sábado, 20 de abril de 2013

Un viaje hacia el corazón

Un viaje hacia el interior del corazón es una expedición hacia las profundidades de uno mismo, el proceso de crecimiento para convertirnos en seres humanos maduros y plenamente desarrollados. Este viaje requiere, en primer lugar, una limpieza o clarificación psicológica en la que vamos tomando conciencia de nuestros condicionamientos, limitaciones y defensas para finalmente acceder y desarrollar nuestro ser esencial. Hemos de reconocer y trabajar nuestras pautas de infancia, nuestras imágenes limitadoras y conductas autodestructivas, los modelos de relaciones disfuncionales, la negación de nuestras necesidades, el miedo al amor y al abandono y los apegos. Se trata de un proceso de individuación para llegar a ser uno mismo, con las singularidades y peculiaridades propias.

Cuando no estamos en armonía con nuestra propia vida, o con la existencia en general, en ocasiones el alma se queja, protesta y reclama atención, y surgen los síntomas. Estos indican la dirección de lo que el alma anhela, pero también aquello de lo que nos defendemos, a lo que nos resistimos con ahínco, e incluso buscan obtener lo que uno no se atreve a pedir. Si bien los síntomas los crea uno mismo, indican una disfunción, la existencia de cierto malestar interior, dolor y sufrimiento. En el caso de la depresión, es una bajada a los infiernos personales, una parada del ritmo de la vida cotidiana para escucharse, para estar en contacto consigo mismo, encapsularse como la crisálida de una mariposa para llegar a tocar fondo. En el caso de laansiedad (caracterizada por opresión en el pecho, taquicardia, sudoración, temblores y un nudo en la garganta) aparece cuando existen preocupaciones y conflictos no resueltos. Manifiesta que hay algo que se vive como amenazante. Los ataques de ansiedad suponen sentirse incapaz de lo que la situación requiere. La manera de sanar no pasa por rechazar nuestros síntomas o la enfermedad sino por abrazarla con amor, ternura y compasión, lo que verdaderamente constituye la mejor medicina. La esperanza, hablar, expresar sentimientos y pedir ayuda cuando uno se halla preocupado, desanimado o apesadumbrado también son factores curativos. El enfado, el rencor, la angustia, la tristeza y el miedo son sentimientos que sólo son perjudiciales si no se expresan y no se afrontan.

Durante ese viaje hemos de cuidar nuestro cuerpo en todas sus facetas, aprender a respetar sus necesidades y ser responsables de nuestra salud y bienestar. Hay que cuidar la alimentación (somos lo que comemos), hacer ejercicio físico (provoca la liberación de endorfinas de efecto antidepresivo y ansiolítico, estimula el sistema inmunológico y estabiliza el ritmo cardíaco) y aprender a respirar profundamente (modifica la manera de pensar, sentir y posicionarnos ante la vida; espirar e inspirar: dar y recibir). En el cuerpo se refleja nuestra vida emocional. Las emociones son experiencias somáticas y la energía que emana de ellas puede quedar liberada o por el contrario, bloqueada, dejando huella en el cuerpo.

Abrirnos a la vida significa permanecer vulnerables, permitirnos sentir. La vida en sí misma es incierta, insegura e impredecible. Entraña libertad y riesgo. La alegría de estar vivo significa aceptar el desafío de lo desconocido, abrazar lo nuevo. El proceso de crecimiento personal nos conduce a tomar conciencia de nosotros mismos y asumir la responsabilidad de nuestra vida. Mientras nos dediquemos a culpar a otras personas o a sentirnos culpables permaneceremos encerrados en recorridos neuróticos. La culpabilidad supone seguir sufriendo por aquello que sucedió en el pasado, que obviamente no puede cambiarse. Si nos comprendemos, aceptamos y perdonamos estaremos generando nuevas conductas alternativas y sanas. En realidad sólo somos víctimas de nosotros mismos, de nuestras creencias limitantes y condicionamientos. Las personas que sufren porque dependen del amor y la atención de sus allegados, no se han asumido. Si aprendemos a contar con nosotros mismos todo cambia, recuperamos el poder, nos sentimos fuertes y capaces, confiamos en nosotros y en el mundo, conquistamos nuestra libertad. Podemos elegir entre ser nuestro mayor enemigo o nuestro mejor aliado, depende de si nos rechazamos o decidimos aceptarnos plenamente. Aferrarse a las personas, situaciones y circunstancias de forma estática, en una vida que es cambiante, acarrea dolor y sufrimiento. Cuando nuestro mundo deja de ser previsible y cambia, experimentamos sentimientos de incertidumbre, dolor, rabia, impotencia, miedo, tristeza y frustración. Cuando admitimos la realidad sin resistencias, cuando aceptamos las cosas como son, desaparece el dolor. Fluir quiere decir aceptación, dejar llegar lo que viene, dejar ir lo que se va.

