viernes, 5 de febrero de 2016

7 pequeños hábitos que ayer se robaron tu felicidad

Aprende a valorarte a ti mismo, lo que significa: lucha por tu felicidad y paz mental.

Ayer por la tarde me encontré con una amiga en una cafetería. Trajo su portátil consigo para poder mostrarme algunos de sus últimos diseños de arte digital. Mientras estábamos charlando y viendo sus obras de arte, el portátil de repente empezó a hacer unos ruidos pocos saludables, la pantalla comenzó a parpadear, y luego se apagó por completo. Y, mientras ambos nos estábamos mirando con incredulidad, el aroma de circuitos informáticos fritos llenó nuestras narices.

Rápidamente agarré el portátil para inspeccionarlo y el problema se reveló al instante. La parte inferior de la computadora portátil estaba empapada y un vaso vacío y derramado descansaba al lado de su bolso justo detrás de donde estaba el portátil apoyado. En medio de nuestra charla y mover la pantalla de 15 pulgadas para adelante y atrás, de alguna manera derramamos un vaso de agua que el barista había colocado inadvertidamente detrás de la pantalla, con lo cual quedó fuera de nuestra vista.

Cuando la vida nos lanza pelotas tramposas y con curvas como estas, por lo general no le encontramos ningún sentido, y nuestra reacción emocional natural casi siempre es enojarnos mucho y gritar obscenidades lo más fuerte posible. Pero, ¿Cómo ayuda eso a nuestro dilema? Obviamente, en nada.

Mi amiga levantó sus brazos y, para mi sorpresa, esbozó una media sonrisa y dijo: “Es exactamente por esto que hice un backup de mis archivos esta mañana, y por lo que tengo asegurada mi portátil!”

Yo estaba realmente impresionado por su reacción. Muchas personas que conozco tuvieron reacciones más enfurecidas por inconvenientes mucho más pequeños. Y, sin embargo, esta lamentable situación no le robó su felicidad en lo más mínimo.

Así que tomemos esto como una gran lección para aprender. Es hora de desaprendernos del estrés innecesario que nos está tirando para abajo.

Esta es una nueva hora en nuestras vidas (un nuevo comienzo) y la vida continuará sorprendiéndonos con sus cambios, de una manera u otra. Así que hagamos nosotros también transiciones positivas de cara al futuro. ¿No te parece?

¿No estás cansado de tratar con el mismo tipo de dolores de cabeza una y otra, y otra vez?

En serio, enfócate en purgar algunos hábitos negativos a medida que comienzas de nuevo. Enfócate en aprender de tus errores en lugar de ser conquistado por ellos.

Recuerda que al final, te conviertes en lo que repetidamente haces. Si tus hábitos diarios no te están ayudando, te están dañando. Aquí tienes siete ejemplos comunes de hábitos que se robaron la felicidad de miles de personas durante los últimos años (y apuesto a que puedes relacionarte):

1. Dejar que cada pequeño problema robe lo mejor de ti.


La paz interior comienza en el momento que tomas respiración y decides no permitir que otra persona o evento controle tus emociones.

En otras palabras, gran parte de tu felicidad o miseria en el largo plazo depende de tu actitud, no de tus circunstancias. Si estás estresado por algo externo, ese dolor no es por la cosa en sí, sino por tu interpretación sobre la misma; y eso es algo que tienes el poder de cambiar en cualquier momento.

Sólo respira profundamente, ajusta tu actitud, y la frustración y el estrés desaparecerán.

2. Esperar que el día sea fácil y que todo salga según lo planeado.

Los días fáciles no existen cuando estás haciendo cosas extraordinarias. Las buenas metas requieren trabajo duro. Puede que disfrutes de tus días, pero siempre aparecerán obstáculos inesperados. Esperar lo contrario sólo conduce a dolores de cabeza y angustias innecesarias.

Dentro de muchas décadas, cuando estés descansando en tu lecho de muerte, no estarás recordando los días que fueron fáciles, estarás apreciando los momentos en los que superaste tus dificultades y conquistaste tus metas más importantes. Vas a soñar con la fuerza que descubriste dentro de ti que te permitió lograr lo que antes parecía imposible.

