miércoles, 1 de mayo de 2013

La amistad



“La Amistad es un valor universal”

Está claro que difícilmente podemos sobrevivir en la soledad y el aislamiento.

Necesitamos a alguien en quién confiar, a quién llamar cuando las cosas se ponen difíciles, y también con quien compartir una buena película.

Pero… ¿Qué es la amistad?

¿De qué se compone?

¿Cómo tener amistades que duren toda la vida?
¿Caerse bien?

Las amistades suelen comenzar de imprevisto, y muchas veces sin buscarlas.

En el camino de la vida vamos encontrándolas.

Y todo comienza porque alguien ”nos cae bien”
Convicciones, sentimientos, gustos, aficiones, opiniones, ideas políticas, creencias, religión, son algunas de las cosas en común que pueden hacer que nos hagamos amigos de alguien.

Sentirse a gusto con una persona, conversar y compartir sentimientos es el principio de eso que llamamos amistad.

Algo en común.
Para que la amistad sea verdadera, debe existir algo en común y, sobre todo, estabilidad.

El interés común puede ser una misma profesión, una misma carrera, un pasatiempo en común, y la misma vida nos va dando amigos.

Dice el refrán…

”Aficiones y caminos hacen amigos”.
La amistad es un cariño, un apreciarse que promueve un dar, un darse y para ello es necesario encontrarse y conversar.
Después, con el tiempo, la amistad puede desarrollarse en profundidad y en extensión mediante el trato, el conocimiento y el afecto mutuos.
La amistad no puede desarrollarse sin estabilidad.

Tratarse…
Conocer bien al amigo es saber de su historia pasada, de sus quehaceres actuales y de sus planes futuros; y del sentido que da a su vida, de sus convicciones; y de sus gustos y aficiones, y de sus defectos y virtudes.

Es saber de su vida, de su forma de ser, de comprenderse.

Comprenderle…
Comprender al amigo es meterse en su piel y hacerse cargo.

Desinterés…
Para que una amistad sea verdadera, no basta con caerse bien, hay que dar el paso definitivo:

Ayudarse, desinteresadamente, sin esperar nada a cambio.

Al amigo se le quiere porque él es él y porque yo soy yo.

La amistad se orienta hacia el tú y consiste más en un servir que en un sentir.
No es amigo ni el compañero ni el camarada.

Tampoco es amigo el que busca aprovecharse del otro.

La amistad no es comercio de beneficios.
La verdadera amistad es, en gran medida, servicio afectuoso y desinteresado.

Vale la pena…
Ser amigo de verdad no es fácil, pero vale la pena el esfuerzo.

Es un gozo tener amigos de verdad:

Estar con ellos, charlar, ayudarle o ser ayuda y disfrutar y alegrase.

¡Poder contar con ellos!

Aunque cueste, vale la pena el esfuerzo que requiere ser un amigo.



Tenerse confianza…

No solamente se cree lo que dice el amigo, hay que creer en él.

Tener confianza en el amigo significa que tenemos la seguridad moral de que responderá favorablemente a las esperanzas de amistad que depositemos en él.
La confianza mutua hace posible la autenticidad.

Dar. Darse.
La generosidad nos ayuda y facilita el dar y el darse que es esencial en la amistad.

El amigo de verdad es generoso y da.

Da sus cualidades, su tiempo, sus posesiones, sus energías, sus saberes.

Y lo hace para procurar ayudar eficazmente al amigo.
Debemos mirar generosamente, con respeto y con cariño.

El egoísmo se opone radicalmente a la amistad.
Un acto de generosidad especialmente difícil es el perdonar.

Debemos comprender y saber los motivos de una acción que nos ha hecho daño.

Saber perdonar es propio de almas sabias y generosas.

Ser Leales…
No hay riqueza más valiosa que un buen amigo seguro.

Ser leal supone ser persona de palabra, que responda con fidelidad a los compromisos que la amistad lleva consigo.

