martes, 9 de abril de 2013

¿Debo aceptar que necesito el cariño de otros, o debo ser independiente?

Muchas personas se plantean esta interrogante cuando se dan cuenta que necesitan demasiado de los demás o de alguna persona en particular. Algunas otras lo hacen cuando tratan de justificar su actitud distante por el miedo que tienen a depender de los demás y luego verse defraudados al perder el apoyo o cariño de esas personas.

Especialmente en las relaciones de pareja nos vemos obligados a tomar el riesgo de vivir una entrega que puede doler (o enojar cuando nuestra pareja no responde como queremos), o a vivir una relación emocionalmente distante porque buscamos no involucrar realmente nuestros sentimientos para no depender del otro.

Pues quisiéramos darte una nueva idea para resolver este dilema. Esta respuesta forma el camino para poder crear relaciones bonitas, profundas y satisfactorias. También es la vía directa para vivir una vida de apertura al cariño, el apoyo y la aceptación de los demás sin caer en relaciones de codependencia, enojos y conflictos con otros.

La fórmula se llama Autonomía Emocional. Es la manera útil y madura de manejar nuestras necesidades personales y nuestras relaciones con los demás de manera armoniosa y satisfactoria.


Se logra básicamente entendiendo que es normal que tengamos necesidad de las demás personas, pero que a la vez no es grave ni dramático cuando los demás nos fallan o no pueden atender y apoyarnos con nuestras necesidades.

La Autonomía Emocional es el reflejo de dos cualidades de la personalidad que se pueden desarrollar con facilidad: la autoestima y el desapego de las relaciones. Cuanto más alta y auténtica sea nuestra autoestima más fácil será desarrollar autonomía emocional y más plenas serán nuestras relaciones. Así mismo, mientras más aprendamos a manejar las pérdidas de una relación, más autonomía tendremos.

Si quieres tener más seguridad, carisma y gozo en todas tus relaciones, te invitamos a tener esta idea en cuenta. Es normal necesitar cariño, aceptación y apoyo de los demás, pero no es dramático cuando no podemos tenerlo.

Por supuesto, practicar esta idea no es tan fácil sin crecer en una autoestima verdadera. Recordemos que es muy fácil crear una autoestima falsa y que mucha gente por eso no tiene autonomía emocional, porque cree tener muy buena autoestima, pero en realidad sólo tiene una “armadura de autoestima” que le hace ser incapaz de desarrollar autonomía emocional.

Te recomendamos hacer un trabajo constante en tu autoestima para acabar con la falsa estima personal y crecer en autonomía, verás una transformación muy importante de muchas cosas en tu vida.

Además es importante aprender a desapegarse de las relaciones. Pero desapegarse no es dejar de depender de los demás ni ser distantes emocionalmente. Desapegarse es aprender a manejar la pérdida de una situación en que contábamos con alguien en cualquier sentido y que por cualquier razón no nos puede apoyar o responder como quisiéramos.

Una ventaja más de la autonomía emocional es que forma la base para que los demás nos vean como atractivos y agradables, así que en este tema hay todo que ganar: mejores relaciones, menos decepciones y más aceptación y cariño. Y todo sólo por aprender un poco más de nosotros mismos.

Fuente: Mi superación personal


¿En Qué Consiste Una Comunicación Efectiva?

Es absolutamente normal tener conflictos con otras personas. Finalmente cada persona piensa y actúa de manera única, y es inevitable que en algún momento choquemos con alguien en un tema determinado.

El problema no es que existan los conflictos, sino el saber cómo manejarlos cuando suceden.Un mal manejo del conflicto puede hacer que lo que era un simple malentendido se convierta en un verdadero problema.

A veces nos enfrascamos en la idea de que existe una verdad absoluta, y que además nosotros somos quienes la conocemos y debemos demostrarle al otro lo mal que está. ¿Te suena conocido?

Bueno, este es uno de los principales obstáculos para una comunicación efectiva, ya que cuando dos personas piensan de esta manera, lo único que se logra es tener a dos personas plantadas en su postura, tratando de demostrarle al otro su error.

Te vamos a dar unos tips de comunicación para que pongas en práctica la próxima vez que entres en conflicto con tu pareja, con tu jefe o algún compañero, los cuales te ayudarán a tener una comunicación mucho más efectiva y productiva:

1. Escucha. Este es un punto muy obvio, pero que no solemos llevar a cabo. Escuchar no significa dejar que el otro hable sin interrumpirlo, esperando a que termine para entonces yo decirle en qué está mal. Escuchar es realmente ponerme en los zapatos de la otra persona. Entender qué siente y por qué lo siente. Entender qué de lo que yo he hecho o dicho le está afectando de qué manera. No importa si creo que tiene razón o no. Ese no es el punto. Recuerda que no se trata de que haya un ganador, sino de resolver el conflicto, para lo cual necesitas entender de verdad qué le sucede a la otra persona. Aunque no estés de acuerdo, si la otra persona lo sientes así, esa es la verdad. Escúchala.

