lunes, 8 de abril de 2013

¿Por Qué Nos Cuesta Trabajo Decir "NO"?

¿Alguna vez te has encontrado en una situación en la que aceptas hacer algo que en realidad no querías?

A todos nos ha pasado. Te invitan a una boda a la que no tienes ganas de asistir, pero dices “si, claro, ahí estaré”. Tu tía te regala un suéter con puntos morados para navidad y al preguntar si te gusta, dices: “¡me fascina!”. Tus compañeros del trabajo organizan una cena y aunque prefieres irte a descansar a tu casa, no sabes cómo negarte y terminas asistiendo.

Hay muchas razones por las cuales nos cuesta trabajo decir “no”. Por supuesto, depende de la situación, y de la persona. Hay situaciones en las que es prácticamente imposible decir “no”, como cuando tu jefe te “pide” que te quedes a una junta muy importante después de tu horario de trabajo. Existen otras en las que suele ser más fácil, como cuando llega a pedirnos dinero en la calle quien obligadamente te limpia el parabrisas del carro.

La dificultad para decir “no” es algo normal y adaptativo en cierta medida. Como en todas las conductas humanas, existen los extremos, y mientras más nos acercamos a uno u otro, comenzamos a tener problemas.

En el caso de saber decir “no”, en un extremo están las personas a las que prácticamente nunca les cuesta trabajo decirlo. Estas personas que de primera instancia pudieran parecer muy seguras de si mismas, suelen tener muy poca capacidad para empatizar con las necesidades de los demás y por lo mismo tienen fuertes problemas interpersonales.

En el otro extremo están aquellos a los que les es prácticamente imposible decir “no”, y viven su vida resolviendo las necesidades de otros anulándose a sí mismos y a sus propias necesidades y deseos.

El decir “no” es difícil cuando implica ir en contra de las expectativas o deseos de otro, es decir, cuando nos piden algo o esperan algo de nosotros, ya sea una reacción determinada, una opinión, una conducta, etc., o cuando otra persona manifiesta su deseo y depende de nosotros satisfacerlo.

Mencionamos anteriormente que esta dificultad para negarnos es, en cierta medida adaptativa, ya que efectivamente hay situaciones en que socialmente nos es más conveniente y funcional decir “si”, aunque en el fondo quisiéramos decir “no”.

El conflicto surge específicamente cuando se encuentran dos necesidades opuestas. Si alguien nos pide hacer algo que sí deseamos hacer, no hay conflicto alguno. Son dos necesidades que van en la misma dirección. Pero si nos piden hacer algo que nosotros no deseamos hacer, es cuando entramos en conflicto. Tenemos que decidir a qué necesidad darle prioridad, si a la mía, o a la del otro.

Algunos de los motivos más comunes que nos dificultan decir “no” son los siguientes:

- Por evitar un conflicto. Si sabemos que negarnos va a generar una situación problemática para nosotros, generalmente tendemos a ceder. Sobre todo si esa problemática nos es significativa, como en el caso del jefe y la junta de trabajo.

- Por no hacer sentir mal al otro. Lo que es mejor conocido como culpa. Muchas veces, sin darnos cuenta, nos imaginamos lo que el otro va a sentir si nos negamos. Por supuesto que nosotros solo lo imaginamos y no sabemos cómo lo va a tomar en realidad la otra persona, pero nos dejamos guiar por aquello que imaginamos que va a sentir, y si eso que imaginamos no resulta agradable, preferimos no hacerlo pasar por eso.

- Por miedo a no ser aceptado. Contrario a imaginarnos lo que va a sentir la otra persona si nos negamos, más bien nos imaginamos lo que va a pensar de nosotros. Esto es un miedo a ser rechazado, el cual en algunas personas es más marcado que en otras.

- Por sentir que no tengo derecho a negarme. Esto generalmente es un problema de autoestima, en donde damos por hecho que las necesidades del otro son más importantes que las nuestras, y en cuanto nos piden algo, inmediatamente hacemos de lado lo nuestro para atenderlos.