Leales son los amigos que son nobles y no critican, ni murmuran, que no traicionan una confidencia personal, que son veraces.

Son verdaderos amigos quienes defienden los intereses y el buen nombre de sus amigos.
Ser leal también es hablar claro, ser franco.

Debemos también ser leales en corregir a un amigo que se equivoca.

Ser Agradecidos…
Dice un refrán que… “El agradecimiento es el más efímero de los sentimientos humanos”

y con mucha frecuencia parece tener razón.

La gratitud es propia de los verdaderos amigos.
¿Cuántas veces nos hemos sentido mal con un amigo porque no ha sido agradecido del tiempo que le damos?

Nosotros debemos agradecerle su tiempo, los buenos ratos que nos hace pasar, su ayuda cuando nos sentimos mal. A nosotros nos gustaría que una amistad nos dijera… ”Gracias”

Demos entonces nosotros el primer paso.

Un Enemigo Mortal…
El yo es un enemigo mortal de la amistad.

El orgullo y el egoísmo no caben en la amistad.

El orgulloso no mira más allá de su persona, de sus propias cualidades, de sus intereses.

No es capaz de ayudar a nadie.

Mantener las Amistades.
Las amistades se cultivan, maduran.

Es fácil hacer amigos, pero es mucho más difícil mantenerlos.

La vida pone a prueba la generosidad, la lealtad, el agradecimiento, y no siempre se sale bien de ella.

De aquellos amigos de la universidad, poco a poco la lista se hará menor.

De un grupo de 30 o 40 amigos, acabarán quedando, para toda la vida 3 o 4.

Hacer Nuevos Amigos.
El hecho de que alguien no tenga muchos amigos no es algo que deba permanecer así.

El cultivar aficiones o asistir a alguna clase que nos interese es uno de los mejores medios para hacer amigos.

Una cosa maravillosa de la amistad, es que incluso la gente más tímida puede hacer amistad.

¡Con otros tan tímidos como ellos mismos!

Hacer nuevos amigos es… Abrir horizontes.

Si alguna vez algún amigo nos ha pagado mal, no significa que ocurra así con todo el mundo.

Lo peor que puede hacer cualquiera es cerrarse.

Las Amistades Cambian…
Un punto fundamental al entender la amistad, es que las personas ni somos perfectas y cambiamos poco a poco, es decir, que no siempre encontraremos un… ”Solo mejor amigo”

Habrá quien comparta con nosotros nuestras aficiones, otro quizá nuestros problemas, otro nuestros sueños.

Querer buscar que una sola persona llene todas nuestras necesidades de amistad es algo que podría llegar a ser una utopía.

Además…

¿Quién dijo que no se pueden tener varios amigos?

C o n c l u s i ó n.

“La amistad es tan importante para el desarrollo humano, su estabilidad y el mejoramiento de la sociedad que es un verdadero valor, que debemos cuidar y fomentar.”

Autor anónimo

El significado de compartir


Comparte tus conocimientos, tus sueños, tus pensamientos, tus sentimientos. Si te los guardas, los estancas y enmohecen, si los expresas germinan, suscitan nuevas emociones, despiertan inquietudes, cobran movimiento, crecen, estremecen.

Compartir no es restarte, compartir es multiplicar, compartir es prolongar tu ser, es causar sensaciones, es irradiar, dejar huellas que perduren en la memoria y en los corazones de los demás.

Compartir es engarzar tu propio eslabón en una cadena que propague una corriente de generosidad, esperanza, gratitud, alegría, energía, aprecio, aceptación y perdón.

Compartir ayuda a recomponer los pedazos desintegrados por la soledad, a cicatrizar las heridas de la desdicha, a amortiguar los golpes del destino, a tapar las grietas de la desconfianza, a asentar los cimientos de la amistad.

