sábado, 8 de junio de 2013

Mirando las estrellas

Mirando las estrellas me di cuenta que en cada una de ellas
existe un paraíso.
Mirándolas a ellas descubrí la infinidad de cosas que perdemos.
Ellas que están allá, tan lejos de este mundo, al menos sobreviven
con su pequeño brillo; y nosotros acá, tan llenos de momentos,
nos sentimos morir cuando algo se termina.
Mirando las estrellas comprendí el valor que no damos a la vida.
Cuando ésta sin querer nos quita cosas, pensamos que es injusta
y olvidamos que sin ella no seríamos quienes somos.

Hoy sin pensar vi volar una estrella en su gran mundo…
La vi volar sin rumbo y la noté perdida.
Me di cuenta que a veces no sólo en este mundo existe soledad
que ellas también la sienten, como cualquier persona,
pero al menos siguen brillando, buscando una razón para salir de ella.

En cambio acá, nosotros, pensamos que estar solos
es el fin de la vida; y no nos damos cuenta que a veces
la soledad nos ayuda a encontrar respuestas que no estaban.

Mirando las estrellas pude ver que la felicidad llega en cualquier
momento… que todo se termina en este mundo, desde lo
más hermoso, hasta lo más molesto y doloroso.

Hoy mirando una estrella, sentí el calor aquel del amor que se fue.
Y descubrí que en ella están los sueños, los besos y aquel tiempo
que se perdió algún día.
Comprendí que el amor tiene un millón devueltas.
Que a veces nos sorprende, nos da felicidad,
y a veces se transforma en lo peor que hay.
Mirando una de ellas, crecí un poquito más Aprendí a sonreír,
y a ver la realidad.

Mirando una de ellas, pude ver la verdad:

Que no sirve el ORGULLO cuando existe AMISTAD;
Que no sirve LLORAR cuando un amor se va;
Que no vale la pena aprender a CALLAR;
Que no existen FRONTERAS cuando tenemos VIDA…
Y que aprender a VIVIR, ES LO MEJOR QUE HAY!!!

Pautas eficaces para tomar buenas decisiones

¿Sabias que según datos de estudios estadísticos tomamos unas 217 decisiones diarias relativas a comida? ¿Te sorprende que escojamos tan mal sobre que comer?
El investigador Roy Baumeinster nos cuenta que el hecho de tomar una y otra decisión va haciendo que nuestra habilidad cerebral de hacerlo bien, disminuya. Experimentamos lo que se conoce como “fatiga decisional” sin casi ser conscientes de ello.

Nuestro cerebro funciona de la siguiente forma: el 95% de las veces toma decisiones automáticamente, por hábito o reactivo a las demandas del exterior. ¿Y cómo pordríamos tomar mejores decisiones en un mundo repleto de opciones?

La respuesta está en la “auto-consciencia” , algo similar a la tendencia mindfulness tan de moda hoy en día.

El primer reto es como resistirse a ser reactivos.
Muchas de las peores decisiones las tomamos porque somos empujados por un desencadenante externo que nos genera estados emocionales negativos. Reaccionamos instintivamente impulsados por las hormonas del estrés, en un estado de huida o lucha.

Esto está muy bien cuando te persigue un león, pero no es nada práctico en la vida cotidiana. Si reaccionamos sin intención, por mera reacción, es posible que luego cueste mas resolver ese problema.

Aquí tienes tres claves que te pueden ayudar a tomar decisiones verdaderamente buenas:

1º La primera clave es no tomar malas decisiones ;)
Y todo comienza por tomar conciencia. Para ello es preciso poner atención las señales de tu cuerpo que pueden estar advirtiendo cierto ataque o peligro. Señales como rigidez en el cuello u otra parte del cuerpo, cambios en tu respiración, emociones como miedo, ira…El mero hecho de sentir una emoción intensa no significa que tengas que hacer algo, al contrario. Puedes tomar un par de respiraciones muy profundas, centrar tu atención en el peso de tu cuerpo sobre tus pies, algo que te ayuda a volver a tu realidad.

Estas pautas te permitirán ganar tiempo, ya que una vez que tu fisiología se calme, podrás pensar con mayor claridad y reflexionar sobre cual sería la mejor respuesta.
2º La siguiente clave sería el juego de perspectivas. Las partes primitivas de nuestro cerebro no están preparadas para considerar el futuro, y tienden a buscar la fuente más inmediata de gratificación que suponga menos dolor y malestar.

Demasiado a menudo utilizamos nuestra corteza prefrontal para racionalizar nuestras decisiones en lugar de prever las consecuencias futuras. Es usual ponernos excusas como, “me tomaré este postre, esta mañana he ido al gimnasio...", aunque puede que sea la primera vez que asistías al gimnasio en un mes. O bien, nos convencemos de posponer una tarea difícil y en cambio revisamos los e-mail "urgentes" agotando nuestra energía para poder retomar el trabajo importante, mas tarde.