Así que no hagas lo que es fácil, haz lo que eres capaz de hacer, hoy. Y asómbrate de tu propia grandeza.

3. Querer que tus esfuerzos sean absolutamente perfectos.

Cada uno de nosotros es un perfeccionista en algo. Aprende a sentir cuando tu deseo por hacer algo perfecto te impide lograr terminarlo bien. Entiende que la idea de perfección no sólo es inalcanzable, también puede destruir tu mentalidad productiva. Te mantendrá corriendo en el mismo lugar, sintiéndote loco por el resto de tu vida.

Si sientes que estás corriendo en el mismo lugar ahora mismo, haz una pausa y reflexiona. Piensa en la diferencia entre un esfuerzo diligente y el perfeccionismo. Entiende cuándo es suficiente!

Dilo en voz alta si es necesario: “¡Piérdete perfeccionismo! ¡Sin ti soy brillante!”

4. No estar en el presente.

¿No es extraño cómo funciona la vida? Quieres algo y trabajas por ello, y esperas por ello, y trabajas por ello, y esperas por ello, y sientes como si te estuviera tomando una eternidad lograr conseguirlo. Y entonces, sucede y se termina, y todo lo que quieres hacer es volver a ese momento antes de que las cosas cambiaran.

Así que, ¿cómo puedes evitar estos sentimientos de pérdida y confusión?

Estando más en el presente en cada paso del camino.

Persigue tus metas y sueños y, al mismo tiempo, disfruta del viaje para llegar allí. Abraza el paso que estés tomando, incluso cuando sientas que perdiste tu equilibrio. A veces el camino está lleno de baches. Cada paso que des no tiene que ser cómodo ni perfectamente colocado.

Al dejar de lado lo que “debe” pasar o lo que “podría” pasar en cada paso del camino, liberas tu vida para recibir varias pequeñas sorpresas y alegrías. Puede que no lleves la vida exacta que deseas, pero llevarás una existencia milagrosa y significativa, te lo garantizo. La vida a veces es difícil, pero no es una faena. Hazla una aventura. Haz que sea divertida. Toma la decisión de sentirte bien contigo mismo, con tu mundo, con tus posibilidades y con el paso que estás dando en este momento.

Hazlo y sonreirás todo el camino hasta tu meta; y más allá.

5. Desautorizarte a ti mismo con un lenguaje débil.

Las personas con confianza utilizan palabras con intención. Y puedes ser uno de ellos.

Considera la diferencia entre estos dos aspirantes a bloggers (y estudiantes de coaching) con lo que hablé hace poco:

Uno dice: “Sí, soy un blogger. ¿Te gusta la meditación y el yoga también? ¡Excelente! Tenemos que estar en contacto sobre este tema, echa un vistazo a mi nueva guía que acabo de publicar en…”

Y el otro dice: “Bueno, estoy tratando de hacer un blog, pero no estoy seguro de si lo estoy haciendo bien (risa nerviosa). Me hubiera gustado haber empezado antes… bla, bla.”

¿Quién crees que obtiene más visitas, comentarios y republicaciones sociales?

En pocas palabras: Si estás tratando de construir algo o convertirte en alguien, poséelo y habla como si ya lo fueras.

6. Esperar que todos los demás sean tan amables, corteses y atentos como tú.

Quizás una dura verdad…

Vas a terminar muy decepcionado si esperas que las personas siempre hagan por ti lo que tú haces por ellas.

No todo el mundo tiene el mismo corazón que tú.

7. Ser demasiado rígido (o demasiado “maduro”) como para perderte en una exploración juguetona.


A veces nos ponemos demasiado peso en tratar de controlar cada aspecto minúsculo de nuestras vidas. Baja un cambio, relájate y toma el camino por la que la vida te lleve de vez en cuando. Intenta algo nuevo, se un poco atrevido, y explora tu curiosidad. Relajarte un poco te permite disfrutar de lo inesperado.

Las más grandes alegrías de la vida a menudo son las sorpresas inesperadas que nunca tuviste la intención de que ocurrieran. Si quieres hacerte realmente bueno en algo, deja de lado la idea de la perfección y sustitúyela por la noción de exploración juguetona sin fin.