2. Resuelve el problema presente. No traigas veinte ejemplos pasados que se parecen al problema presente. No van a poder resolver todos y solamente va a hacer que el enojo aumente. Traten de enfocarse en lo que está sucediendo en el momento presente y hablar solamente de él.

3. Habla de lo que sientes, no critiques a la otra persona. No juzgues al otro con calificativos como: “estás mal”, “siempre te equivocas”, “eres muy enojón”, etc. Más bien habla de lo que tú sientes. Por ejemplo: “cuando gritas de esa manera yo siento miedo”, “no me siento a gusto con la manera como haces eso”, etc. Hazte responsable de tus sentimientos, en vez de atacar al otro.

4. No reacciones a la crítica. Si la otra persona te critica, mantén tu tranquilidad. Esto suena más fácil de lo que es en realidad. Se trata de que no te sientas vulnerable a los comentarios de la otra persona. Que entiendas que el otro está alterado y por lo tanto va a tratar de defenderse. No es nada fácil no tomarse personal este tipo de críticas en medio de un conflicto. De hecho se necesita tener una autoestima sólida que te permita estar presente en medio de un conflicto, aún escuchando las críticas sin que eso te afecte. No critiques de regreso ya que eso se convertirá en una escalada de críticas y agresiones. Aunque te moleste la crítica, trata de escuchar al otro. ¿Por qué lo dice? ¿Qué le está molestando? date cuenta que probablemente está en un estado emocional alterado y por lo tanto el criticarte es una manera de defenderse. No lo tomes personal, recuerda que la prioridad es resolver el conflicto, no agrandarlo.

5. Reconoce tus errores. Una vez que hayas escuchado lo que la otra persona tiene que decir, reconoce la parte que sí te corresponde. En la gran mayoría de los conflictos, las dos partes tienen parte de la responsabilidad. A veces queremos hacernos víctimas y poner a la otra persona como la causante absoluta del conflicto, pero si somos objetivos y realmente aprendemos a escuchar, podrás darte cuenta de cual es tu parte en el conflicto. Una vez que lo identifiques, reconócelo a la otra persona. Esto hará que ella sienta que sí se le escucha, y en vez de seguir atacando, probablemente estará más dispuesta a dialogar y reconocer sus propios errores también.

6. Confirma lo que has entendido. Este punto es importante. Se trata de decirle a la otra persona lo que tú has entendido que le molesta, simplemente para verificar si efectivamente entendiste bien. Parece un poco obvio y repetitivo, pero te sorprenderá saber la cantidad de malos entendidos que se dan, incluso cuando aparentemente ya se dialogó. Decir algo tan simple como: “Lo que he entendido que te molesta es....”, y luego preguntar: “¿es correcto? ¿o hay algo que entendí mal o que me faltó entender?”
7. Plantea posibles soluciones. Una vez que has entendido lo que realmente le sucede al otro, y que tienes claro lo que te molesta a ti, puedes empezar a proponer posibles soluciones que le ayuden a ambas partes a estar más a gusto con el tema de conflicto. Se trata de proponer y pedirle su opinión a la otra persona, así como invitarla a proponer también opciones. No se trata de imponer una solución que tu crees es la mejor. Recuerda que hay que escuchar y tomar en cuenta al otro. Nunca asumas que sabes lo que el otro quiere. Mejor pregúntale.

8. Aléjate si no puedes manejarlo. Si en algún momento sientes que estás perdiendo la calma y te está ganando el enojo, la frustración o las ganas de criticar al otro, mejor aléjate de la situación hasta que te tranquilices. Dile a la otra persona tranquilamente algo como: “En este momento creo que me estoy alterando y ya no puedo seguir con esta discusión. Necesito alejarme un rato y cuando me calme quisiera retomarla para que encontremos una solución que nos beneficie a los dos”. Si la otra persona insiste en que sigan hablando, vuelve a explicarle enfatizando tu interés en resolver el problema de la mejor manera posible, diciendo algo como: “Me interesa mucho que resolvamos esto y me interesa mucho poder escucharte y entenderte. Por eso necesito alejarme un momento para calmarme y poder seguir encontrando una solución que nos funcione a los dos”.

Recuerda que la prioridad es encontrar una solución que sea aceptable para ambas partes. Que no se trata de una lucha de poderes o de que alguien gane la discusión. Se trata de entender a la persona con la que estás teniendo el conflicto.