El problema de no saber decir “no” es que después tenemos que afrontar las consecuencias. Nos obligamos a vivir situaciones que no deseábamos. Es importante reconocer cuál es tu necesidad o deseo, y decidir si eso es una prioridad para ti en ese momento, o si estás dispuesto a ceder a los deseos del otro. No es lo mismo ceder porque me siento obligado a hacerlo, que ceder porque yo lo decido así. Y de igual modo podemos aprender a decir “no” si esto significa poner atención a nuestras propias necesidades y atenderlas. De hecho, es señal de buena autoestima. A veces sentimos que decir “no” por pensar en nuestras necesidades es egoísmo, y en realidad no lo es, si sabemos cuándo queremos ceder, y cuándo no.

Esto es lo más importante para aprender a decir “no”: saber reconocer cual es tu necesidad, deseo o interés. Una vez que lo identifiques, solamente tú podrás decidir si en ese momento tu necesidad es una prioridad para ti, o no lo es. Nadie puede definir esto por ti.

Tips para aprender a decir “no”:

1. Pregúntate si lo que te están pidiendo es algo que tu realmente quieres hacer. Piénsalo detenidamente, no te dejes llevar por el impulso de decir “si”. Observa si TU realmente deseas hacerlo o no, independientemente de los deseos o las expectativas del otro.

2. Toma tu tiempo antes de responder. No des una respuesta en ese momento, di algo como: “déjame pensarlo y te digo al rato”, o “tengo que verificar si no tengo otros compromisos, pero te confirmo mañana”. Esto te va a ayudar mucho a observar con calma si lo que te están pidiendo es algo que tu quieres hacer o no.

3. Pregúntate si tienes el tiempo para hacerlo. Muchas veces no es que no queramos complacer al otro, simplemente no tenemos el tiempo. Evalúa tus prioridades y si decides que puedes dedicar algo de tu tiempo al otro sin afectar tus proyectos, adelante. De lo contrario, es mejor decir “no”.

4. Puedes buscar un punto medio. Tal vez no quieras hacer exactamente lo que te piden pero si estás dispuesto a buscar un acuerdo en el que ambas partes ceden un poco. Di “no”, pero propón otra alternativa. Puedes decir algo como: “mira, hoy no puedo ayudarte con eso pero si no te es muy urgente, mañana sí tendría una hora para ayudarte”.

5. Si vas a decir “no”, sé honesto y amable. Lo mejor es decirle al otro que no podemos porque tenemos otros pendientes, sin tener que entrar en detalles, y decírselo de la manera más amable y con seguridad, que al decir “no”, no te sientas mal de decirlo. Se trata de que puedas decir “no” con la seguridad de que es tu decisión y de que tienes todo el derecho de negarte. Recuerda que es señal de buena autoestima. Es mejor decir no con una sonrisa que con cara de culpa, ¿no crees?

Recuerda: Lo más importante es que tu sepas qué es lo mejor para ti, qué si va con tus planes y tus proyectos y qué no. Así es cómo vas a poder ser tú quien decida cuando decir “sí”, y cuando decir tranquilamente “no”.

Fuente: Mi Superación Personal 


domingo, 7 de abril de 2013

Culpa vs. Responsabilidad


¿Quién no se ha sentido culpable en su vida? Seguramente te ha pasado, que lastimas a otra persona sin querer y luego sientes una gran culpa. Todos cometemos errores, algunos insignificantes y otros muy importantes. El hecho es que cuando uno de estos errores afecta de alguna manera a otra persona, nos sentimos mal.

La culpa es un indicador de que estamos rompiendo una de las “reglas” sociales. Ya sean reglas establecidas formalmente, como respetar las señales de alto en la calle, o reglas implícitas o autoimpuestas como evitar herir los sentimientos de otros. La culpa se define como el estado emocional que surge de pensar que hemos actuado de manera indebida (ya sea que hicimos algo que no debimos haber hecho, o que no hicimos algo que debíamos hacer). La culpa es una actitud formada por emociones y pensamientos, que nos llevan a una sensación de auto devaluación. Es decir, la persona que siente culpa, se califica negativamente como persona, se siente mal consigo misma y se siente devaluada de alguna manera.

Generalmente, la culpa surge de manera automática, y nos puede servir como indicador de que algo en nuestra conducta no está en armonía con lo que nosotros consideramos adecuado. Sin embargo, quedarse con el sentimiento de culpa una vez que nos hemos dado cuenta de la situación no sirve de nada. Ni nos sirve a nosotros ni a la persona a quien hemos lastimado.

