sábado, 25 de mayo de 2013

Los diez principios de la felicidad

l.- Nadie va a darme la felicidad, sólo yo puedo conseguirla. En este primer pensamiento, el ser humano toma la responsabilidad de su vida e inicia una búsqueda y un esfuerzo por encontrar eso que tanto busca.

2.- Yo soy un ser único en toda la tierra, nadie me comprende mejor que yo, y nadie sabe lo que yo necesito mejor que yo. En este segundo principio se dan las bases para eliminar cualquier ofensa que las personas reciban de parte de otras; cualquier comentario que deprima a una persona podrá ser nulificado bajo este principio, ya que la persona reconoce que nadie puede opinar acerca de ella, puesto que nadie la conoce mejor que ella misma.

3.- Lo que recibo ahora es lo que sembré ayer, y lo que siembre ahora será lo que reciba mañana. Este tercer principio permite al ser humano reconocer que los problemas actuales son resultado de acciones incorrectas del pasado, pero que, por lo mismo, el momento presente es el indicado para ir sembrando un futuro.

4.- Ni el pasado ni el futuro pueden lastimarme, sólo el presente tiene valor en mi vida. Entendiendo este cuarto principio, la persona le dará todo el valor que tiene su momento presente y le restará importancia a los hechos pasados que le causan remordimientos, y a los hechos futuros que le causan angustia.

5.- Sólo yo decido lo que debo hacer en este momento. Es decir, el ser humano entiende que las influencias ajenas son tan sólo eso, influencias, y él es el único que puede decidir qué hacer en ese instante.

6.- Sólo en el amor y en la paz interior puedo tomar las decisiones correctas. Es decir, si hemos de actuar en el tiempo presente, tendremos que hacerlo en paz y con amor, pues de esta manera, las acciones que tomemos estarán inspiradas en nuestra más alta capacidad tanto de servicio como de inteligencia.

7.- En mis decisiones tomaré siempre en cuenta el beneficio de los demás. Es decir, tomaré aquellas decisiones que beneficien a la mayor cantidad de personas; de esta forma, mi vida se estará encaminando hacia la más alta gloria que es la de recibir la compensación por el servicio prestado a los demás.

8.- Mi cara es el reflejo de mi estado interior. Es decir, cuidemos siempre el aspecto de nuestro rostro, adornémoslo siempre con la sonrisa, y que los ojos se encuentren siempre prestos a mandar una mirada de amor, porque de esta forma estaremos reflejando la serena armonía de quien ha aprendido a caminar en el sendero de la felicidad.

9.- Soy un hombre al servicio de la humanidad. Es decir, todo lo que yo haga, todo lo que yo diga, todo lo que yo piense o sienta, servirá para gloria de la humanidad, o bien, para perdición de ella.

10.- Yo tengo una misión en la vida, ser feliz y hacer feliz a los demás. Este último principio da sentido a nuestra existencia, y, a la vez, orienta nuestros esfuerzos hacia el beneficio de toda la humanidad.

¿Qué hay más allá de estas claves, qué podríamos decir además de lo mencionado de cada una de ellas? Más adelante veremos, que detrás de estos principios, se encuentra un camino que permitirá a todos los seres humanos, mantener siempre en su mente, las claves que les permitan alcanzar una vida llena de paz y de armonía espiritual.

Kwan-Yin

martes, 21 de mayo de 2013

El niño que fuimos

A veces nos invade una sensación de tristeza que no logramos controlar. Percibimos que el instante mágico de aquel día, pasó y que nada hicimos. Entonces la vida esconde su magia y su arte.
Tenemos que escuchar al niño que fuimos un día y que todavía existe dentro de nosotros. Ese niño entiende de momentos mágicos. Podemos reprimir su llanto, pero no podemos acallar su voz.

Ese niño que fuimos un día continúa presente. “Bienaventurados los niños, porque de ellos es el Reino de los Cielos”.

Si no nacemos de nuevo, si no volvemos a mirar la vida con la inocencia y el entusiasmo de la infancia, no tiene sentido seguir viviendo.

Existen muchas maneras de suicidarse. Los que tratan de matar el cuerpo ofenden la ley de Dios. Los que tratan de matar el alma también ofenden la ley de Dios, aunque su crimen sea menos visible a los ojos del hombre.