Para lograr una comunicación muy efectiva y que puedas mantenerte en un estado tranquilo en medio de las críticas y los comentarios negativos de la otra persona, te recomendamos mucho hacer un trabajo profundo para fortalecer tu autoestima. Esto te ayudará a no tomarte los comentarios de manera personal, te permitirá realmente ponerte en los zapatos del otro, podrás reconocer tus propios errores sin miedo a hacerlo, y sobre todo a sabrás que tú puedes tener el control de ti en medio de una situación de conflicto.

Pon en práctica estos tips y verás cómo mejoran notablemente tus relaciones interpersonales.


Fuente: Mi superación personal


lunes, 8 de abril de 2013

"El Cambio Lo Generas Tú"

“Dices que quieres una revolución…” Lennon/McCartney

Sin duda te ha tocado escuchar que necesitamos un cambio, que las cosas no pueden seguir igual, y muy probablemente estés de acuerdo. Sin embargo, como la mayoría de las personas, quizás no tengas idea de por dónde empezar. ¿Cómo cambiar lo que ha durado por siglos, aunque haya caducado?

Una revolución es, como su nombre lo indica, un giro, casi siempre en otra dirección. Las revoluciones históricas han cambiado las circunstancias sociales y hasta los países, aunque desafortunadamente no siempre para el beneficio de la mayoría.

Y es que la verdadera revolución, el cambio significativo no puede ser solamente externo. ¿De qué sirve derrocar un gobierno para poner otro con personas que piensan exactamente igual que aquellas a las que destronaron?

Así, el verdadero cambio, la vuelta, el giro, la revolución, deben ser de fondo, de sustancia y no solo de forma. He ahí el reto. ¿Cómo cambiar el fondo y la sustancia de cada individuo de una sociedad?

Te diría que es casi imposible, utópico. La vida apenas alcanza para conocerse uno mismo y tratar de cambiar lo que no nos favorece.

¿Pero sabes qué es lo mejor de todo? Con eso es más que suficiente. Si todos nos aplicáramos en el cambio para mejorar, se convertiría en un “efecto domino” que más temprano que tarde permearía a la sociedad y al mundo.

So no lo crees, simplemente recuerda cómo cambia el ambiente cuando estás entre un grupo de personas negativas y quejumbrosas, o uno de gente positiva y alegre.

“¿Y cómo cambio?” nos preguntamos los viajeros de esta travesía. No es fácil, pero sí existen referencias históricas y esotéricas de lo primero que tenemos que cambiar:
La mente.

Recientemente leí un libro de Maurice Nicoll sobre la interpretación no tan literal de la Biblia. En él narra cómo los discípulos le preguntaron a Jesús sobre los muertos a manos de Pilatos, y sobre otra tragedia en la ciudad de Siloé.

Los apóstoles deseaban saber cómo librar tal fortuna, y Jesús les dice: “Si no os arrepentís, correréis la misma suerte”.

Interesante, la palabra arrepentir. Según el erudito autor de este libro, que en español se llama ‘La flecha en el Blanco’, la palabra arrepentirse aparece en todo el Nuevo Testamento traducida de manera errónea desde el griego original.

La palabra que se traduce como arrepentirse en las versiones modernas de la Biblia es metanoia. ¿Y sabes qué quiere decir metanoia en griego?

Cambio de la mente.

Meta es la transformación o revolución, noia viene de nous, que significa mente. La revolución de la mente.

Por otro lado, la palabra arrepentirse viene del latín penitare, que significa tener pena. Nada que ver. Jesús no les pide a sus seguidores que tengan pena o que sufran, les pide que cambien su manera de pensar.

Resumiendo, ¿queremos dejar de ver tragedias, de tener mala suerte, de vivir con penas? Cambiemos la mente. Transforma tu manera de pensar y transformarás tu realidad.

Revoluciona tu pensamiento y cambiarás tu vida, tu entorno, y ¿por qué no?, hasta al mundo.


Fuente: Mi Superación Personal

¿Por Qué Nos Cuesta Trabajo Decir "NO"?

¿Alguna vez te has encontrado en una situación en la que aceptas hacer algo que en realidad no querías?

A todos nos ha pasado. Te invitan a una boda a la que no tienes ganas de asistir, pero dices “si, claro, ahí estaré”. Tu tía te regala un suéter con puntos morados para navidad y al preguntar si te gusta, dices: “¡me fascina!”. Tus compañeros del trabajo organizan una cena y aunque prefieres irte a descansar a tu casa, no sabes cómo negarte y terminas asistiendo.

Hay muchas razones por las cuales nos cuesta trabajo decir “no”. Por supuesto, depende de la situación, y de la persona. Hay situaciones en las que es prácticamente imposible decir “no”, como cuando tu jefe te “pide” que te quedes a una junta muy importante después de tu horario de trabajo. Existen otras en las que suele ser más fácil, como cuando llega a pedirnos dinero en la calle quien obligadamente te limpia el parabrisas del carro.