De lo que se trata realmente es de asumir nuestros actos, y hacernos responsables de enmendar las situaciones, hasta donde sea posible. Hay una gran diferencia entre sentirme culpable y sentirme responsable. La culpa me hace sentirme mal conmigo y me devalúa. Hacerme responsable me hace sentir mal hacia la conducta, pero me sigo sintiendo bien conmigo, aceptando que cometí un error, pero que eso no me devalúa como individuo. Pongamos un ejemplo:

Imagínate que estás a la mesa comiendo con un amigo. De repente en la emoción de la plática, haces un brusco ademán con tu brazo y tiras el vaso de agua que estaba frente a ti, bañando por completo a dicho amigo.

Los pasos a seguir para reaccionar con responsabilidad en vez de con culpa son:

1. Lo primero que haces es reconocer ante ti mismo que cometiste un error. Muchas personas se atoran en este paso, y no pueden aceptar ni ante ellos mismos que se equivocaron. Niegan su responsabilidad y la quieren poner en algo o alguien más. Pueden llegar a pensar incluso cosas como “que vaso tan inestable, por su culpa ahora mi amigo está todo mojado”. Debes aceptar ante ti que sí fuiste tú quien cometió el error.

2. Debes reconocer ante ti mismo también, que fue un error. Que no fue intencional, que eres humano y sí, a veces te equivocas, y que eso está bien y es inevitable. Este paso es fundamental, para que tú primero que nadie, te perdones a ti mismo.

3. Entonces debes disculparte. Hacerle saber a tu amigo, que honestamente lamentas lo sucedido, que no fue tu intención, y que asumes el hecho. Esta es la parte de asumir tu conducta, tu error, frente a los involucrados.

4. Después de esto, lo más adecuado es hacerte responsable del hecho en vez de sentirte culpable por él. Es decir, estar dispuesto a hacer todo lo que esté en tus manos para resolver, componer o pagar lo necesario para que la situación se arregle en la medida de lo posible. En el caso de tu amigo, quizá debas preguntarle cómo lo ayudas, alcanzarle unas servilletas, acompañarlo al baño para ayudarlo a secar su ropa, o llevarlo a su casa para que se cambie de ropa, o bien ofrecerle pagarle la tintorería, y si quieres exagerar, ofrecerte a comprarle nueva ropa (muy loco pero podría suceder, depende del caso). Dar opciones para arreglar aquello que tú “descompusiste” sería actuar responsablemente. Y aquí viene lo más importante: ESTO ES TODO LO QUE PUEDES HACER, NO PUEDES HACER MÁS.

5. Finalmente te será muy útil observar y entender lo sucedido para procurar que no ocurra otra vez. Aprender todo lo que sea posible de la situación, y seguir adelante.

Si te fijas, todos estos pasos tienen que ver contigo, no con el otro. No estamos ni siquiera considerando si el otro se enojó o no, si aceptó tus disculpas o no, si se ofendió o le dio risa. No lo mencionamos porque nada de eso depende de ti. Tú únicamente puedes hacer aquello que está en tus manos, que es reconocer, disculparte y resolver hasta donde te es posible. No puedes directamente cambiar las reacciones del otro. Si el otro se enoja y a pesar de tus disculpas te insulta y a pesar de que ofreces todas las soluciones posibles, el otro decide seguir enojado y no aceptar que no fue tu intención, ese ya es problema del otro, eso sí no es tu culpa.

Tal vez digas: “pero sí fui yo quien lo mojó, es mi culpa que esté enojado”. En parte si, pero volvemos a que una vez que tu ya hiciste lo que está en tus manos,ya no puedes hacer más. Ya no depende de ti. Tú ya hiciste lo correcto. Ya aceptaste tu error y ofreciste corregir el problema. Ya puedes estar en paz y tranquilo contigo. Si tú ya te perdonaste, puedes sentirte bien contigo, aún sabiendo que cometiste un error. Si el otro está enojado y tú quieres ayudarle con su emoción, puedes pedirle disculpas otra vez, puedes soportar su enojo sin enojarte de regreso con él, pero en realidad tú no puedes asumir responsabilidad por las reacciones de otra persona. Quizá puedas intentar ayudarle a que se sienta bien, pero no eres responsable de su mente y todo lo que trae en ella.

