todo el mundo".

Hay varios tipos de "tóxicos":

El que a todo mundo recorta
El del Club de la Lágrima Perpetua
El mosca muerta
El chismoso
El que disfruta difundir malas noticias
El machista
El sabelotodo
El metiche
El que se cree simpático
El que mira por el hombro de los demás...

Hay que evitar el contacto con la gente tóxica, pero cuando esto no sea posible, respira hondo y trata de comprenderla: Es probable que no tenga suficiente amor en su vida.

Intentemos convertir el coraje en fortaleza interna y mantener el control mientras recibimos el comentario o la actitud negativa, pensemos que ésta puede ser una reacción al dolor, al vacío, a la soledad.

Por último algo muy importante, debemos analizarnos profunda y honestamente, ver si acaso...

¡No somos nosotros mismos los "personajes tóxicos" ! !

Desconozco su autor


martes, 23 de febrero de 2016

Fuerza y coraje

Es preciso tener fuerza para ser firme, pero es preciso tener coraje para ser gentil.

Es preciso tener fuerza para defenderse, pero es preciso tener coraje para bajar la guardia.

Es preciso tener fuerza para ganar una guerra, pero es preciso tener coraje para rendirse.

Es preciso tener fuerza para estar en lo cierto, pero es preciso coraje para tener duda.

Es preciso fuerza para mantenerse en forma, pero es preciso coraje para mantenerse en pie.

Es preciso tener fuerza para sentir el dolor de un amigo, pero es preciso coraje para sentir los propios dolores.

Es preciso tener fuerza para esconder los propios males, pero es preciso coraje para demostrarlos.

Es preciso tener fuerza para soportar el abuso, pero es preciso coraje para hacerlo parar.

Es preciso tener fuerza para quedarse solo, pero es preciso tener coraje para pedir apoyo.

Es preciso tener fuerza para amar, pero es preciso tener coraje para ser amado.

Es preciso tener fuerza para sobrevivir, pero es preciso coraje para vivir.

"El camino del encuentro"

Fragmento

© Jorge M. Bucay