Compartiendo ganas mucho más de lo que puedas recibir a cambio, porque el afán de tener algo que ofrecer, te lleva a nutrirte tú mismo, a elevarte, a enriquecerte.

Para poder compartir te esfuerzas en mejorar, en aprender, en potenciar la imaginación, en alertar tus sentidos, en cultivar tus valores, en engrandecer tus virtudes, en fortalecer tu espíritu, en emanar vitalidad.

El anhelo de compartir te esculpe con un martillo y cincel guiados por la minuciosidad de la sensibilidad, por la belleza de entregar, por la magia de emocionar.

Brinda tu sonrisa, ofrece una palabra amable, siembra ilusiones, contagia entusiasmo, provoca palpitaciones, reparte consuelo, inspira confianza, derrocha ternura, transmite comprensión, estimula comunicación, motiva complicidad.

Vive creciendo, vive compartiendo.

Adelaida Delgado

martes, 30 de abril de 2013

Comprendiendo el proceso del duelo

Detrás de cada cambio importante hay una pérdida para elaborar, aún detrás de aquellos cambios que implican modificaciones positivas. Cada vez que algo llega, desplaza lo anterior, que deja de ser.

Y este cambio, sea interno o externo, conlleva un proceso de elaboración de lo diferente, una adaptación a lo nuevo, aunque sea para mejor. Mejorar también es perder.

Como su nombre indica, los duelos… duelen. Y no se puede evitar que duelan. El hecho concreto de pensar que voy hacia algo mejor que aquello que dejé es muchas veces un excelente premio de consuelo, que de alguna manera compensa con la alegría de esto que vivo, el dolor que causa lo perdido. Pero aunque compensa, no evita, aunque aplaca, no cancela, aunque anima a seguir…. no anula la pena.

Inicialmente puede que pasemos por una etapa de incredulidad, que nos sintamos confusos, que neguemos la pérdida. Hay que permitirse sentir el dolor plenamente porque el permiso es el primer paso de este camino y ningún camino se termina si antes no se comienza a recorrerlo. Es normal explotar desesperadamente, sentir furia, enojarse buscando a quien culpabilizar, y acabar sintiéndonos nosotros mismos culpables por todo lo que podríamos haber evitado o haber hecho. La impotencia nos causa desolación, nos damos cuenta de que las cosas no van a volver a ser como eran y no sabemos con certeza pronosticar de qué manera van a ser. Son momentos de tristeza, de miedos e incertidumbres. Hasta que decidimos transformar la energía ligada al dolor en una acción, lograr que mi camino me lleve a algo que de alguna manera se vuelva útil para mi vida o la de otros. Y nos resituamos en la vida que sigue, aceptamos la posibilidad de seguir adelante sin lo que perdimos.

Vivir los cambios es animarnos a permitir que las cosas dejen de ser para que den lugar a otras nuevas cosas. Hay que vaciarse para poder llenarse. Elaborar un duelo es aprender a soltar lo anterior, que nos suena más seguro, protegido y previsible, dejarlo para ir a lo diferente. Pasar de lo conocido a lo desconocido. Eso nos obliga a crecer, a madurar.

El dolor implica estar en contacto con lo que sentimos, con la carencia y con el vacío que dejó lo ausente. Nos produce tristeza y aunque ésta pueda generar una crisis, permite luego que uno vuelva a estar completo, que suceda el cambio, que la vida continúe en todo su esplendor. Un duelo se ha completado cuando somos capaces de recordar lo perdido sintiendo poco o ningún dolor. Cuando hemos aprendido a vivir sin eso que no está. Cuando hemos dejado de vivir en el pasado y podemos invertir de nuevo toda nuestra energía en nuestra vida presente.

En el caso de un divorcio, el duelo significa aprender que la pérdida de este vínculo puede dar lugar a que aparezca una persona que sea más afín con mis gustos y principios.

