Hemos vivido muchas de nuestras experiencias sufriendo, a veces, sufriendo mucho, demasiado.
El que no ha estudiado en la educación formal sufre por ello y anhela que sus hijos puedan hacerlo para evitarles la inmensa cantidad de inconvenientes que ellos han tenido en su vida a causa de esa condición. Los que están estudiando a veces sufren porque sus padres están haciendo un gran esfuerzo y desean salir muy pronto para poder ser titulados y cumplir con sus expectativas. Los que ya se han titulado pueden sufrir porque no encuentran trabajo o porque han tenido que trabajar en algo que no se relaciona con lo que estudiaron. Los que ya están trabajando pueden sufrir por que sus salarios no son suficientes o sufren por el trato que reciben de sus colegas o jefes. Los que no tienen trabajo sufren porque no lo tienen y los que trabajan sufren porque quisieran tener un premio y no volver nunca más a sus lugares de trabajo. Algunos sufren porque ya no quieren su trabajo dependiente y quisieran encontrar una actividad independiente y mejor remunerada.
Los que están solos sufren porque no encuentran pareja. Los que tienen pareja sufren porque no es lo que querían. Los que estando casados y quieren separase sufren porque no se atreven. Los que perdieron su pareja sufren por quedarse solos. Los que no tienen hijos sufren por no poder tenerlos. Los que tienen hijos sufren porque no pueden darle todo lo que quisieran o porque tienen problemas con sus conductas. Los que les dan todo a los hijos sufren porque ellos no la han agradecido. Los que son abandonados por sus hijos sufren por su desprecio. Los que no han tenido a su padre sufren por haber crecido solos y desamparados. Los que han tenido padres abusivos sufren por el daño causado.
Los que son pobres sufren por no tener más. Algunos ricos sufren por no tener amor. Algunos que tienen amor sufren porque no tienen dinero. Algunos que tienen mucho dinero lo darían todo a cambio de la felicidad. Algunos pobres creerían ser felices si fueran ricos. Algunos pobres son felices en su pobreza porque los ricos son malos. Algunos pobres sufren su pobreza creyendo que no pueden optar y cambiar su condición.
Los enfermos sufren por sus dolencias. Algunos que están completamente sanos sufren de vicios para olvidar sus pasados dolorosos. Los que son impedidos sufren por serlo. Algunos estando completamente sanos sufren porque creen estar impedidos. Algunos estando completamente libres creen ser esclavos de ciertas circunstancias. Algunos estando completamente sanos sufren porque creen estar enfermos.
¡Que locura¡
Si estamos disponibles para sufrir y seguir sufriendo, tenemos todos estos ejemplos y mucho más. Pero ¿qué razón tenemos para ello? Ninguna.
Hemos estado tan acostumbrados a sufrir, que hemos confundido el sufrimiento con una virtud. Nos parece que mientras más sufrimos mas apoyo recibiremos y nos sentimos mas unidos en el dolor que en ninguna otra circunstancia. Hemos aceptado sufrir por miles de razones que no merecemos.
Por eones de tiempo hemos vivido todo esto y aun mucho más, miles de situaciones que ahora nos parecen inimaginables. Cada cual ha tenido lo suyo y cada cual ha salido adelante como ha podido. Hemos vivido en el escenario de la tragedia y hemos participado en muchas y variadas películas. El caso es que ninguna de esas películas es la verdad. La verdad se encuentra por sobre todo esto.
En estos hermosos tiempos podemos elevar la mirada, elevar nuestra conciencia y comprender que todo el juego puede terminar al comprender que nuestras historias de sufrimiento no corresponden a lo que somos.
Si tomas tu película y utilizas un filtro que no deje pasar el miedo, el sufrimiento y el drama, puedes ver lo te queda. Te quedas con una situación neutra, con todas las posibilidades en la mano, con la alternativa de elegir un nuevo desenlace solo por la dicha de experimentar.