Esta es la gran diferencia entre sentirte culpable y sentirte responsable. Con la culpa sientes que tú estás mal, te sientes mal contigo (y eres susceptible al chantaje y manipulación de otras personas que necesiten manipularte). Al hacerte responsable te sientes mal con el hecho, con el error, pero te sientes muy bien contigo.

Hay una gran diferencia entre sentirse culpable y hacerse responsable. No se trata de decir “bueno, ya no me voy a sentir culpable de lo que hice y ahora hago como que no pasó nada”, ya que esto sería una actitud inmadura e irresponsable. Se trata de reconocer mi error y hacerme responsable de él. Solamente puedo hacer algo por remediarlo hasta cierto punto. Más allá de eso ya no puedo. Ya no depende de mí.

Tampoco se trata de andar por la vida actuando sin pensar y cometiendo errores a diestra y siniestra con una mentalidad de “si el otro se enoja, ese ya no es mi problema”, ¡No! Eso también sería una actitud inmadura, propia de un niño que no sabe medir las consecuencias de sus actos y no tiene conciencia de cómo sus actos repercuten en los demás y en su medio, ya que vive centrado en si mismo.

Se trata de aceptar que eres humano, que te vas a equivocar, y que eso es inevitable. Que sentirte mal contigo por esos errores no sirve de mucho. Que es mejor aceptar tus fallas como parte de tu naturaleza y del proceso de crecimiento, y actuar con madurez y con responsabilidad frente a los demás. Para esto se requiere de una alta autoestima y seguridad personal.

Aquí usamos un ejemplo de un error poco relevante, pero lo mismo aplica para cualquier equivocación. No importa la dimensión de ésta. Lo único que está en tus manos finalmente es reconocerlo, disculparte, intentar solucionarlo hasta donde es posible y aprender de ello. Muchas veces no hay solución para la situación, y ni modo, no sirve de nada culparte tampoco en estos casos. El sentirte culpable no va a regresar el tiempo. Hay que aceptar las cosas como son, asumiendo la responsabilidad de nuestros actos, y sintiéndonos bien con nosotros mismos en toda situación. Esto es en gran medida el resultado de haber trabajado una buena autoestima. Valorarte a ti mismo de la mejor manera y con toda profundidad frente a éxitos y frente a fracasos, frente a aciertos y sobre todo, frente a los errores, que son de las cosas más normales y comunes de la vida.


Fuente: Mi superación personal 

Nuestro espacio: La intimidad necesaria

Las personas somos seres sociales, que nos relacionamos, tenemos amigos, conocidos, dedicamos tiempo a nuestra vida social. Nos gusta estar en compañía pero también necesitamos tiempo para nosotros mismos. Tenemos necesidad de alimentar nuestra individualidad y contar con un espacio propio que nos permita disfrutar de tranquilidad y privacidad. Todos, incluidos los niños, precisamos de ese espacio donde reposar y descansar. Esto nos aporta seguridad y un refugio emocional para encontrarnos con nuestra propia soledad tan necesaria.

La zona privada de cada persona limita con el exterior, nos permite tomar conciencia de nosotros mismos y decidir cómo queremos relacionarnos con los demás. Marcar bien los límites nos permite conocer los de los demás y así no invadir los espacios ajenos. Se trata de desconectar del exterior para encontrarnos.

Proteger nuestra intimidad

El espacio propio es un lugar en el que estamos solos y conscientes de esa soledad. A veces queremos escapar de nosotros mismos y nos rodeamos de gente pero, por el contrario, a veces simplemente nos relacionamos por cortesía pero sin mostrar nuestra intimidad, no nos mostramos tal cual somos.

Por supuesto, no vamos a ofertársela a cualquiera. Ahora bien, tengamos presente que en la medida que dispongamos de nuestro espacio personal, podremos ofrecer con más garantías el acceso a las personas con las que creemos que merece la pena compartirlo.

Nuestra intimidad no debemos ofrecérsela a cualquiera y debemos transitar entre lo público y lo privado todo el tiempo. Somos aparte del mundo pero necesitamos nuestro pequeño espacio íntimo.

Nosotros decidimos qué cosas, en qué momento y con quién compartir qué zonas de nuestra intimidad. Lo saludable es que haya varias personas en nuestra vida con quienes podamos hacerlo.