¿Que te parece esta solución?:
Cada vez que tengas que tomar una decisión difícil hazte esta simple pregunta:
¿Qué opción va a añadir mayor valor en mi vida y felicidad en el futuro?

Habra casos en que priorizar lo urgente, pero también es fácil decirte a ti mismo que siempre tienen demandas urgencias y no dejar tiempo las cosas que pueden ser más difíciles de hacer, y realmente aportarían mucho valor añadido a tu vida. Una idea es comenzar con lo más importante a primera hora del día que es cuando tienes mas energía.

3. Y el mayor reto: como hacer lo correcto!, especialmente cuando no necesitamos que sea inmediatamente.
Para superar este bloqueo es necesario trabajar nuestros valores y convicciones, porque elegir solo en base a “lo correcto” puede implicar sacrificio e incomodidad.
Es la diferencia entre hacer lo que te hace sentir bien –quizá podrías conseguirlo tomándote un par de cervezas– o hacer lo que te hace sentir bien contigo mismo.

Responde con honestidad...: ¿dejarías de lado tus convicciones incluso si estuviese en juego la venta de tu producto? Si crees en la amabilidad y el servicio a los demás ¿prestarías ayuda a un amigo que lo necesitase aún cuando te sintieses cansado o sobrecargado?
Puedes comenzar siendo realista y preguntárte: ¿Qué decisión tomaría si decidiese desde mi "mejor yo"? ¿Quién quiero ser yo realmente? Encarnar nuestros valores en nuestra conducta diaria requiere valor para anular los impulsos más primitivos.
Piensa por un momento en alguien que te genero muchas emociones negativas hace poco. ¿Cómo reaccionaste? ¿tu comportamiento te ayudo a conseguir lo que querías realmente? ¿Fuiste consistente con la persona que querías ser?

Siempre tenemos la posibilidad de elegir nuestro comportamiento, sobre todo si tenemos como reto elevar nuestro "nivel de juego" cada día para sentirnos más satisfechos, mejores personas y más saludables.

Fuente: Emociones Saludables 

jueves, 6 de junio de 2013

Los otros

Cuando en otras personas encuentras virtudes o defectos,
estás viendo el reflejo de algo que navega en tu interior,
algo que duerme y se despierta sin que te des cuenta,
algo que cuando se reconoce en el espejo del mundo,
te habla con un código que percibes como emociones.
Si los atributos que hallas en otros no estuvieran ya en ti,
te sería imposible reconocerlos, porque el alma descubre
sólo aquello que ya posee.
Y esto vale para la virtud y para el defecto.
Tus ojos están separados, pero tu mirada es una sola.
Si miras bien aquello que te separa de los otros,
descubrirás lo mismo que te une a ellos:
lo que te diferencia es lo mismo que te atrae.

Lo que ves en los otros, es simétrico a lo que abunda dentro de ti,
y así como la boca de un hombre habla de lo que lleva en su corazón,
tu mirada hacia el mundo es el destello de tus espejos interiores,
donde aquello que amas y odias en las personas
es lo mismo que amas y odias en ti.
Si así no fuera, ¿para qué perderías tiempo y esfuerzo
tratando de diferenciarte de los demás?
Tus intentos de separarte son combates inútiles,
y te hunden en el sufrimiento pasivo. Ninguna flor se abre en ese jardín.

Observa: hay una moral perversa que educa a los hombres
para ver lo peor o lo mejor de sí mismos,
pero nunca las dos cosas al mismo tiempo.
Mientras insistas sobre aquello que consideras negativo
en los otros o en ti, sólo lograrás aumentar su poder sobre ti.
Si quieres matar al monstruo, déjalo morir de hambre;
no sigas nutriéndolo con la fuerza de tu pensamiento.
Más te vale seguir el ejemplo de aquello que se abre
hacia su futuro luminoso, como una flor nacida en el desierto,
que no pide permiso al destino para asomarse a la vida.

Jorge Bucay
Libro: “El Buscador”


El don de una estrella

Nada ni nadie puede dañarte, sólo tú a ti mismo.
Se celoso de tu tiempo, porque es tu mayor tesoro.
Todos los grandes éxitos resultan de compartir,
amar y saber perseverar pensando en las metas
(las tuyas… por supuesto).
Siempre que culpes a los demás por tu situación;
te sentirás mal porque tu eres lo que eres por decisión tuya
(aunque no lo creas).
Vive todos los días como si fuera el primer día de tu vida
y trata con ternura a los que te rodean.
Ama a todos, incluso a los que te repudian,
el odio no te lo debes permitir.
Aprende que el que da con una mano…
posiblemente recogerá con las dos.
Recuerda que se necesita muy poco para llevar una vida feliz.
Mira hacia arriba. Camina siempre hacia adelante.
Aférrate a la vida con sencillez y recorre en silencio
tu sendero hacia la eternidad, con caridad y una sonrisa.

