sábado, 28 de diciembre de 2013

Miedo

Muchas veces tenemos miedo…
Miedo de lo que podríamos no ser capaces de hacer.
Miedo de lo que podrían pensar si lo intentamos.
Dejamos que nuestros temores se apoderen de nuestras esperanzas.
Decimos que no, cuando queremos decir que sí.
Nos callamos cuando queremos gritar y gritamos con fuerza cuando
deberíamos cerrar la boca.
¿Por qué?
Después de todo sólo vivimos una vez.
No hay tiempo de tener miedo.
Entonces basta.
Haz algo que nunca hiciste. Atrévete.
Olvídate que te están mirando.
Intenta la jugada imposible. Corre el riesgo.
No te preocupes por ser aceptado.
No te conformes con ser uno más.
Nadie te ata. Nadie te obliga. Sé tú mismo.
No tienes nada que perder y todo, todo, todo por ganar.
Muchas veces creemos en el destino.
Rezamos, esperamos que las cosas pasen y nos olvidamos de lo más
importante.
¡Creer en nosotros mismos!.
Nos conformamos en vez de arriesgarnos.
Sin pensar que cada día que pasa nunca volverá.
Nada está hecho.
Todo depende de nuestra voluntad.
De esa fuerza que nos sale de adentro.
De decir "sí puedo" a cada desafío.
Tenemos el poder. Cuando estamos decididos.
Cuando estamos convencidos, cuando de verdad queremos algo.
No hay obstáculo capaz de imponerse.
Si queremos podemos llegar alto, hacer lo que sea.
Sólo hay que proponérselo.
Si sueñas con ser el mejor del mundo…
Si sueñas con los aplausos…
Si sueñas con ganar campeonatos…
Despiértate!!
Dentro de ti hay 206 huesos y más de 700 músculos esperando.
Sólo falta tu decisión. Tus ganas de jugar como nunca.
Enfréntate a tu destino.
No seas sólo un espectador.
Pide la pelota y créete su dueño.
Exígete más y más.
Vive…
Corre cada día un poco más lejos.
Salta cada día un poco más alto.
Súmate a dar vuelta el marcador.
Cuando no esperes nada de los demás.
Cuando sientas que cada tanto depende de ti, se fortalecerá tu
espíritu.
Y poco a poco, las voces se convertirán en ovación.
Tus respiros se llenarán de logros, y tu vida de sentido.
Están los que usan siempre la misma ropa.
Están los que llevan amuletos, los que hacen promesas,
los que imploran mirando al cielo.
Los que creen en supersticiones.
Y están los que siguen corriendo cuando le tiemblan las piernas.
Los que siguen jugando cuando se les acaba el aire.
Los que siguen luchando cuando todo parece perdido.
Como si cada vez fuera la última.
Convencidos que la vida misma es un desafío.
Sufren pero no se quejan.
Porque saben que el dolor pasa. El sudor se seca. El cansancio
termina.
Pero hay algo que nunca desaparecerá, la satisfacción de haberlo
logrado.
En nuestros cuerpos corre la misma sangre.
Lo que nos hace diferentes es nuestro "espíritu".
La determinación de alcanzar la cima.
Una cima a la que no se llega superando a los demás.
Sino superándose a uno mismo.
Tiempo sobra para los mediocres, pero tiempo falta para realizar tus
sueños!.


Fuente: Sendero espiritual 


viernes, 27 de diciembre de 2013

Una declaración de Amor


"«Una declaración de amor»… Se podrían decir muchas cosas sobre
esta expresión. Los hombres y las mujeres suelen declararse su
amor, sin saber que en este modo de obrar se desliza un elemento
interesado y egoísta. Quieren atraer, ganar y capturar a la
persona a la que se dirigen. Le escriben o le hablan del modo más
poético posible, escogiendo los gestos, las palabras, el tono de
voz apropiado, con la esperanza de que la persona, fascinada,
conmovida, y maravillada, se deje convencer.