Prestemos atención a lo que nos dice el niño que tenemos guardado en el pecho. No nos avergoncemos por causa de él.
No dejemos que sufra miedo, porque está solo y casi nunca se le escucha.

Permitamos que tome un poco las riendas de nuestra existencia. Ese niño sabe que un día es diferente a otro.

Hagamos que se vuelva a sentir amado. Hagamos que se sienta bien, aunque eso signifique obrar de una manera a la que no estamos acostumbrados, aunque parezca estupidez a los ojos de los demás.

Recuerden que la sabiduría de los hombres es locura ante Dios. Si escuchamos al niño que tenemos en el alma, nuestros ojos volverán a brillar.

Si no perdemos el contacto con ese niño, no perderemos el contacto con la vida…

Paulo Coelho



Las 21 cualidades

Sólo triunfa en el mundo quien se levanta y busca a las circunstancias, creándolas si no las encuentra.


1. CARÁCTER: Sé un pedazo de roca
2. CARISMA: La primera impresión puede ser determinante
3. COMPROMISO: Es lo que separa a los hacedores de los soñadores
4. COMUNICACIÓN: Sin ella, viajas solo
5. CAPACIDAD: Si la desarrollas, ellos vendrán
6. VALENTÍA: Una persona con valentía es mayoría
7. DISCERNIMIENTO: Pon fin a los misterios no resueltos
8. CONCENTRACIÓN: Mientras más aguda sea, más agudo serás tú
9. GENEROSIDAD: Tu vela no pierde nada cuando alumbra a otros
10. INICIATIVA: No deberías salir de casa sin ella
11. ESCUCHAR: Para conectarte con sus corazones, usa tus oídos
12. PASIÓN: Toma la vida y ámala
13. ACTITUD POSITIVA: Si crees que puedes, puedes
14. SOLUCIÓN DE PROBLEMAS: No puedes dejar que tus problemas sean un problema
15. RELACIONES: Si tomas la iniciativa, te imitarán
16. RESPONSABILIDAD: Si no llevas la bola, no puedes dirigir al equipo
17. SEGURIDAD: La competencia nunca compensa la inseguridad
18. AUTODISCIPLINA: La primera persona a la que tienes que dirigir eres tú mismo
19. SERVICIO: Para progresar, pone a los demás primero
20. APRENDER: Para mantenerte dirigiendo, mantente aprendiendo
21. VISIÓN: Puedes conseguir solo lo que puedes ver

John Maxwell

lunes, 20 de mayo de 2013

¿En serio conoces cómo es tu relación con el dinero? 6 claves universales de la prosperidad

Si cerras los ojos, te relajas y piensas por un instante en dinero, observando las imágenes que aparecen en tu mente y sintiendo las emociones que eso te causa tendrás un resumen de tu relación con la riqueza. 

Con frecuencia las personas dicen que tienen un excelente vínculo con el dinero y que desean que llegue a sus vidas, pero ni siquiera alcanzan a darse cuenta de que existen ideas dentro de si que de forma automática les llevan a pensar que es muy difícil conseguir dinero, que nunca tendrán una vida desahogada o que si lo consiguen habrá quienes quieran aprovecharse de su situación.

Todos los movimientos que tenemos en la vida tienen un precio, por eso cuando hablamos de cambios hablamos de abandonar la vida zona de confort. El éxito económico no es la excepción y para alcanzarlo hay que pagar un precio que con frecuencia se expresa en términos de horas trabajadas, ideas innovadoras, estructura mental, amor por lo que hacemos, distinción de nuestra familia de origen, valentía frente al cambio etc.

Si estamos en disposición de pagar el precio, nuestras acciones se encaminará de forma automática a aquello que nos ayude a alcanzar los objetivos deseados, pero si no, encontraremos eventos que llamaremos obstáculos, para justificar nuestra falta de adhesión al logro de nuestras metas.

La abundancia en la vida parece ser un estado con el que contactamos o no, y existen reglas muy concretas que puedes seguir para asegurar que dicha conexión sí suceda.