El que no estudió antes puede hacerlo ahora. Los hijos tienen más acceso a los estudios formales porque lo hemos ido consiguiendo entre todos y podemos avanzar mucho mas elevando la calidad de la educación. Puedes crearte el trabajo que necesitas, si amas lo que haces serás inmensamente dichoso y muy bien recompensado, nunca te faltará. Si comprendes que nadie te puede hacer sufrir porque eres invulnerable, jamás tendrás problemas con nadie y serás grandemente estimado por los demás y te buscarán para que trabajes con ellos. El amor de pareja puede triunfar si existe la voluntad y si no fuera posible, tendrás la dicha de volver a intentarlo nuevamente con más decisión aun. Si no tiene hijos los puedes tener si lo deseas. Si tienes hijos y los amas y honras, jamás tendrás problemas con ellos y crecerán en armonía. Si has tenido vivencias doloras de infancia las puedes olvidar y crearte una nueva vida ahora. Los enfermos no son indefensos, ellos pueden sanarse a si mismos, solo hace falta amarse mucho.
El universo nos da tantas posibilidades para crear, para manifestar y encontrar los recursos que necesitamos, que sufrir por no encontrarlos está demás. Mejor es invocarlos para verlos.
Ya es hora de entender que no es necesario seguir creando mas desgracias. Podemos dar un punto final, podemos todos unidos en una mente colectiva tener una nueva conciencia que limpie todo nuestro pasado y hacer una nueva vida.
Todos anhelamos volver a casa y no podremos entrar allí cargados de dolor y sufrimiento. Todos los que han llegado allí, han tenido que abandonarlos en algún momento. No es posible que las puertas del cielo se abran para los que aun están cargados y cansados, eso no existe allí.
Patricia Gonzalez.
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Iniciamos una aventura para re-inventarnos a través del conocimiento, con lecturas que nos permitan tener una mejor calidad de vida.
domingo, 16 de marzo de 2014
sábado, 15 de marzo de 2014
La vida
Disfrutar de la vida, cuantas veces hemos escuchado esta frase, y cuantas veces también, de manera inconsciente la mayoría de ellas, nos dejamos atemorizar por lo que este concepto encierra, ¿Cómo disfrutar mientras otras personas sufren?, ¿Cómo disfrutar con la condición del país? , ¿Cómo disfrutar cuando otros “nos impiden” ser felices?
Es una decisión personal, es ir contra la corriente, es entender y aceptar la idea de que aportamos más a este mundo desde el amor, la felicidad y el disfrute pleno de nuestra existencia y nuestras facultades que desde el temor, la tristeza y la amargura por nuestras carencias, o aquello que aun no hemos tenido, o hemos dejado de tener. ¿Qué no es tan fácil? ¿Qué como lograrlo? Esta es una respuesta que nace desde el corazón de cada persona, que es capaz de aceptar una mágica respuesta universal… ¡Aceptar que si es posible!!!
Cuando te digan: "No pierdas de vista tus sueños", cierra los ojos... ¡Y sigue a tu corazón!
Es una decisión personal, es ir contra la corriente, es entender y aceptar la idea de que aportamos más a este mundo desde el amor, la felicidad y el disfrute pleno de nuestra existencia y nuestras facultades que desde el temor, la tristeza y la amargura por nuestras carencias, o aquello que aun no hemos tenido, o hemos dejado de tener. ¿Qué no es tan fácil? ¿Qué como lograrlo? Esta es una respuesta que nace desde el corazón de cada persona, que es capaz de aceptar una mágica respuesta universal… ¡Aceptar que si es posible!!!
Cuando te digan: "No pierdas de vista tus sueños", cierra los ojos... ¡Y sigue a tu corazón!
domingo, 9 de marzo de 2014
Demasiado fango
Ya hay demasiado fango en el sendero, no le amontones más. Es ingrata tarea el hacer resbalar a los demás.
Ya hay demasiado barro por la vida para que tú eches más. Sé tú de los que aparten ese barro para no salpicar a los demás.
Ya hay demasiadas sombras por el mundo, ya no le pongas más. Haz tu vida tan clara y luminosa que evites tropezar a los demás.
Hay tanta podredumbre dondequiera que no es justo que tú la aumentes más; echa a andar tu pureza sin temores, y entonces vivirás …
Francisco Estrello
Ya hay demasiado barro por la vida para que tú eches más. Sé tú de los que aparten ese barro para no salpicar a los demás.
Ya hay demasiadas sombras por el mundo, ya no le pongas más. Haz tu vida tan clara y luminosa que evites tropezar a los demás.