No dejamos de soñar y explorar porque envejezcamos; envejecemos porque dejamos de soñar y explorar.
Marc Chernoff
Publicado originalmente en TrucosParaVivirMejor.com


jueves, 4 de febrero de 2016

La importancia de vivir el presente

¿Por qué te preocupas de tantas cosas? ¿Por qué llevas el peso de un ayer que lamentas, si ya no está en tus manos? ¿Por qué te angustia el temor de un mañana? Dale a cada día su afán. El ayer… pasó. El mañana…. no llegó.

No te aferres al pasado, ni a los recuerdos tristes. No reabras la herida que ya cicatrizó. No revivas los dolores y sufrimientos antiguos. Lo que pasó, pasó… De ahora en adelante, pon tus fuerzas en construir una vida nueva, orientada hacia lo alto y camina de frente, sin mirar hacia atrás. Haz como el sol que nace cada día, sin pensar en la noche que pasó.

Vive bien el hoy que tienes en tus manos. Deja el ayer que te atormenta. Deja el mañana que te inquieta. Piensa únicamente en que dispones de hoy. ¡Aprovéchalo! ¡Agradécelo! Piensa que hoy, es tu día. Con ayer no cuentas, con mañana tampoco. Para luchar…. Para vencer…. Para reparar…. Para amar…. cuentas con hoy.

Aquel que se preocupa por cosas que ya pasaron y acerca de las cuales nada puede hacer, mentalmente se encuentra ligado a un pasado que lo lastima; los recuerdos desgastan la energía que tenemos disponible para vivir el presente. Por otra parte, las angustias ocasionadas por hechos que todavía no acontecieron, que se encuentran en un futuro, ya sea próximo o lejano, son también zonas de la mente que desgastan energéticamente. La persona que piensa en el pasado o en el futuro se inmoviliza en el presente, se queda estática, imposibilitada de actuar adecuadamente, mientras su mente viaja a regiones inútiles de su existencia.

Programar el futuro, planear estrategias para alcanzar una meta racionalmente lógica, y emocionalmente aceptable hacia la cual dirigirse, es muy diferente a construir castillos de naipes para un futuro ilusorio. Si uno no trabaja en su presente para hacer realidad esos deseos, la energía que ha gastado construyéndolos es energía perdida. Del mismo modo, revisar y valorar las experiencias pasadas para extraer de ellas las lecciones que podamos emplear en el presente, es válido y deseable. Pero es muy diferente a estar “rumiando” experiencias dolorosas, ya que éstas alimentan una idea negativa acerca de uno mismo.

No mires al pasado mucho tiempo y al futuro cada momento. Aprende que la vida no es pasado ni futuro, la vida es cada segundo que respiramos, cada momento que reímos, cada momento que desperdiciamos sufriendo por el ayer y nos preocupamos por lo que quizá tenga que suceder.

Si viviéramos cada segundo de hoy como debiera ser, no nos afectarían tanto viejos recuerdos y dolorosos fracasos que en el presente no tienen nada qué hacer. Por eso cuando estés aferrado al ayer o tengas miedo de lo que pueda ser, recuerda que cada segundo es aquel que no ha de volver, como cada gota de agua que cae sólo una vez, como cada flor que crece y en otro momento florece, como el día de hoy que no mira hacia atrás para seguir adelante.


Pasado, presente y futuro, no son períodos en el tiempo, son períodos en la mente. Aquello que no está más frente a la mente, se vuelve pasado. Aquello que está frente a la mente es el presente y aquello que va a estar frente a la mente es el futuro. El pasado es aquello que no está ya más frente a ti. El futuro es aquello que no está aún frente a ti. Y el presente es aquello que está frente a ti y se está escurriendo de tu vista.

No te aferres al pasado… ¡Lo que se fue, se fue! El presente también se va a ir, y pronto será pasado. Tampoco te aferres al futuro porque el mañana se volverá hoy y luego se volverá ayer. Todo se va a volver un ayer. Todo se te va a escapar de las manos. El aferrarse simplemente te traerá sufrimiento. Tendrás que soltarte.