Todos aquellos aspectos, emociones y conductas que uno cree inaceptables y que por ello rechaza, como la rabia, los celos, la mentira, la vergüenza, el resentimiento, la culpa, el orgullo, la lujuria, la gula y las tendencias agresivas (actitudes que con facilidad proyectamos y reconocemos en los demás) pertenecen a nuestra sombra. Podemos verla cuando reaccionamos de manera exagerada y desproporcionada, con rechazo, desprecio o animadversión, ante las actitudes, defectos y acciones de quienes nos rodean. Dado que no podemos cambiar a los demás, pero sí a nosotros mismos, cuando nos reconciliamos con nuestros “enemigos internos”, cuando aceptamos esas partes rechazadas, curiosamente la relación con los “enemigos externos” se transforma. Amarse de verdad supone amar también nuestras mezquindades y nuestro sentimiento de inferioridad o inadecuación. Lo peor de nosotros mismos, nuestra basura, sirve de abono y fertilizante para seguir creciendo.

Si nos vivimos como necesitados del otro, si sentimos que somos la mitad de una naranja y no seres completos exigimos al otro lo que suponemos que está obligado a darnos. La independencia económica es un requisito imprescindible para lograr la emocional. El verdadero encuentro entre el hombre y la mujer se da entre seres autónomos, solidarios, equivalentes e interdependientes, que se relacionan desde la libertad, la responsabilidad, el disfrute, la reciprocidad y la cooperación, sin atrapar, ni sentirse atrapados. Las actitudes de dependencia, las exigencias, la posesividad, los celos, el control, la manipulación y el sufrimiento no son sinónimos sino distorsiones del amor. La obsesión por el otro es un indicativo de la necesidad, no del amor.

La mejor manera para prepararse para un verdadero encuentro es aprender a estar solos, para conocernos en todos los sentidos, ampliar nuestra identidad, reconocer nuestras limitaciones y capacidades, aprender a ser autosuficientes y hacer aquellas cosas que nunca se habían hecho. Se toman decisiones y se asume la responsabilidad por lo que se decide hacer o dejar de hacer. Supone estar en contacto con las propias necesidades, poner límites y reconocer lo que uno no quiere. Sin embargo, también es necesario un espejo donde mirarse, pero no se elige al otro para que nos salve, proteja, sostenga o adore. Tampoco para escapar de una situación o a fin de que nos proporcione seguridad. El conocer al otro y ser conocido requiere apertura y tiempo, no se trata de volcarse “de golpe” en una relación como una salvación, ni de renunciar a ser uno mismo.

Una relación entre almas se sustenta en la amistad, la confianza, la admiración y el interés por las actividades y sueños del otro. El respeto mutuo, la sinceridad y la complicidad fortalecen el vínculo, así como el honrar y valorar la relación. Es importante respetar la relación tanto como preservar el propio camino individual. Para seguir enamorado es indispensable que nos guste la persona en quien nos hemos convertido durante la relación, y en muchas ocasiones sucede todo lo contrario: uno se ha alejado tanto de sí mismo que no se reconoce y tampoco se gusta. Y si la relación llega a un punto de irreversibilidad, sólo queda rendirse ante la evidencia y aceptar la situación, liberarse emocionalmente uno del otro a través de un proceso de duelo en que cada uno tendrá que perdonarse a sí mismo y a su pareja, sin culpar, ni culpabilizarse, acabar con los reproches mutuos y llegar a la conclusión de que ambos son responsables de la separación, la cual, entendida como una crisis, representa una verdadera oportunidad de salir de una relación intolerable e insostenible y crear una nueva vida llena de esperanzas, movilizando los recursos internos y externos. Es importante sentir gratitud por lo que hubo, por lo que el otro nos aportó, valorando no sólo lo que fue bueno sino también el aprendizaje de los aspectos más frustrantes y dificultosos. El viaje hacia el corazón requiere desprenderse, soltar, abandonar, aunque en un principio no pudiéramos imaginar vivir sin la persona a quien estábamos aferrados, porque lo cierto… es que siempre se puede.

A partir del libro "Un viaje hacia el corazón", de Ascensión Belart

viernes, 19 de abril de 2013

Una perla es una herida sanada por el amor

¡QUE HERMOSAS SON LAS PERLAS!

Aún así debemos saber que las perlas son producto del dolor...

Toda perla es la consecuencia de una ostra que ha sido herida por un grano de arena que ha entrado en su interior. Una ostra que no ha sido herida no puede producir perlas...