Para conocer mas acerca de este tema, los esperamos este  2 de junio  a las 9:30 en  Sevilla 30 piso 2 Colonia Juárez. México DF. A dos cuadras de la glorieta de la Diana Cazadora. 
Contacto: Angélica Ostoa Montes, teléfono 3627-6632. 
e-mail: clientes@grupoconocete.com
Dirigido a: Hombres y mujeres mayores de 18 años.

Vivir en sociedad

Todos tenemos en la mente conceptos como urbanidad, cortesía, protocolo, etiqueta y buena educación. Estos conceptos se refieren a la necesidad de usos sociales, de pautas de comportamiento asumidas por la mayoría que facilitan y hacen mucho más cómoda la relación con nuestros semejantes.

A mí, personalmente, me satisface más la expresión “buena educación” o simplemente “educación”, que es una expresión más amplia y al mismo tiempo de límites más subjetivos que las mencionadas como urbanidad, cortesía, protocolo o etiqueta, que considero demasiado complicados y hasta afectados.

Para vivir en sociedad es necesario, a mi juicio, tener la mayor reserva posible de esas virtudes humanas a que acabamos de referirnos en semanas anteriores y que hacen posible que la educación sea, primordialmente, una verdadera transformación interna. La “buena educación” será, entonces, educación moral, educación en valores humanos. A la “buena educación” es conveniente añadir los que suele llamarse “ética de las formas”, o más coloquialmente, “buenos modales”.

El sociólogo Amando de Miguel, en su último libro sobre urbanidad defiende con gran acierto que “la base de la urbanidad es moral: no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti.”
A continuación ofrezco una síntesis de formas educadas de comportamiento básicas:

Dar comprensión y apoyo y tender siempre la mano al enfermo, al anciano y, en general, al más débil y necesitado.
Esto incluye detalles como dejar el asiento o el lugar más cómodo a una mujer embarazada o que va cargada con un niño en los brazos, a un disminuido físico, etcétera.
Comer con educación, sin afectación, y evitar las consabidas costumbres de mal gusto, como sorber la sopa, usar palillo de dientes, masticar enseñando la comida con la boca abierta….
Pedir las cosas “por favor”, dar las gracias y pedir perdón si de alguna forma hemos molestado a alguien.
Dejar salir antes de entrar y no pretender colarse haciéndose el listo cuando los demás esperan pacientemente su turno.
Mirar a las personas mientras nos hablan y les hablamos y no dar la espalda cuando se está en grupo.
Escuchar a quien nos habla y no interrumpir su discurso de forma brusca con nuestras opiniones, dándole a entender que nos importa poco cuanto dice.
No quedarse mirando a minusválidos ni a personas que por cualquier rareza en su indumentaria, expresiones o estado físico o psíquico nos sintamos por curiosidad impulsados a mirar con más insistencia.
Evitar en lo posible muletillas, palabras y expresiones de mal gusto, soeces y ofensivas a Dios o a personas con creencias religiosas.
No tratar de escuchar conversaciones ajenas (“poner la antena”) y estar de forma descarada escuchando algo que no va con nosotros ni nos importa.
Procurar llamar a cada persona por su nombre y evitar recurrir constantemente a los pronombres: tú, ése, aquél).
No señalar a nadie con el dedo ni en público ni en privado.
Gritar mientras se habla, gesticular demasiado y hablar tan alto que todo el mundo se entera de lo que decimos a nuestro interlocutor, es una de las más frecuentes muestras de poca educación.
Hablar en secreto, como en un aparte a alguien cuando se está en un grupo con otros amigos, es grave falta de educación siempre.
Pocas cosas dejan bien patente la mala educación como las bromas pesadas, las gansadas de mal gusto y hacer pagar novatadas y otras acciones semejantes.
Higiene básica, elemental para la convivencia, como es no escupir en la calle, permitir al perro defecar en las aceras y arrojar cigarrillos, papeles o cualquier tipo de desperdicio y basura en la vía pública.
En definitiva, la interrelación existente entre “dar y recibir” es básica en la vida de las buenas relaciones entre los hombres como lo es para las plantas absorber anhídrido carbónico y dejar libre el oxígeno como aspectos imprescindibles de un mismo ciclo.

Bernabé Tierno