Resumen del libro:
“El camino de las lágrimas” 
Jorge Bucay

lunes, 29 de abril de 2013

Felicidad: liberarse de las dependencias

Cuando algo se desajusta en nuestro entorno, intentamos cambiar ese entorno. No ponemos atención en cambiar nosotros.

Lo que queremos en nuestra vida es armonía con nuestro entorno, no lo hemos de convertir en nuestro carcelero.

Si creamos deseos, o expectativas, damos a otra persona el poder de amo y nos volvemos esclavos (es otro/a quién decide si me lo concede o no, y yo soy feliz o no en función de ello). Ese deseo se convierte en nuestro problema.

Muchas relaciones las estropeamos por crear expectativas.

Cuantos más amos creo en mi vida, menor calidad de vida tengo.

El mundo exterior no está en nuestras manos, hay que estar preparados para el cambio, para aceptarlo. Lo opuesto a la expectativa es la aceptación.

“Haz una buena acción y luego tírala al mar”. No la contabilices, no la etiquetes, no esperes nada por ello. Recordemos: Si creamos deseos, creamos amos. Al expresar deseos manifiestas tus debilidades; si permaneces libre, eres más fuerte.

“Cada uno de nosotros lleva unas gafas de diferente color y miramos el mundo a través de ellas” (Kant). Por ejemplo, la idea de la muerte el Tibet no genera sufrimiento. El patrón de belleza también es muy diferente de una cultura a otra.

Tenemos la idea de lo que es bueno o malo según nuestras gafas. Puede que tengamos que cuestionar las gafas que llevamos puestas.

Podemos observar nuestro lenguaje, qué palabras predominan: YO, MÍO, QUIERO, MÁS…

Junto con la palabra MÍO surge el sentimiento de posesión y de inseguridad (no queremos perderlo, creamos defensas y protecciones). Luego pensamos que podemos tener más, pero eso no resuelve el problema sino que lo aumenta. Nos metemos en la ESPIRAL de la DEPENDENCIA, y no me permite permanecer libre, me vuelvo esclavo.

Cuando no hay MÍO hay libertad, seguridad, paz, eres tu amo.

El uso de la palabra MÍO en cualquier cosa temporal es signo de ignorancia. No podemos llevarnos nada de este mundo, como mucho somos depositarios. Incluso el cuerpo no nos pertenece, no vamos a poder llevárnoslo cuando dejemos este mundo.

Hay una palabra que tiene el poder de liberarnos: INVITADO. Estamos aquí durante un tiempo, somos invitados en nuestro cuerpo, en este planeta.

En nuestro cerebro hay un neurotransmisor, la serotonina, asociado a la felicidad. Cuando hay depresión hay un bajo nivel de serotonina, y eso nos lleva a tener menor control, más enfados, más llanto…

Hay factores que afectan el nivel de serotonina: tabaco, café, chocolate, alcohol, drogas, comida, TV, música, ruido, gente, internet, ordenadores, sexo y pornografía, violencia. Somos una sociedad de adictos. Somos una sociedad con un bajo nivel de serotonina.

Debido a la prosperidad disponemos de muchas más cosas, otras son más fáciles de obtener o de hacer… pero eso nos genera problemas, nos lleva a más esclavitud.

Debemos ser observadores desapegados.

Cuando nos sentimos seguros, experimentamos paz, amor, claridad, bienaventuranza, alegría.

Se puede empezar reflexionando y meditando sobre ello unos minutos diarios, sintiéndonos un invitado en la vida.

Apuntes de la conferencia impartida por Prashant Kakode


Manual para subir montañas

1. Escoge la montaña que deseas subir: no te dejes llevar por los comentarios de los demás, que dicen “ésa es más bonita”, o “aquélla es más fácil”. Vas a gastar mucha energía y entusiasmo en alcanzar tu objetivo, y por lo tanto eres tú el único responsable y debes estar seguro de lo que estás haciendo.