En la parte interna de la ostra se encuentra una sustancia llamada “nácar” y cuando un grano de arena penetra en la ostra, ésta lo recubre con capas de nácar para protegerse. Como resultado, se va formando una hermosa y brillante perla.

¿Te has sentido herido por las palabras, o actitudes de alguien?

¿Has sido acusado de decir cosas que nunca has dicho?

¿Han sido tus ideas rechazadas o ridiculizadas?

¿Te han culpado de haber hecho algo que jamás hiciste?

¿Tu actitud frente a ciertas situaciones, se malinterpreta?

¿Has sufrido alguna vez los golpes de la indiferencia?

¿Te han herido precisamente aquellas personas que menos esperabas?

¿No te valoran como realmente lo mereces?

Entonces, perdona y haz de tu herida una perla. Cubre tus heridas con varias capas de amor, recuerda que cuanto más cubierta esté tu herida, menos dolor sentirás.

Por el contrario, si no la cubres de amor, esa herida permanecerá abierta, te dolerá más y más cada día, se infectará con el resentimiento y la amargura y peor aún, nunca cicatrizará.

En nuestra sociedad, podemos ver muchas "ostras vacías" no porque no hayan sido heridas, sino porque no supieron perdonar, comprender y transformar el dolor en una perla.

“Una perla es… una herida sanada por el amor"

TE HAS PUESTO A PENSAR ALGUNA VEZ QUE LA BELLEZA INTERIOR QUE LLEVAS DENTRO TUYO ES EL PRODUCTO DE TANTAS TRIBULACIONES, DE MUCHOS SUFRIMIENTOS, DE MUCHOS DOLORES, QUE EL MISMO DIOS LO PERMITE PARA LIMPIARTE Y PURIFICARTE DE TODO PECADO Y DE TODO MAL, PARA HACER DE TI UNA PERSONA NUEVA CON UNA VIDA CAMBIADA Y ORIENTADA HACIA EL AMOR Y LA MISERICORDIA DE DIOS.

TÚ ERES UNA PERLA, HERMANO/A MIO/A

Autor: Anónimo


Observar con los “ojos” y no con “la mente”

“No existe error más grande como el de no proseguir” Blake

Un ejercicio que me gusta practicar mucho es LA OBSERVACIÓN  pero no cualquier tipo de observación; no hablo de aquella que viene desde la mente y solo consigue alimentar el juego del ego (comparaciones, moda, celos, y muchas otras cosas); hablo de aquella observación que nace desde la tranquilidad, desde dentro del ser. Aquella en la que podemos escuchar sin esfuerzo los sonidos del entorno y podemos VER con los ojos y no con la mente. Aquella que no se dedica a ETIQUETAR lo que ve sino que solamente observa. Aquella que nos CONECTA con nuestro ser interior y nos da paz.

¿Te ha pasado alguna vez de sentir una casi inexplicable sensación de paz? ¿Crees que ha sigo ocasionada por la concreción de alguno de tus objetivos materiales?

Regálate 5 minutos para ti a diario, te lo mereces.

Mi alma saluda a tu alma.

Paz Interior.
¡¡¡Compartir es crear un mundo mejor!!!

jueves, 18 de abril de 2013

Elimina las quejas de tu vida

Quejarse es algo que todos hacemos. Algunos lo hacen sólo cuando realmente es necesario, y otros viven su día queja tras queja. El quejarse puede ser útil cuando tu opinión realmente va a lograr un cambio positivo en determinada situación.

Sin embargo una cosa es quejarse entendiéndolo como expresar algo que está mal, y otra es vivir con la emoción de queja, que es una emoción negativa, llena de resentimiento y crítica.

No es lo mismo decirle al mesero: “disculpe, pero mi sopa está fría”, con un tono firme pero amable, que decirle: “¡esta sopa está horrenda!, ¡Cómo pueden servirla así, deberían avergonzarse!”. En ambos ejemplos se está expresando una insatisfacción, pero en el primero no hay una emoción negativa, mientras que en el segundo está cargado de negatividad.

Te invitamos a que observes cuantas veces te quejas en un día. Tal vez pienses ahora que tú realmente no te quejas, pero si te observas, probablemente te sorprendas.

Una queja es cualquier comentario o pensamiento, que manifiesta que algo está mal o debería cambiar, pero expresado con una emoción negativa.

No caigas en justificar que tus quejas son necesarias. Son quejas. Claro que existen las situaciones que ameritan quejarse de algo realmente necesario, pero no 10 veces en un día!

Si realmente te observas, comenzarás a sorprenderte a ti mismo cada vez que te estás quejando. Poco a poco, podrás notar que viene una queja, antes de expresarla, y aunque la hayas pensado, por lo menos ya estarás logrando no decirla en voz alta.

