domingo, 9 de marzo de 2014

Demasiado fango

Ya hay demasiado fango en el sendero, no le amontones más. Es ingrata tarea el hacer resbalar a los demás.

Ya hay demasiado barro por la vida para que tú eches más. Sé tú de los que aparten ese barro para no salpicar a los demás.

Ya hay demasiadas sombras por el mundo, ya no le pongas más. Haz tu vida tan clara y luminosa que evites tropezar a los demás.

Hay tanta podredumbre dondequiera que no es justo que tú la aumentes más; echa a andar tu pureza sin temores, y entonces vivirás …

Francisco Estrello

Reflexión Sobre el Adiós

Ningún adiós es fácil, no es sencillo recibirlo y nunca hay suficiente tiempo para reunir las palabras precisas para comunicarlo a quien nos acompaño por un tiempo. Por más lleno de piedad o ternura siempre está el dolor presente como fiel guardián garantizando que alguno de los dos sufra de manera extrema y sea llevado hasta el precipicio de la locura donde lo único que se ve es desesperanza, desolación, noches de llanto y llenas de dolor.

Por más suaves que sean las palabras del adiós, aunque a cada tilde se adornada por una flor, un vocablo por un regalo o abrazo por un chocolate, el daño es garantizado. No hay explicación, sólo es como una sentencia leída por un juez "y desde hoy sufrirás y no te acompañaré más". El sentido de pertenencia desarrollado hacia el otro, el te quiero y el te amo como contratos, las ganas de no ser abandonados, la felicidad puesta en el otro se va y nosotros no tenemos argumentos con que retenerla. Podemos estar disponibles sexualmente, afectivamente, llamar en los momentos de dificultad, volver a los detalles que al inicio hicieron a esa persona fijarse en nosotros, alejarnos, intentar fórmulas dichas por los amigos, por los libros de sicología barata, consultar libros sagrados, y ni así lograremos evitar que ese adiós se ejecute un paso tras otro hasta hacernos comprender que hemos quedado solos, amando solos.

Nos acompañarán durante mucho tiempo las canciones, los amigos olvidados, uno que otro poema, los malos y buenos consejos, las recaídas, el llanto tratando de sacar afuera el dolor, la necesidad de su voz inicialmente que pronuncie el contrato de regreso y luego solo su voz, uno que otro amor furtivo hasta que por fin esa soledad se consolide, hasta que la pertenencia se pierda.

Esta tarea de estar recibiendo y dando adioses no es fácil, hasta que por fin pasa uno de los dos acontecimientos, se nos adormece el corazón o nos volvemos complejos y se nos pierde el sentido del amor de cómo se siente de cómo darlo o como recibirlo. Y sin quererlo también nos volvemos expertos en darlos, y en cuidar a los que los han recibido ya sabemos que pasarán por la locura, las ganas de muerte, la desesperación, las entregas al otro fallidas, y por último la sensatez y la aceptación; hay quienes lo viven mas rápido o lo disimulan más pronto, la verdad aun no lo se, pero este por lo general es el proceso.

Y en la manera de dar adioses es variada, una es contundente, simplemente adiós y se dan si mucho algunas explicaciones; otra es cobarde, simplemente se deja que se enfríe la relación y algunas son dolorosas, cuando por desdicha nos vemos comparados con otros y vemos que fuimos engañados por un tiempo y que los labios de la persona amada fueron compartidos con otro que malditamente se los ha venido a quedar. Hay quienes se toman el tiempo en ayudarle al otro a decir adiós, pero por mas caritativa y loable que sea esta obra digna de santos (pues escuchar a alguien al borde de la locura, que no logra entender por que si todo estaba bien el adiós es inevitable) siempre termina tomando posturas radicales para que el proceso termine.

El adiós seguirá yendo y viniendo a nuestras vidas de diferentes formas, algunas veces lo pronunciaremos otras lo dirán como la sentencia de muerte, otras veces será forzado por el destino, y sólo nos queda, hacernos tarde o temprano amigos de él, como de otros tantos vicios que tiene este ejercicio de seguir vivo.

martes, 4 de marzo de 2014

Generosidad y egoísmo

Dice una antigua leyenda china, que un discípulo preguntó al Maestro:
"¿Cuál es la diferencia entre el cielo y el infierno?".
El Maestro le respondió:
"Es muy pequeña, sin embargo tiene grandes consecuencias. Ven, te mostraré una imagen de cómo es el infierno".
Entraron en una habitación donde un grupo de personas estaba sentado alrededor de un gran recipiente con arroz, todos estaban hambrientos y desesperados, cada uno tenía una cuchara tomada fijamente desde su extremo, que llegaba hasta la olla. Pero cada cuchara tenía un mango tan largo que no podían llevársela a la boca. La desesperación y el sufrimiento eran terribles.
Ven, dijo el Maestro después de un rato, ahora te mostraré una imagen de cómo es el cielo. Entraron en otra habitación, también con una olla de arroz, otro grupo de gente, las mismas cucharas largas... pero, allí, todos estaban felices y alimentados. "¿Por qué están tan felices aquí, mientras son desgraciados en la otra habitación, si todo es lo mismo?
Como las cucharas tienen el mango muy largo, no pueden llevar la comida a su propia boca. En una de las habitaciones están todos desesperados en su egoísmo, y en la otra han aprendido a ayudarse unos a otros.

domingo, 23 de febrero de 2014

Calidad Humana

En esta época todos hablan de calidad de productos, de calidad de procesos, calidad de servicios, calidad de sistemas... Muy poca gente habla de calidad humana, calidad de vida... y sin ella, todo lo demás es apariencia, sin fundamento.

