lunes, 27 de mayo de 2013

La comunicación

Una buena comunicación puede hacer la diferencia entre una vida feliz
o una vida llena de problemas.
La comunicación es indispensable para procurar y mantener
las buenas relaciones en todos los ámbitos de nuestra vida,
particularmente en la familia, el trabajo y con las personas
más cercanas a nosotros. Aún así enfrentamos desacuerdos
y discusiones sin sentido, provocando -en ocasiones-
una ruptura en las relaciones con los demás.
Entender y hacerse comprender, es un arte que facilita la convivencia
y la armonía en todo lugar.
Con facilidad podemos perder de vista que la comunicación
entra en el campo de los valores. Precisamente cuando hay problemas
de comunicación en el trabajo, con la pareja, con los hijos
o con los amigos se comienza a apreciar que una buena comunicación
puede hacer la diferencia entre una vida feliz
o una vida llena de problemas.

El valor de la comunicación nos ayuda a intercambiar de forma efectiva
pensamientos, ideas y sentimientos con las personas que nos rodean,
en un ambiente de cordialidad y buscando el enriquecimiento personal
de ambas partes.

No todas las personas con una magnífica y agradable conversación
poseen la capacidad de comunicarse eficazmente, en muchos de los casos
transmiten anécdotas y conocimientos producto de la experiencia,
la información y las vivencias que han tenido, pero con el defecto
de no dar la oportunidad a que otros se expresen
y compartan sus puntos de vista. En si, esto no es malo,
pero se debe tener cuidado de no caer en excesos.

Queda claro que comunicar no significa decir, expresar o emitir
mensajes (para eso están los medios de información),
por el contrario, al entablar un diálogo con los demás,
tenemos la oportunidad de conocer su carácter y manera de pensar,
sus preferencias y necesidades, aprendemos de su experiencia,
compartimos gustos y aficiones… en otras palabras: conocemos
a las personas y desarrollamos nuestra capacidad de comprensión.
Sólo así estaremos en condiciones de servir al enriquecimiento
personal de quienes nos rodean.

La buena comunicación tiene algunas características
que todos conocemos: escuchar con atención, no acaparar la palabra,
evitar interrumpir, utilizar un lenguaje propio y moderado,
lo cual demuestra educación y trato delicado hacia las personas.
Pero este valor tiene elementos fundamentales e indispensables
para lograr una verdadera comunicación:

- Interés por la persona. Cuántas veces nuestra atención total
está reservada para unas cuantas personas, nos mostramos atentos
y ávidos de escuchar cada una de sus palabras. Por otra parte,
los menos afortunados se ven discriminados porque consideramos
su charla como superficial, de poco interés o de mínima importancia.
Pensemos en los subordinados, los hijos o los alumnos
¿Realmente nos interesamos por sus cosas, sus problemas y conversaciones?

Toda persona que se acerca a nosotros considera que tiene algo
importante que decirnos: para expresar una idea, tener una cortesía
o hacer el momento más agradable; participarnos de sus sentimientos
y preocupaciones; solicitar nuestro consejo y ayuda…

- Saber preguntar. A pesar del esfuerzo por expresar las cosas
con claridad no siempre se toman en el sentido correcto
(y no hablamos de malas intenciones o indisposición).
Recordemos con una sonrisa en los labios, como después
de una breve discusión llegamos al consenso de estar hablando
de los mismo pero en diferentes términos.
Las causas son diversas: falta de conocimiento y convivencia
con las personas, distracción, cansancio…

El punto es no quedarnos con la duda, aclarar aquello
que nos parece incorrecto, equivocado o agresivo para evitar
conflictos incómodos e inútiles que sólo dejan resentimientos.

- Aprender a ceder. Existen personas obstinadas en pensar
que poseen la mejor opinión debido a su experiencia,
estatus o conocimientos; de antemano están dispuestos a convencer,
u obligar si es necesario, a que las personas se identifiquen
con su modo de pensar y de parecer, restando valor a la opinión
y juicio de los demás. No es extraño en ellos la inconformidad,
la crítica y el despotismo, inmersos en conflictos, críticas
y finalmente convertidos en las últimas personas
con quien se desea tratar.

La comunicación efectiva es comprensiva, condescendiente
y conciliadora para obtener los mejores frutos y estrechar
las relaciones interpersonales.

