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miércoles, 10 de abril de 2013

Manejo de Enojo: ¿Por qué a veces nos enojamos más de la cuenta?

¿Te ha pasado alguna vez que sucede algo que te enoja mucho, y una vez que se te pasa el enojo te sientes mal por haber reaccionado así?

Todos nos enojamos. El enojo es normal y es una respuesta instintiva ante algo que nos resulta amenazante. Entender esto es muy importante, ya que muchas veces nos sentimos mal con nosotros mismos después de un enojo y nos decimos cosas como “no debí enojarme”, ¡como si eso fuera posible!

La verdad es que nunca decidimos enojarnos. El enojo nos sucede automáticamente. Cuando nos damos cuenta es porque ya está el enojo en nosotros.

El problema del enojo no es el enojo en sí, sino cuando el enojo es demasiado grande y no nos permite tomar decisiones adecuadas y actuar con sensatez. Cuando nos enojamos demasiado tomamos una postura de batalla contra aquello que nos está agrediendo, y nuestra percepción de la situación se vuelve totalmente orientada hacia nuestra necesidad y el deseo de ganar esa batalla, lo cual generalmente no es muy recomendable ni para las relaciones con otros, ni para nuestra salud.

No podemos decidir no enojarnos, pero si podemos decidir dos cosas muy importantes:

A. Qué hacer con nuestro enojo. Una vez que te das cuenta que hay enojo en ti, te recomendamos manejarlo de la siguiente manera:

  1. Si el enojo no es muy grande, pero la situación puede hacer que siga creciendo (por ejemplo si estás discutiendo con tu pareja y sientes que cada vez te enojas más), es recomendable alejarte físicamente de la situación si es posible, para evitar que el enojo escale. Una vez que te calmes será más fácil afrontar nuevamente la situación.
  2. Una vez que te alejaste, puedes sacar tu enojo de una manera inteligente y saludable. No se trata de reprimir el enojo, se trata de saber manifestarlo. Algunos ejercicios útiles para sacar el enojo son: ejercicio físico, golpear una almohada, escribir sobre lo que te enoja, o hacer respiraciones profundas.
  3. Si no puedes alejarte físicamente, entonces trata de alejarte emocionalmente. Comienza a hacer respiraciones profundas lentamente, y pon tu atención en tu respiración. Piensa en que en ese momento no vale la pena seguir peleando contra aquello que te está enojando, ya que enojarse de más nunca trae buenos resultados. Es más inteligente aprender a manejar tu enojo que ganar una pelea (¡ya sea con otra persona o contra el tráfico!)
B. Aprender a ser menos vulnerables ante aquellas situaciones que nos enojan.

Solemos decir cosas como “me hiciste enojar”, cuando en realidad nadie puede hacernos enojar. Nosotros nos enojamos cuando suceden cosas que nos disparan el enojo, y suelen ser temas a los que somos sensibles. Cada persona es sensible a temas diferentes. Es por esto que un comentario como “que tonto eres”, a alguien le puede provocar risa, mientras que a otro le dispara un tremendo enojo.

Todos tenemos “botones” a los que somos sensibles, y si alguien toca ese botón, surge en nosotros el enojo. No tiene que ver con la otra persona, tiene que ver con que es un tema delicado para ti. Es un tema en el que tu autoestima no es muy sólida, y por eso te sientes amenazado.

Cuando algo te “haga enojar”, pregúntate “¿qué es lo que realmente me enoja de esto?”. Vas a descubrir la causa real detrás de tu enojo.

Pregúntate “¿a qué estoy siendo sensible?”, y vas a descubrir en qué parte de tu autoestima debes trabajar.


Fuente: Mi Superación Personal

domingo, 31 de marzo de 2013

Enojo: Cuándo nos daña y cuándo es positivo

El enojo es una emoción y como tal tiene un sentido y función: es una reacción fisiológica y psicológica al dolor, el sufrimiento, la amenaza o el peligro. Sucede cuando algo no satisface nuestras necesidades, creencias o deseos, o cuando vemos frustrado nuestro objetivo, y mediante la bronca obtenemos la fuerza necesaria para luchar por la meta. Y esa fuerza es emocional, pero también física. Cuando nos enojamos el organismo se prepara para un cambio: aumenta la presión arterial, se aceleran los latidos cardíacos, se produce una gran cantidad de adrenalina, se dilatan las pupilas y se movilizan otras funciones corporales.