Hay tanta podredumbre dondequiera que no es justo que tú la aumentes más; echa a andar tu pureza sin temores, y entonces vivirás …
Francisco Estrello
Reflexión Sobre el Adiós
Ningún adiós es fácil, no es sencillo recibirlo y nunca hay suficiente tiempo para reunir las palabras precisas para comunicarlo a quien nos acompaño por un tiempo. Por más lleno de piedad o ternura siempre está el dolor presente como fiel guardián garantizando que alguno de los dos sufra de manera extrema y sea llevado hasta el precipicio de la locura donde lo único que se ve es desesperanza, desolación, noches de llanto y llenas de dolor.
Por más suaves que sean las palabras del adiós, aunque a cada tilde se adornada por una flor, un vocablo por un regalo o abrazo por un chocolate, el daño es garantizado. No hay explicación, sólo es como una sentencia leída por un juez "y desde hoy sufrirás y no te acompañaré más". El sentido de pertenencia desarrollado hacia el otro, el te quiero y el te amo como contratos, las ganas de no ser abandonados, la felicidad puesta en el otro se va y nosotros no tenemos argumentos con que retenerla. Podemos estar disponibles sexualmente, afectivamente, llamar en los momentos de dificultad, volver a los detalles que al inicio hicieron a esa persona fijarse en nosotros, alejarnos, intentar fórmulas dichas por los amigos, por los libros de sicología barata, consultar libros sagrados, y ni así lograremos evitar que ese adiós se ejecute un paso tras otro hasta hacernos comprender que hemos quedado solos, amando solos.
Nos acompañarán durante mucho tiempo las canciones, los amigos olvidados, uno que otro poema, los malos y buenos consejos, las recaídas, el llanto tratando de sacar afuera el dolor, la necesidad de su voz inicialmente que pronuncie el contrato de regreso y luego solo su voz, uno que otro amor furtivo hasta que por fin esa soledad se consolide, hasta que la pertenencia se pierda.
Esta tarea de estar recibiendo y dando adioses no es fácil, hasta que por fin pasa uno de los dos acontecimientos, se nos adormece el corazón o nos volvemos complejos y se nos pierde el sentido del amor de cómo se siente de cómo darlo o como recibirlo. Y sin quererlo también nos volvemos expertos en darlos, y en cuidar a los que los han recibido ya sabemos que pasarán por la locura, las ganas de muerte, la desesperación, las entregas al otro fallidas, y por último la sensatez y la aceptación; hay quienes lo viven mas rápido o lo disimulan más pronto, la verdad aun no lo se, pero este por lo general es el proceso.
Y en la manera de dar adioses es variada, una es contundente, simplemente adiós y se dan si mucho algunas explicaciones; otra es cobarde, simplemente se deja que se enfríe la relación y algunas son dolorosas, cuando por desdicha nos vemos comparados con otros y vemos que fuimos engañados por un tiempo y que los labios de la persona amada fueron compartidos con otro que malditamente se los ha venido a quedar. Hay quienes se toman el tiempo en ayudarle al otro a decir adiós, pero por mas caritativa y loable que sea esta obra digna de santos (pues escuchar a alguien al borde de la locura, que no logra entender por que si todo estaba bien el adiós es inevitable) siempre termina tomando posturas radicales para que el proceso termine.
El adiós seguirá yendo y viniendo a nuestras vidas de diferentes formas, algunas veces lo pronunciaremos otras lo dirán como la sentencia de muerte, otras veces será forzado por el destino, y sólo nos queda, hacernos tarde o temprano amigos de él, como de otros tantos vicios que tiene este ejercicio de seguir vivo.
Por más suaves que sean las palabras del adiós, aunque a cada tilde se adornada por una flor, un vocablo por un regalo o abrazo por un chocolate, el daño es garantizado. No hay explicación, sólo es como una sentencia leída por un juez "y desde hoy sufrirás y no te acompañaré más". El sentido de pertenencia desarrollado hacia el otro, el te quiero y el te amo como contratos, las ganas de no ser abandonados, la felicidad puesta en el otro se va y nosotros no tenemos argumentos con que retenerla. Podemos estar disponibles sexualmente, afectivamente, llamar en los momentos de dificultad, volver a los detalles que al inicio hicieron a esa persona fijarse en nosotros, alejarnos, intentar fórmulas dichas por los amigos, por los libros de sicología barata, consultar libros sagrados, y ni así lograremos evitar que ese adiós se ejecute un paso tras otro hasta hacernos comprender que hemos quedado solos, amando solos.