Hablar de calidad humana es cuidar nuestros vínculos con los demás. Necesitamos rehacer nuestros vínculos humanos.

De nada sirve trabajar de sol a sol en un lugar donde no tenemos amigos y llegar cansados a un hogar en el que nadie se interesa en saber cómo nos fue. ¿Para qué trabajar tanto si nos sentimos solos?.

Es triste leer un libro y no tener a alguien con quien comentarlo, es doloroso sentirse preocupado y no contar con una persona a quien abrirle el corazón.

De nada vale estar al frente de una cancha de tenis, de fútbol o frente a un juego de salón si no tenemos con quien jugar, con quien disfrutar ese momento.

¿Para qué tener lo que no se puede compartir?. Ni las cosas ni el dinero poseen valor intrínseco. El valor de lo material esta en su aplicación, en el servicio a alguien más o la convivencia con alguien más.

La belleza de tener está en compartir. La magia de luchar por una prosperidad económica, estriba, ni más ni menos, en poder ver sonreír a alguien a quien le damos el privilegio de disfrutar lo que ganamos.
Eso es parte de la naturaleza humana: dar, convivir, amar, servir...
ayudar. ¡HAZLO!.

En muchas ocasiones estamos asustados, asustados de lo que tal vez no podemos hacer; asustados de lo que pensaría la gente si tratamos.

Permitimos que nuestros miedos se interpongan en nuestros sueños.
Decimos no, cuando queremos decir si.
Murmuramos cuando queremos gritar, después... después gritamos y a quien no teníamos que hacerlo: ¿por qué?.

Después de todo cruzamos por esta vida una sola vez, no hay tiempo para tener miedo. Así que intenta... intenta aquello que no has hecho, arriésgate, participa en el maratón, escribe aquella carta, enfréntate como ganador a las cosas cotidianas.
Habla en contra de lo que no te gusta, visita pueblos que no conozcas, llámale y dile cuánto le amas, pero sin fingir.
El no regresa.
No tienes nada que perder y todo... ¡Todo que ganar!.

Que esto sea una realidad en tu vida...

jueves, 20 de febrero de 2014

Cree en ti

"El verbo mágico que hoy y en el futuro debe guiar tu vida es : ¡Creer!
Creer primero que nada en ti, pues nadie mejor que tú conoce todos tus sacrificios, tu entrega y tus propias verdades incambiables..

Debes Creer en ti, porque tu pasado no ha sido años de tiempo perdido, de sacrificios inútiles, sin frutos ni provecho alguno. Esa verdad palpable, tangible, que llevas en tu corazón, no será nunca alterada ni arrancada de ti.

Llevas para siempre impresa en tu alma, la profunda y reconfortante certeza de haber obrado bien y con tus mejores intenciones. Conservas en lo más hondo de tu ser, el rico tesoro que te hará sentir el sentimiento que te va a decir: ¡Misión Cumplida!

Tienes que pensar con grandeza, y decirte:
- Creo en mí, pues de mí ha nacido verdad y vida.
- Confío en mí, porque yo he sido y soy fortaleza.
- No existe amargura ni dolor que consiga atar mi alma libre.

Debes tratar de ignorar el dolor, pues no te dejará ver y sentir las grandezas de tu alma.
Tu vida comienza un nuevo camino cada día, pero no es un sendero de amargura, dolor, y soledad, sino que es un bello camino de esperanza e ilusión, en donde todo está por que lo descubras, y en donde no hay tiempo para que te canses o te abandones.

Ahora, debes levantar tu cabeza y mirar el fulgurante sol que cada mañana madruga para ti.
Y entonces llegará la más maravillosa paz que jamás hayas sentido. Descubrirás nuevas alegrías e ilusiones, y a partir de ese momento sentirás cómo tu corazón y alma se elevan en un aura de gloria, pues tu gozo será tan grande que te hará sentir un nuevo ser. Será como volver a nacer.
Tú sabes que has hecho del amor un reino de entrega y verdad para ti y los demás, pero ahora debes creer en ti, y forjar una fortaleza de paz para tu corazón.

No prives al cielo de tu mirar, levanta tu rostro y permite a los pájaros y los ángeles contemplar la belleza que abunda y reina en ti.
Arráncate el dolor, toma de nuevo tu alegría y siembra de ilusiones una nueva tierra, y verás como la vida agradecerá tu esfuerzo. Nada, hay perdido, todo en ti es victoria, pues cabe mayor triunfo en tu vida.

Todo radica en conjugar siempre este verbo: ¡Creer! y saber que tú eres el vencedor y dueño de tu vida. En tener la convicción de que tú has amado sin medida, (aunque las cosas no hayan salido como lo esperabas). Porque son muy pocos los que aprenden a amar y sienten el amor de verdad.

Ahora debes dejar nacer en ti un nuevo ser, con una nueva luz, y en donde tu "yo" más íntimo es lo más valioso y primordial.