2. Saber cómo llegar frente a ella: muchas veces, vemos la montaña de lejos, hermosa, interesante, llena de desafíos. Pero cuando intentamos acercarnos, ¿qué ocurre? Que está rodeada de carreteras, que entre tú y tu meta se interponen bosques, que lo que parece claro en el mapa es difícil en la vida real. Por ello, intenta todos los caminos, todas las sendas, hasta que por fin un día te encuentres frente a la cima que pretendes alcanzar.

3. Aprende de quien ya caminó por allí: por más que te consideres único, siempre habrá alguien que tuvo el mismo sueño antes que tú, y dejó marcas que te pueden facilitar el recorrido; lugares donde colocar la cuerda, picadas, ramas quebradas para facilitar la marcha. La caminata es tuya, la responsabilidad también, pero no olvides que la experiencia ajena ayuda mucho.

4. Los peligros, vistos de cerca, se pueden controlar: cuando empieces a subir la montaña de tus sueños, presta atención a lo que te rodea. Hay despeñaderos, claro. Hay hendiduras casi imperceptibles. Hay piedras tan pulidas por las tormentas que se vuelven resbaladizas como el hielo. Pero si sabes dónde pones el pie, te darás cuenta de los peligros y sabrás evitarlos.

5. El paisaje cambia, así que aprovéchalo: claro que hay que tener un objetivo en mente: llegar a lo alto. Pero a medida que se va subiendo, se pueden ver más cosas, y no cuesta nada detenerse de vez en cuando y disfrutar un poco del panorama alrededor. A cada metro conquistado, puedes ver un poco más lejos; aprovecha eso para descubrir cosas de las que hasta ahora no te habías dado cuenta.

6. Respeta tu cuerpo: sólo consigue subir una montaña aquél que presta a su cuerpo la atención que merece. Tú tienes todo el tiempo que te da la vida, así que, al caminar, no te exijas más de lo que puedas dar. Si vas demasiado deprisa, te cansarás y abandonarás a la mitad. Si lo haces demasiado despacio, caerá la noche y estarás perdido. Aprovecha el paisaje, disfruta del agua fresca de los manantiales y de los frutos que la naturaleza generosamente te ofrece, pero sigue caminando.

7. Respeta tu alma: no te repitas todo el rato “voy a conseguirlo.” Tu alma ya lo sabe. Lo que ella necesita es usar la larga caminata para poder crecer, extenderse por el horizonte, alcanzar el cielo. De nada sirve una obsesión para la búsqueda de un objetivo, y además termina por echar a perder el placer de la escalada. Pero atención: tampoco te repitas “es más difícil de lo que pensaba”, pues eso te hará perder la fuerza interior.

8. Prepárate para caminar un kilómetro más: el recorrido hasta la cima de la montaña es siempre mayor de lo que pensabas. No te engañes, ha de llegar el momento en que aquello que parecía cercano está aún muy lejos. Pero como estás dispuesto a llegar hasta allí, eso no ha de ser un problema.

9. Alégrate cuando llegues a la cumbre: llora, bate palmas, grita a los cuatro vientos que lo has conseguido, deja que el viento allá en lo alto (porque allá en la cima siempre hace viento) purifique tu mente, refresca tus pies sudados y cansados, abre los ojos, limpia el polvo de tu corazón. Piensa que lo que antes era apenas un sueño, una visión lejana, es ahora parte de tu vida. Lo conseguiste.

10. Haz una promesa: aprovecha que has descubierto una fuerza que ni siquiera conocías, y dite a ti mismo que a partir de ahora, y durante el resto de tus días, la vas a utilizar. Y, si es posible, promete también descubrir otra montaña, y parte en una nueva aventura.

11. Cuenta tu historia: sí, cuenta tu historia. Ofrece tu ejemplo. Di a todos que es posible, y así otras personas sentirán el valor para enfrentarse a sus propias montañas.

Paulo Coelho