Este es un buen comienzo, ya que si cambias tu forma de hablar, cambiarás tu forma de pensar y de sentirte.

¿Te imaginas cómo sería tu vida si aprendieras a no quejarte? ¿Si pudieras elegir aquellas situaciones que realmente ameritan una queja, y callarte todas las demás? ¿Si aprendieras a expresarte sobre aquello que no te agrada no con un tono negativo, sino con un tono amable y respetuoso?

Practica esto y verás cómo tu vida cambiará, por el simple hecho de cambiar tu manera de expresarte. Por el hecho de decidir dejar de estar poniendo tu atención en aquello que te desagrada.

Aprender a liberarse de emociones y hábitos negativos es un trabajo constante y que requiere un verdadero compromiso de cambiar.

Fuente: Mi superación personal

miércoles, 17 de abril de 2013

¿Por Qué No Cumplimos Nuestros Propósitos?

¿Cuantas veces nos proponemos hacer algo, un cambio en nuestras vidas, y al cabo de unos días lo olvidamos por completo? El ejemplo más común son los propósitos de año nuevo. Unos de los propósitos más comunes son: bajar de peso, ganar más dinero y conseguir una pareja. Muchas personas se proponen comenzar el año con una nueva actitud y ambiciosas metas para lograr sus propósitos. Tal vez eres una de ellas.

Empiezas el año desbordándote de motivación para hacer lo que se tenga que hacer. Tal vez te inscribiste al gimnasio, te levantas más temprano todos los días para dedicar unos 30 minutos a hacer algo de ejercicio, emprendes estrategias para conseguir nuevos clientes o un mejor trabajo, sales más a lugares para conocer a alguien, te arreglas más. ¿Correcto?

¿Y qué ha pasado otros años? Después de un mes, la mayoría de las personas que se propusieron bajar de peso, ya han abandonado sus rutinas de ejercicio y sus dietas. Los obstáculos que se presentan para tener más clientes aplastan tu motivación y te quedas en tu zona de comodidad, y conocer a alguien se vuelve algo que dejas al destino. Si tú eres de los que se han mantenido firme en sus metas y las has logrado, ¡felicidades! Si no, no te preocupes, eres una de las personas que te dejas llevar por el deseo de hacer algo bueno por ti, pero cuya motivación se va perdiendo en el camino.

¿Por qué sucede esto? La realidad es que cuando decidimos hacer algo, entran en juego dos partes importantes: el pensamiento y las emociones. El pensamiento es el que dice cosas como “ahora si voy a bajar de peso”, “ya no quiero sentirme mal por mi peso”, “ya es hora de hacer algo para tener más dinero”, “voy a salir más para conocer a alguien”, etc… El pensamiento es quien dice qué es lo que quieres hacer. Sin embargo el pensamiento por si sólo no tiene mucha fuerza. Puede tener toda la intención, pero sin las ganas de hacerlo, se queda paralizado.

La motivación viene de la emoción. Cuando decides hacer algo y lo haces, quiere decir que tus pensamientos y tu emoción están en sintonía. Probablemente es lo que te sucedió al hacer tus propósitos. Había una fuerte emoción alrededor de la idea de “ahora si” cumplir tu objetivo. Siempre ayuda el ambiente de año nuevo en el que sentimos que comenzamos una nueva etapa y podemos olvidarnos de los fracasos anteriores.

Pero ¿por qué esa motivación va desapareciendo? ¿Por qué después de unos días, aunque el pensamiento sigue diciendo que quiere lograr una meta, las ganas de hacerlo ya no están? Bueno, sucede que la motivación se termina, si no sabemos alimentarla. Es como inflar una llanta que tiene un pequeño agujero en alguna parte. Si la inflamos sólo una vez, con el tiempo se va a desinflar. Si la estamos inflando constantemente, se mantendrá inflada.

La motivación también se va gastando y escapando, y tenemos que saber cómo volver a inyectarle más entusiasmo a lo que los pensamientos quieren, para mantenernos en el camino con la misma intensidad y energía con la que comenzamos.

Si quieres saber exactamente paso a paso cómo hacer para lograr tu propósito de bajar de peso, de tener mejores ingresos, de conocer a alguien, o simplemente de sentirte mejor contigo mismo, con una motivación que realmente te lleve a lograr tus objetivos, y no lograrlos temporalmente, sino de manera permanente, te invitamos a salir de tu zona de comodidad y hacer el esfuerzo que se requiere sobre todo, para mantener tu motivación en el nivel más alto hasta lograr tus objetivos.

Recuerda que es clave saber cómo mantener la motivación viva, y esa emoción es el motor que te llevará a lograr aquello que te has propuesto.


Fuente: Mi superación personal