Con tantas obligaciones que tenemos en nuestra vida diaria, le prestamos más atención a las necesidades de los demás que a las nuestras. El tiempo que necesitamos está esperándonos y hace falta para que crezcamos y podamos servir mejor a nuestros seres queridos.

sábado, 6 de abril de 2013

Las claves de la atención al cliente

Hoy os voy a dar los tres primeros puntos claves de los seis totales para una correcta atención al cliente (los próximos tres puntos los veremos en nuestro próximo post), estos puntos han sido recopilados después de años de análisis y hoy os los revelamos aquí en Marketing Gastronómico;

1. Look everyone in the Eyes and smile
2. Speak first and last 

3. Look sharp

Traducción:

1. Mira a todo el mundo a los ojos y sonríe

¿Cuantas veces hemos llegado a un restaurante y la persona que nos sienta a la mesa o la que nos esta sirviendo tiene cara de pocos amigos y no nos mira a los ojos ni un momento? ¿que os hace sentir esto? a mi me hace sentir ignorada, me hace sentir que me están dando poca importancia y que el camarero simplemente quiere tomar la orden e irse cuanto antes, no me incita en absoluto a preguntarle por los vinos, postres, cafés, que como sabéis aumentan considerablemente el total de la cuenta. ¿Cuanto nos cuesta mirar al cliente a los ojos y sonreír? ¿Nada verdad?

2. Hablar de primero y ultimo
La persona que nos atiende debe siempre saludarnos correctamente sin esperar a que nosotros hablemos primero y siempre debe cerrar la conversación, los estudios realizados explican que esto hace sentir al cliente satisfecho y correctamente atendido, por lo que lo incitara a tener una actitud positiva en general.

3. Buena presencia

Este punto no solo se refiere a que el empleado tenga el uniforme correcto, limpio y en buenas condiciones, la actitud también ha de ser la correcta, su material ha de estar limpio y aseado, el lugar de trabajo, en este caso el restaurante/bar ha de estar limpio, ordenado, atractivo. ¿Cuantas veces no habéis ido a un bar que en la barra tiene un montón de vasos sucios apilados? o al lado de la caja tiene un desorden impresionante lleno de cosas personales o ¿cuantas veces no habéis visto utilizado el pasillo de los baños como almacén de cajas vacías o de bebidas que no caben en la nevera? Todo esto ejerce una reacción negativa inconsciente en nuestros clientes.

Como veis son puntos MUY fáciles de llevar acabo, lamentablemente os sorprendería la cantidad de veces que son ignorados por el establecimiento.

Os propongo un ejercicio, memorizar estos tres primeros puntos, la próxima vez que vayáis a un bar o a un restaurante tomaos nota de si los llevan a cabo y compartidlo en el post.

Erika Silva

¿Estás disfrutando de tu profesión ideal?

A menudo me encuentro con personas que no están disfrutando con su profesión. Resultado, están tristes.

Cada mañana, se levantan faltos de ánimos y lo primero que ven en el espejo es, el rostro del malestar, por todo el cuerpo ya sienten agotamiento.

¿Y, sabes por qué? Pues simplemente porque están convencidas de que eso es lo que se merecen y que es lo único que saben y pueden hacer.

Si tú te encuentras en esta situación, ¿qué puedes hacer?

Sencillamente, mirarte, escucharte atentamente. Quizá el descubrirte y respetarte profesionalmente no sea tan difícil como tú piensas.

Siéntate en un sitio tranquilo con una libreta y un bolígrafo en la mano, y pregúntate ¿Qué es lo que realmente me gusta a mí?

Estate atento a las resistencias que aparecen inmediatamente como: "Ya soy muy mayor...Esto no es para mí...Esto sería una locura...Necesito el dinero que estoy ganando ahora para mantener a mi familia...Mi pareja no me va a apoyar...Mis padres pensaran que estoy loco...etc"

Permítete hacer una pequeña lista de todas las cosas que te gustan y atrévete a buscar de qué manera podrías conseguir, un puesto de trabajo o una formación que te ofrezca empezar en ello.

Pues te diré una cosa:" si te fijas un poco, te darás cuenta de que vivimos en una sociedad que tiene muchas, muchas, cosas buenas. Es cuestión de fijarse también en ellas y prestarles atención.

Tú elijes, ¿Quejarte o atreverte y empezar a sentirte más feliz?

Sé tú el primero en apoyarte y disfruta con tus cambios.

Anne Astilleros