Volviendo a sus causas, el profesor Harburg de la Universidad de Michingan, Estados Unidos, dice : “En una persona que se siente atacada injustamente se dispara un sentimiento automático de ira. Si la suprime, la ira se internaliza y comienza un proceso rumiante de repetición mental de las imágenes de la pelea, que finalmente se convierte en resentimiento. Si esta conducta persiste, desequilibra todo el funcionamiento corporal” , y si la expresa mal, puede tener problemas de relación. Como en todas las cosas de la vida es necesario tener un equilibrio, pero sobre todo aprender a dirigir el enojo porque si uno lo guarda, reprime las alteraciones fisiológicas que causa esa emoción, y probablemente se enferme o se resienta.

¿QUÉ SIGNIFICA DIRIGIR BIEN LA IRA?


  • En primer lugar que se dirija asertivamente hacia aquel que la provocó, si se descarga con otra persona, no solo resentirá una relación, sino que no será operativa, es decir no podrá corregir lo que motivó ese estado.
  • Así como no sirve contener el enojo, tampoco es útil convertirlo en una persecución vengativa, no sólo porque empeoraría nuestras relaciones, sino que se pierde el objetivo. Quien persigue a su oponente, desplaza su foco de atención hacia él y pierde de vista el objetivo primordial, con lo cual la frustración continúa.
¿POR QUÉ ME ENOJO?

Para poder descubrir las causas hace bien preguntarse cada tanto qué cosas lo enojan a uno y hacer una lista para ordenar el pensamiento. Es probable que uno encuentre respuestas que lo sorprenden. Este es un ejercicio útil para conocerse y quizás comenzar a utilizar la bronca en nuestro beneficio.

Si ella es una alarma que nos avisa cuando algo nos frustra, o cuando no obtenemos el resultado esperado, podremos reflexionar sobre nuestras posibilidades de corregir los resultados, o quizás resignarnos a ellos.

LAS REACCIONES DE CADA UNO
Cada persona manifiesta su enojo como puede. Están quienes enfrentan el enojo, quienes le huyen por temor o falta de recursos; están quienes callan, quienes gritan, quienes pegan, quienes se escudan tras la excusa de un cambio hormonal, quienes se calman con tomar un poco de aire o hacer actividad física.

El tema es reconocer la causa y hacerle frente. Los enojos que no se detienen a tiempo pueden convertirse en enojos crónicos o intensos. El enojo crónico ha sido vinculado a enfermedades cardíacas, cáncer, embolias así como depresión.

¿SE TRATA EL ENOJO?
Los expertos afirman que si reconocemos que el enojo está dañando nuestra vida, buscar ayudar y poder recibirla.

La Fundación de Salud Mental afirma que el enojo sólo se trata con especialistas cuando la persona ha cometido un delito agresivo. Según la organización es necesario llevar a cabo más investigación sobre las causas del enojo y mejores tratamientos de intervención temprana en casos problemáticos. No hay, al menos por el momento, “clínicas para el enojo”. Existen sí métodos utilizados en los servicios de salud mental, como las terapias “habladas”, que también pueden ayudar a la gente a manejar su malhumor. Sin embargo, expertos de la salud afirman que rara vez se ofrece ayuda a la gente cuando sólo sufre enojo, ya que éste no es un trastorno mental.

Pero el enojo también podría ser un síntoma de depresión o ansiedad y éstos sí son trastornos que pueden ser tratados con especialistas.

Ante el enojo, no creo que la solución sea sólo contar hasta 100 o tomar aire y largarlo a cuentagotas. Eso nos ayudará a ser un poco más tolerantes pero, sin ánimo de dar consejos, ante la ira, la idea sería:


• Aceptar que hay cosas que nos enojan.
• Identificar y aceptar eso que nos enoja.
• Trabajar con ese enojo que sentimos.
• Atreverse a “decir” que estamos enojados.
• Resolver lo que nos enoja cuando estemos menos enojados.
• No convertir el enojo en violencia.
• Aprender a pedir perdón y a perdonar cuando el enojo fue exagerado o sin sentido.
• No sentir culpa por el derecho que tenemos a estar enojados
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Graciela Moreschi