El amor que se expresa tiene demasiado a menudo por objetivo
ganar y conservar para sí al ser amado; a partir de este momento,
nadie más tiene derecho a acercarse a él. Es pues el egoísmo y la
falta de fe en el poder del amor lo que guía a los humanos. Como
no poseen el verdadero amor que hace maravillas, se apresuran a
manifestarlo con medios concretos: palabras, escritos, gestos,
para aprisionar al ser que aman. Y si aseguran que es la fuerza
de sus sentimientos lo que les impulsa a obrar así, en realidad,
están confesando su propia debilidad. Aquél que está habitado por
el amor verdadero no lo expresa, no es necesario, porque este
amor se siente, resplandece."

Omraam Mikhaël Aïvanhov

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Debido a que los pensamientos son cosas, soy responsable por mi vida


Debido a que los pensamientos son cosas, no somos inútiles o incontrolables. La gente, la suerte y las circunstancias no tienen que determinar lo que pensamos. Los pensamientos entran en nuestras mentes por nuestra elección, no por el mandato de otra persona. Las condiciones tampoco pueden determinar lo que pensamos, porque ellas no determinan nuestras reacciones o la experiencia de nuestra vida.

Ahora comprendemos las implicaciones del versículo bíblico que declara: “Señoree (el hombre) en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra” (Génesis 1:26). El dominio de las circunstancias es posible porque se nos ha dado la habilidad de determinar nuestros pensamientos, actitudes y creencias.

Esta comprensión nos trae cara a cara con algo que hemos querido evitar por una gran parte de nuestras vidas: la responsabilidad. Cuando éramos rehenes e indefensos para determinar el curso de nuestras vidas, creíamos que otra gente y las circunstancias eran responsables de nuestra manera de ser y de las situaciones de nuestras vidas. La verdad es: nosotros éramos los responsables.

A menudo esta comprensión es acompañada de un sentido de culpabilidad. Déjalo ir, porque tienes las llaves de la transformación. Si nuestras vidas están en desorden, es verdad que nosotros somos responsables del desorden, pero podemos ser también responsables de nuestras nuevas vidas. El mismo principio, “los pensamientos son cosas”, que nos puso de rodillas pronto nos levantará a nuevas alturas.

Si estás pasando por un tiempo difícil en tu vida, haz una pausa a lo largo del día y veinte veces declara silenciosamente: Soy responsable de este problema, o mi reacción a él, y puedo ser responsable de su solución.

Si éste es un tiempo de paz en tu vida, haz una pausa a lo largo del día y veinte veces declara silenciosamente: Debido a que soy responsable por mi vida y estoy dispuesto(a) a aceptar esta responsabilidad, esta paz nunca tiene que dejarme.

Fuente: Sendero Espiritual 

lunes, 16 de diciembre de 2013

Adicciones


Puedes liberarte de tus adicciones. Te ha sido dado todo lo que necesitas para aliviar cualquier adicción que tengas. Puedes hacerlo en cualquier momento que lo desees al enfocarte en el aquí y ahora. Es una clave muy simple, excepto que tus adicciones te dirán que no puedes hacerlo de esa manera. Por lo tanto, tienes que dejar de escuchar a eso que dice que no puede hacerse y comenzar a hacerlo.

No se trata de hacerlo todo de una vez, sino hacer lo que viene a tu existencia aquí y ahora, para que lo manejes aquí y ahora.

Si estás hablando con la gente mientras reflexionas acerca de lo que sucedió la semana pasada, te estás dividiendo. Cuando haces esto o algo similar, estás yendo a los recuerdos y los recuerdos no son lo que desea el corazón. El corazón no quiere recuerdos, quiere el aquí y ahora.

- John-Roger

viernes, 13 de diciembre de 2013

Acéptalo

Cuando aceptas, te relajas, sueltas y te llenas de paciencia.

Ese es un estado o lugar agradable (y efectivo) tanto para participar como para de allí, partir. Quedarte y luchar (aún por las cosas entretenidas: ¿cuántas veces te esforzaste por pasar un buen rato?) o escaparte con disgusto o temor no son las formas más plenas de vivir o de dar. Sin embargo, ese es el resultado inevitable de no aceptar.

Date unos pocos momentos y considera una situación con la que no estés feliz – no pienses en la carga mayor de tu vida, simplemente un evento en el que te sentiste fastidiado. Ahora, acéptalo todo de esa situación. Déjalo ser tal cual es. Porque después de todo: así es, ¿verdad?

- John-Roger