- Sinceridad ante todo. Expresar lo que pensamos, sobre todo
si sabemos que es lo correcto (en temas que afecten a la moral,
las buenas costumbres y los hábitos), no debe detenernos
para mostrar desacuerdo, superando el temor a quedar mal
con un grupo y a la postre vernos relegados.
Tampoco es justificable callar para no herir a alguien (al compañero
que hace mal su trabajo; al hijo que carece de facultades
para el deporte pero tiene habilidad para la pintura; etc.),
si deseamos el bien de los demás, procuraremos decir las cosas
con delicadeza y claridad para que descubran
y entiendan nuestra rectitud de intención.

Siempre será importante dar a los demás un consejo y criterio recto,
de otra forma continuarán cometiendo los mismos errores
o haciendo esfuerzos inútiles para lograr objetivos
fuera de su alcance, si actúan así se debe, tal vez,
a que nadie se ha interesado en su mejora y bienestar.

Además de los elementos esenciales, es preciso cuidar
otros pequeños detalles que nos ayudarán a perfeccionar
y a hacer más eficaz nuestra comunicación:

- Comprende los sentimientos de los demás. Evita hacer burlas,
criticas o comentarios jocosos respecto a lo que expresan,
si es necesario corrige, pero nunca los hagas sentir mal.

- No interpretes equivocadamente los gestos, movimientos
o entonación con que se dicen las cosas, hay personas que hacen
demasiado énfasis al hablar. Primero pregunta y aclara
antes de formarte un juicio equivocado

- Observa el estado de ánimo de las personas cuando se acercan a ti.
Todos nos expresamos diferente cuando estamos exaltados o tristes.
Así sabrás qué decir y cómo actuar evitando malos entendidos.

- En tus conversaciones incluye temas interesantes,
que sirvan para formar criterio o ayudar a mejorar a las personas.
Las pláticas superficiales cansan.

- Aprende a ser cortés. Si no tienes tiempo para atender
a las personas, acuerda otro momento para charlar.
Es de muy mal gusto mostrar prisa por terminar.

No existe medio más eficaz para hacer amistades, elegir a la pareja
y estrechar los lazos familiares, profesionales y de amistad.
Todos deseamos vivir en armonía, por eso, este es el momento
de reflexionar y decidirse a dar un nuevo rumbo hacia una mejor
comunicación con quienes nos rodean.

“El árbol de la vida es la comunicación con los amigos; el fruto, el descanso y la confianza en ellos”.

Francisco De Quevedo


domingo, 26 de mayo de 2013

La sensibilidad

Lo que debemos desarrollar es la sensibilidad, la actividad del cuerpo y del espíritu conjuntamente. Hace falta que desde la infancia se diga “puedo emplear mi cuerpo, hago una obra de él; tengo dones en todos los sentidos, los conozco en mí y puedo apreciarlos en los demás, puedo por tanto hacer cosas bellas con ellos”. Yehudi Menuhin

El valor de la sensibilidad reside en la capacidad que tenemos los seres humanos para percibir y comprender el estado de ánimo, el modo de ser y de actuar de las personas, así como la naturaleza de las circunstancias y los ambientes, para actuar correctamente en beneficio de los demás. Además, debemos distinguir sensibilidad de sensiblería, esta última siempre es sinónimo de superficialidad, cursilería o debilidad.

Sin embargo, en diferentes momentos de nuestra vida cotidiana hemos buscado afecto, comprensión y cuidados, y a veces no encontramos a esa persona que responda a nuestras necesidades e intereses. ¿Qué podríamos hacer si viviéramos aislados? La sensibilidad nos permite descubrir en los demás a ese “otro yo” que piensa, siente y requiere de nuestra ayuda.

Ser sensible implica permanecer en estado de alerta de todo lo que ocurre a nuestro alrededor, va más allá de un estado de animo como reír o llorar, sintiendo pena o alegría por todo.

¿Acaso ser sensible es signo de debilidad? No es blando el padre de familia que se preocupa por la educación y formación que reciben sus hijos; el empresario que vela por el bienestar y seguridad de sus empleados; quien escucha, conforta y alienta a un amigo en los buenos y malos momentos. La sensibilidad es interés, preocupación, colaboración y entrega generosa hacia los demás.

No obstante, las personas prefieren aparentar ser duras o insensibles, para no comprometerse e involucrarse en problemas que suponen ajenos a su responsabilidad y competencia. De esta manera, las aflicciones ajenas resultan incómodas y los padecimientos de los demás molestos, pensando que cada quien tiene ya suficiente con sus propios problemas como para preocuparse de los ajenos. La indiferencia es el peor enemigo de la sensibilidad.

Lo peor de todo es mostrar esa misma indiferencia en familia, algunos padres nunca se enteran de los conocimientos que reciben sus hijos; de los ambientes que frecuentan; las costumbres y hábitos que adquieren con los amigos; de los programas que ven en la televisión; del uso que hacen del dinero; de la información que reciben respecto a la familia, la moda, la religión, la política… todas ellas son realidades que afectan a los adultos por igual.