Nos acompañarán durante mucho tiempo las canciones, los amigos olvidados, uno que otro poema, los malos y buenos consejos, las recaídas, el llanto tratando de sacar afuera el dolor, la necesidad de su voz inicialmente que pronuncie el contrato de regreso y luego solo su voz, uno que otro amor furtivo hasta que por fin esa soledad se consolide, hasta que la pertenencia se pierda.
Esta tarea de estar recibiendo y dando adioses no es fácil, hasta que por fin pasa uno de los dos acontecimientos, se nos adormece el corazón o nos volvemos complejos y se nos pierde el sentido del amor de cómo se siente de cómo darlo o como recibirlo. Y sin quererlo también nos volvemos expertos en darlos, y en cuidar a los que los han recibido ya sabemos que pasarán por la locura, las ganas de muerte, la desesperación, las entregas al otro fallidas, y por último la sensatez y la aceptación; hay quienes lo viven mas rápido o lo disimulan más pronto, la verdad aun no lo se, pero este por lo general es el proceso.
Y en la manera de dar adioses es variada, una es contundente, simplemente adiós y se dan si mucho algunas explicaciones; otra es cobarde, simplemente se deja que se enfríe la relación y algunas son dolorosas, cuando por desdicha nos vemos comparados con otros y vemos que fuimos engañados por un tiempo y que los labios de la persona amada fueron compartidos con otro que malditamente se los ha venido a quedar. Hay quienes se toman el tiempo en ayudarle al otro a decir adiós, pero por mas caritativa y loable que sea esta obra digna de santos (pues escuchar a alguien al borde de la locura, que no logra entender por que si todo estaba bien el adiós es inevitable) siempre termina tomando posturas radicales para que el proceso termine.
El adiós seguirá yendo y viniendo a nuestras vidas de diferentes formas, algunas veces lo pronunciaremos otras lo dirán como la sentencia de muerte, otras veces será forzado por el destino, y sólo nos queda, hacernos tarde o temprano amigos de él, como de otros tantos vicios que tiene este ejercicio de seguir vivo.
martes, 4 de marzo de 2014
Generosidad y egoísmo
Dice una antigua leyenda china, que un discípulo preguntó al Maestro:
"¿Cuál es la diferencia entre el cielo y el infierno?".
El Maestro le respondió:
"Es muy pequeña, sin embargo tiene grandes consecuencias. Ven, te mostraré una imagen de cómo es el infierno".
Entraron en una habitación donde un grupo de personas estaba sentado alrededor de un gran recipiente con arroz, todos estaban hambrientos y desesperados, cada uno tenía una cuchara tomada fijamente desde su extremo, que llegaba hasta la olla. Pero cada cuchara tenía un mango tan largo que no podían llevársela a la boca. La desesperación y el sufrimiento eran terribles.
Ven, dijo el Maestro después de un rato, ahora te mostraré una imagen de cómo es el cielo. Entraron en otra habitación, también con una olla de arroz, otro grupo de gente, las mismas cucharas largas... pero, allí, todos estaban felices y alimentados. "¿Por qué están tan felices aquí, mientras son desgraciados en la otra habitación, si todo es lo mismo?
Como las cucharas tienen el mango muy largo, no pueden llevar la comida a su propia boca. En una de las habitaciones están todos desesperados en su egoísmo, y en la otra han aprendido a ayudarse unos a otros.
"¿Cuál es la diferencia entre el cielo y el infierno?".
El Maestro le respondió:
"Es muy pequeña, sin embargo tiene grandes consecuencias. Ven, te mostraré una imagen de cómo es el infierno".
Entraron en una habitación donde un grupo de personas estaba sentado alrededor de un gran recipiente con arroz, todos estaban hambrientos y desesperados, cada uno tenía una cuchara tomada fijamente desde su extremo, que llegaba hasta la olla. Pero cada cuchara tenía un mango tan largo que no podían llevársela a la boca. La desesperación y el sufrimiento eran terribles.
Ven, dijo el Maestro después de un rato, ahora te mostraré una imagen de cómo es el cielo. Entraron en otra habitación, también con una olla de arroz, otro grupo de gente, las mismas cucharas largas... pero, allí, todos estaban felices y alimentados. "¿Por qué están tan felices aquí, mientras son desgraciados en la otra habitación, si todo es lo mismo?
Como las cucharas tienen el mango muy largo, no pueden llevar la comida a su propia boca. En una de las habitaciones están todos desesperados en su egoísmo, y en la otra han aprendido a ayudarse unos a otros.
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