Todos tenemos el poder y la facultad de elegir,
nosotros somos capaces de gobernar nuestro propio destino
mediante nuestras decisiones: todo está en nuestras manos,
¡Hazte responsable! Tú tienes la gracia y/o la facultad de elegir.
Da algo de ti cada día al mundo en que vives y tu vida aquí…
estará llena de armonía, satisfacción y amor.
No es necesario que seas famoso o un genio para cumplir
tu propio destino, todo lo que tienes que hacer es utilizar
tus facultades lo mejor que puedas.

Si eres hábil con el martillo “construye”;
Si eres feliz sobre las aguas: “pesca”;
Si la pluma es tu vocación ¡escribe!
Ahí donde tus fortalezas se ocultan aliméntalas
con disciplina y esfuerzo, que la recompensa es convertirse
en un ser inmensamente feliz.
El ser feliz no es un don que se les ha dado solo algunos,
es una heredad que se nos a brindado a todos,
sólo tienes que hacerla valer.

Og Mandino


miércoles, 5 de junio de 2013

Fórmula para crecer

Mi percepción a medida que envejezco es que no hay años malos.
Hay años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo,
pero malos no son.
Creo firmemente que la forma en que se debería evaluar un año
tendría más que ver con cuánto fuimos capaces de amar,
de perdonar, de reír, de aprender cosas nuevas,
de haber desafiado nuestros egos y nuestros apegos.
Por eso, no debiéramos tenerle miedo al sufrimiento
ni al tan temido fracaso, porque ambos son sólo instancias de aprendizaje.
Nos cuesta mucho entender que la vida y el cómo vivirla
depende de nosotros, el cómo enganchamos con las cosas
que no queremos, depende sólo del cultivo de la voluntad.
Si no me gusta la vida que tengo, deberé desarrollar las estrategias
para cambiarla, pero está en mi voluntad el poder hacerlo.
“Ser feliz es una decisión”, no nos olvidemos de eso.

Entonces, con estos criterios me preguntaba qué tenía que hacer yo
para poder construir un buen año porque todos estamos
en el camino de aprender todos los días a ser mejores
y de entender que a esta vida vinimos a tres cosas:

-a aprender a amar
-a dejar huella
-a ser felices

En esas tres cosas debiéramos trabajar todos los días, el tema es cómo
y creo que hay tres factores que ayudan en estos puntos:

-Aprender a amar la responsabilidad como una instancia de crecimiento.
El trabajo sea remunerado o no, dignifica el alma y el espíritu
y nos hace bien en nuestra salud mental.
Ahora el significado del cansancio es visto como algo negativo
de lo cual debemos deshacernos y no cómo el privilegio de estar cansados
porque eso significa que estamos entregando lo mejor de nosotros.
A esta tierra vinimos a cansarnos,… para dormir tenemos siglos después.

-Valorar la libertad como una forma de vencerme a mi misma
y entender que ser libre no es hacer lo que yo quiero.
Quizás deberíamos ejercer nuestra libertad haciendo lo que debemos
con placer y decir que estamos felizmente agotados
y así poder amar más y mejor.

-El tercer y último punto a cultivar el desarrollo de la fuerza de voluntad,
ese maravilloso talento de poder esperar, de postergar gratificaciones
inmediatas en pos de cosas mejores.
Hacernos cariño y tratarnos bien como país y como familia,
saludarnos en los ascensores, saludar a los guardias,
a los choferes de las micros, sonreír por lo menos una o varias veces al día.
Querernos.

Crear calidez dentro de nuestras casas, hogares, y para eso
tiene que haber olor a comida, cojines aplastados y hasta manchados,
cierto desorden que acuse que ahí hay vida.
Nuestras casas independientes de los recursos se están volviendo
demasiado perfectas que parece que nadie puede vivir adentro.
Tratemos de crecer en lo espiritual, cualquiera sea la visión de ello.
La trascendencia y el darle sentido a lo que hacemos
tiene que ver con la inteligencia espiritual.

Tratemos de dosificar la tecnología y demos paso a la conversación,
a los juegos “antiguos”, a los encuentros familiares,
a los encuentros con amigos, dentro de casa.
Valoremos la intimidad, el calor y el amor dentro de nuestras familias.

Si logramos trabajar en estos puntos y yo me comprometo a intentarlo
habremos decretado ser felices, lo cual no nos exime de los problemas,
pero nos hace entender que la única diferencia entre alguien feliz o no,
no tiene que ver con los problemas que tengamos
sino que con la ACTITUD con la cual enfrentemos lo que nos toca.

Pilar Sordo
Psicóloga