Actuando de esta manera, se pierde la posibilidad de construir un futuro diferente. Puede parecer extraño, pero en cierta forma nos volvemos insensibles con respecto a nosotros mismos, pues generalmente, no advertimos el rumbo que le estamos dando a nuestra vida: pensamos poco en cambiar nuestros hábitos para bien; casi nunca hacemos propósitos de mejora personal o profesional; trabajamos sin orden y desmedidamente; dedicamos mucho tiempo a la diversión personal.

En este sentido, la vida marcada por lo efímero y el placer inmediato o dejarse llevar por lo más fácil y cómodo, es la muestra más clara de insensibilidad hacia todo lo que afecta nuestra vida. Reaccionar frente ante las críticas, la murmuración y el desprestigio de las personas, es una forma de salir de ese estado de pasividad e indiferencia, para crear una mejor calidad de vida y de convivencia entre los seres humanos.

Debemos emprender la tarea de conocer más las personas que nos rodean: muchas veces nos limitamos a conocer el nombre de las personas, incluso compañeros de trabajo o estudio, criticamos y enjuiciamos sin conocer lo que ocurre a su alrededor: el motivo de sus preocupaciones y el bajo rendimiento que en momentos tiene, si su familia pasa por una difícil etapa económica o alguien tiene graves problemas de salud. Todo sería más fácil si tuviéramos un interés verdadero por las personas y su bienestar.

En otro sentido, vivimos rodeados noticias y comentarios acerca de los problemas sociales, corrupción, inseguridad, pobreza, distribución de la riqueza de manera desigual etc… estas cuestiones progresivamente las naturalizamos, dejamos que formen parte de nuestra vida sin intentar cambiarlas, dejamos que sean otros quienes piensen, tomen decisiones y actúen para solucionarlos. La sensibilidad nos hace ser más previsores y participativos, pues no es correcto contemplar estos problemas creyendo que somos inmunes y que no nos afectarán.

Por el contrario, la sensibilidad nos hace despertar hacia la realidad, descubriendo todo aquello que afecta en mayor o menor grado al desarrollo personal, familiar y social. Con sentido común y un criterio bien formado, podemos hacer frente a todo tipo de inconvenientes, con la seguridad de hacer el bien poniendo todas nuestras capacidades al servicio de los demás.


sábado, 25 de mayo de 2013

Los diez principios de la felicidad

l.- Nadie va a darme la felicidad, sólo yo puedo conseguirla. En este primer pensamiento, el ser humano toma la responsabilidad de su vida e inicia una búsqueda y un esfuerzo por encontrar eso que tanto busca.

2.- Yo soy un ser único en toda la tierra, nadie me comprende mejor que yo, y nadie sabe lo que yo necesito mejor que yo. En este segundo principio se dan las bases para eliminar cualquier ofensa que las personas reciban de parte de otras; cualquier comentario que deprima a una persona podrá ser nulificado bajo este principio, ya que la persona reconoce que nadie puede opinar acerca de ella, puesto que nadie la conoce mejor que ella misma.

3.- Lo que recibo ahora es lo que sembré ayer, y lo que siembre ahora será lo que reciba mañana. Este tercer principio permite al ser humano reconocer que los problemas actuales son resultado de acciones incorrectas del pasado, pero que, por lo mismo, el momento presente es el indicado para ir sembrando un futuro.

4.- Ni el pasado ni el futuro pueden lastimarme, sólo el presente tiene valor en mi vida. Entendiendo este cuarto principio, la persona le dará todo el valor que tiene su momento presente y le restará importancia a los hechos pasados que le causan remordimientos, y a los hechos futuros que le causan angustia.

5.- Sólo yo decido lo que debo hacer en este momento. Es decir, el ser humano entiende que las influencias ajenas son tan sólo eso, influencias, y él es el único que puede decidir qué hacer en ese instante.

6.- Sólo en el amor y en la paz interior puedo tomar las decisiones correctas. Es decir, si hemos de actuar en el tiempo presente, tendremos que hacerlo en paz y con amor, pues de esta manera, las acciones que tomemos estarán inspiradas en nuestra más alta capacidad tanto de servicio como de inteligencia.

7.- En mis decisiones tomaré siempre en cuenta el beneficio de los demás. Es decir, tomaré aquellas decisiones que beneficien a la mayor cantidad de personas; de esta forma, mi vida se estará encaminando hacia la más alta gloria que es la de recibir la compensación por el servicio prestado a los demás.