Nuestro sufrimiento, y nuestro dolor pasa por no saber soltarnos. Vivimos preocupados por el futuro y otras veces angustiados por situaciones del pasado que traemos una y otra vez a nuestra mente y las convertimos en presente y así seguimos sufriendo y sufriendo. Tenemos que comprender que nuestro tiempo, el único que vale, es el ahora… este momento…

Observemos a los niños, no saben de pasado, ni de presente, ni de futuro. Es de día cuando ven luz, es de noche cuando hay oscuridad, no conocen los relojes. Viven, se entregan y en esa entrega minuto a minuto se sueltan, disfrutan el momento. No logran comprender a los adultos. A veces hasta nos miran extrañados. Nos ven correr, nos ven llorar, nos ven ansiosos y demás. Y ellos; esos “locos bajitos” nos están enseñando y a su vez recordando que la vida es maravillosa si sabemos ubicarnos en el ahora, en este instante.

Parece complicado. Algunos pensarán: qué simple es decirlo pero qué difícil aplicarlo, pero sólo toma un minuto: este. Soltarse, es saber vivir. Tu tiempo es ahora. ¡Vamos, levántate… porque la luz del sol está afuera!

Extraído del libro “Programa de autoayuda para desarrollar la inteligencia emocional”
Ángela Hernández Cid


miércoles, 3 de febrero de 2016

Receta para ser feliz

Tome una gran cantidad de alegría y déjela hervir a fuego lento, sin parar.

Póngale un tazón colmado de bondad y en seguida agregue una medida completa de consideración hacia los demás.

Mezcle con estos ingredientes una cucharada de paz.

Sazone con la esencia de la caridad.

Mezcle todo perfectamente y en seguida, con todo cuidado, páselo por un colador para eliminar cualquier partícula de egoísmo.

Sírvalo con una salsa de amor.

Desconozco a su autor

miércoles, 27 de enero de 2016

La fortaleza de un hombre

La fortaleza de un hombre no está en el ancho de sus hombros. Está en el tamaño de sus brazos cuando abrazan.
La fortaleza un hombre no está en lo profundo del tono de su voz. Está en la gentileza que usa en sus palabras.
La fortaleza de un hombre no está en la cantidad de amigos que tenga. Está en lo buen amigo que se vuelve de sus hijos.
La fortaleza de un hombre no está en como lo respetan en su trabajo. Está en como es respetado en su casa.
La fortaleza de un hombre no está en lo duro que puede golpear. Está en lo cuidadoso de sus caricias.
La fortaleza de un hombre no está en su cabello o su pecho. Está en su corazón.
La fortaleza de un hombre no está en las mujeres que ha amado. Está en poder ser verdaderamente de una mujer.
La fortaleza de un hombre no está en el peso que pueda levantar. Está en las cargas que puede llevar a cuestas.

Desconozco a su autor

viernes, 22 de enero de 2016

El milagro de la vida

Sólo entendemos el "milagro de la vida" cuando dejamos que suceda lo inesperado.

Todos los días Dios nos da, junto con el sol, un momento en el que es posible cambiar todo lo que nos hizo "infelices".

Todos los días tratamos de fingir que no percibimos ese momento, que ese momento no existe, que hoy es igual que ayer y será igual que mañana.

Pero quién presta atención a su día, descubre el "instante mágico", puede estar escondido en cualquier parte.

Ese momento existe: Un momento en el que toda la fuerza de las estrellas pasa a través de nosotros y nos permite hacer milagros.

La "felicidad" es a veces una bendición, pero por lo general es una "conquista". El instante mágico del día nos ayuda a cambiar, nos hace ir en busca de nuestros sueños.

Vamos a sufrir, vamos a tener momentos difíciles, vamos a afrontar muchas desilusiones . . . pero todo es pasajero, y no deja marcas. Y en el futuro podemos mirar hacia atrás con orgullo y fe.

Pobre del que tiene miedo a correr riesgos. Porque ese quizás no se decepcione nunca, ni tenga desilusiones, no sufra como los que persiguen un sueño.

Pero al mirar hacia atrás – porque siempre miramos hacia atrás- oirá que el corazón le dice: ¿Qué hiciste con los milagros que Dios sembró en tus días? Los enterraste en el fondo de una cueva porque tenías miedo a perderlos, entonces es tu herencia: La certeza de que has desperdiciado tu vida.

Desconozco a su autor