8.- Mi cara es el reflejo de mi estado interior. Es decir, cuidemos siempre el aspecto de nuestro rostro, adornémoslo siempre con la sonrisa, y que los ojos se encuentren siempre prestos a mandar una mirada de amor, porque de esta forma estaremos reflejando la serena armonía de quien ha aprendido a caminar en el sendero de la felicidad.

9.- Soy un hombre al servicio de la humanidad. Es decir, todo lo que yo haga, todo lo que yo diga, todo lo que yo piense o sienta, servirá para gloria de la humanidad, o bien, para perdición de ella.

10.- Yo tengo una misión en la vida, ser feliz y hacer feliz a los demás. Este último principio da sentido a nuestra existencia, y, a la vez, orienta nuestros esfuerzos hacia el beneficio de toda la humanidad.

¿Qué hay más allá de estas claves, qué podríamos decir además de lo mencionado de cada una de ellas? Más adelante veremos, que detrás de estos principios, se encuentra un camino que permitirá a todos los seres humanos, mantener siempre en su mente, las claves que les permitan alcanzar una vida llena de paz y de armonía espiritual.

Kwan-Yin

martes, 21 de mayo de 2013

El niño que fuimos

A veces nos invade una sensación de tristeza que no logramos controlar. Percibimos que el instante mágico de aquel día, pasó y que nada hicimos. Entonces la vida esconde su magia y su arte.
Tenemos que escuchar al niño que fuimos un día y que todavía existe dentro de nosotros. Ese niño entiende de momentos mágicos. Podemos reprimir su llanto, pero no podemos acallar su voz.

Ese niño que fuimos un día continúa presente. “Bienaventurados los niños, porque de ellos es el Reino de los Cielos”.

Si no nacemos de nuevo, si no volvemos a mirar la vida con la inocencia y el entusiasmo de la infancia, no tiene sentido seguir viviendo.

Existen muchas maneras de suicidarse. Los que tratan de matar el cuerpo ofenden la ley de Dios. Los que tratan de matar el alma también ofenden la ley de Dios, aunque su crimen sea menos visible a los ojos del hombre.

Prestemos atención a lo que nos dice el niño que tenemos guardado en el pecho. No nos avergoncemos por causa de él.
No dejemos que sufra miedo, porque está solo y casi nunca se le escucha.

Permitamos que tome un poco las riendas de nuestra existencia. Ese niño sabe que un día es diferente a otro.

Hagamos que se vuelva a sentir amado. Hagamos que se sienta bien, aunque eso signifique obrar de una manera a la que no estamos acostumbrados, aunque parezca estupidez a los ojos de los demás.

Recuerden que la sabiduría de los hombres es locura ante Dios. Si escuchamos al niño que tenemos en el alma, nuestros ojos volverán a brillar.

Si no perdemos el contacto con ese niño, no perderemos el contacto con la vida…

Paulo Coelho



Las 21 cualidades

Sólo triunfa en el mundo quien se levanta y busca a las circunstancias, creándolas si no las encuentra.


1. CARÁCTER: Sé un pedazo de roca
2. CARISMA: La primera impresión puede ser determinante
3. COMPROMISO: Es lo que separa a los hacedores de los soñadores
4. COMUNICACIÓN: Sin ella, viajas solo
5. CAPACIDAD: Si la desarrollas, ellos vendrán
6. VALENTÍA: Una persona con valentía es mayoría
7. DISCERNIMIENTO: Pon fin a los misterios no resueltos
8. CONCENTRACIÓN: Mientras más aguda sea, más agudo serás tú
9. GENEROSIDAD: Tu vela no pierde nada cuando alumbra a otros
10. INICIATIVA: No deberías salir de casa sin ella
11. ESCUCHAR: Para conectarte con sus corazones, usa tus oídos
12. PASIÓN: Toma la vida y ámala
13. ACTITUD POSITIVA: Si crees que puedes, puedes
14. SOLUCIÓN DE PROBLEMAS: No puedes dejar que tus problemas sean un problema
15. RELACIONES: Si tomas la iniciativa, te imitarán
16. RESPONSABILIDAD: Si no llevas la bola, no puedes dirigir al equipo
17. SEGURIDAD: La competencia nunca compensa la inseguridad
18. AUTODISCIPLINA: La primera persona a la que tienes que dirigir eres tú mismo
19. SERVICIO: Para progresar, pone a los demás primero
20. APRENDER: Para mantenerte dirigiendo, mantente aprendiendo
21. VISIÓN: Puedes conseguir solo lo que puedes ver

John Maxwell