La dificultad para decir “no” es algo normal y adaptativo en cierta medida. Como en todas las conductas humanas, existen los extremos, y mientras más nos acercamos a uno u otro, comenzamos a tener problemas.

En el caso de saber decir “no”, en un extremo están las personas a las que prácticamente nunca les cuesta trabajo decirlo. Estas personas que de primera instancia pudieran parecer muy seguras de si mismas, suelen tener muy poca capacidad para empatizar con las necesidades de los demás y por lo mismo tienen fuertes problemas interpersonales.

En el otro extremo están aquellos a los que les es prácticamente imposible decir “no”, y viven su vida resolviendo las necesidades de otros anulándose a sí mismos y a sus propias necesidades y deseos.

El decir “no” es difícil cuando implica ir en contra de las expectativas o deseos de otro, es decir, cuando nos piden algo o esperan algo de nosotros, ya sea una reacción determinada, una opinión, una conducta, etc., o cuando otra persona manifiesta su deseo y depende de nosotros satisfacerlo.

Mencionamos anteriormente que esta dificultad para negarnos es, en cierta medida adaptativa, ya que efectivamente hay situaciones en que socialmente nos es más conveniente y funcional decir “si”, aunque en el fondo quisiéramos decir “no”.

El conflicto surge específicamente cuando se encuentran dos necesidades opuestas. Si alguien nos pide hacer algo que sí deseamos hacer, no hay conflicto alguno. Son dos necesidades que van en la misma dirección. Pero si nos piden hacer algo que nosotros no deseamos hacer, es cuando entramos en conflicto. Tenemos que decidir a qué necesidad darle prioridad, si a la mía, o a la del otro.

Algunos de los motivos más comunes que nos dificultan decir “no” son los siguientes:

- Por evitar un conflicto. Si sabemos que negarnos va a generar una situación problemática para nosotros, generalmente tendemos a ceder. Sobre todo si esa problemática nos es significativa, como en el caso del jefe y la junta de trabajo.

- Por no hacer sentir mal al otro. Lo que es mejor conocido como culpa. Muchas veces, sin darnos cuenta, nos imaginamos lo que el otro va a sentir si nos negamos. Por supuesto que nosotros solo lo imaginamos y no sabemos cómo lo va a tomar en realidad la otra persona, pero nos dejamos guiar por aquello que imaginamos que va a sentir, y si eso que imaginamos no resulta agradable, preferimos no hacerlo pasar por eso.

- Por miedo a no ser aceptado. Contrario a imaginarnos lo que va a sentir la otra persona si nos negamos, más bien nos imaginamos lo que va a pensar de nosotros. Esto es un miedo a ser rechazado, el cual en algunas personas es más marcado que en otras.

- Por sentir que no tengo derecho a negarme. Esto generalmente es un problema de autoestima, en donde damos por hecho que las necesidades del otro son más importantes que las nuestras, y en cuanto nos piden algo, inmediatamente hacemos de lado lo nuestro para atenderlos.

El problema de no saber decir “no” es que después tenemos que afrontar las consecuencias. Nos obligamos a vivir situaciones que no deseábamos. Es importante reconocer cuál es tu necesidad o deseo, y decidir si eso es una prioridad para ti en ese momento, o si estás dispuesto a ceder a los deseos del otro. No es lo mismo ceder porque me siento obligado a hacerlo, que ceder porque yo lo decido así. Y de igual modo podemos aprender a decir “no” si esto significa poner atención a nuestras propias necesidades y atenderlas. De hecho, es señal de buena autoestima. A veces sentimos que decir “no” por pensar en nuestras necesidades es egoísmo, y en realidad no lo es, si sabemos cuándo queremos ceder, y cuándo no.

Esto es lo más importante para aprender a decir “no”: saber reconocer cual es tu necesidad, deseo o interés. Una vez que lo identifiques, solamente tú podrás decidir si en ese momento tu necesidad es una prioridad para ti, o no lo es. Nadie puede definir esto por ti.

Tips para aprender a decir “no”:

1. Pregúntate si lo que te están pidiendo es algo que tu realmente quieres hacer. Piénsalo detenidamente, no te dejes llevar por el impulso de decir “si”. Observa si TU realmente deseas hacerlo o no, independientemente de los deseos o las expectativas del otro.

2. Toma tu tiempo antes de responder. No des una respuesta en ese momento, di algo como: “déjame pensarlo y te digo al rato”, o “tengo que verificar si no tengo otros compromisos, pero te confirmo mañana”. Esto te va a ayudar mucho a observar con calma si lo que te están pidiendo es algo que tu quieres hacer o no.

3. Pregúntate si tienes el tiempo para hacerlo. Muchas veces no es que no queramos complacer al otro, simplemente no tenemos el tiempo. Evalúa tus prioridades y si decides que puedes dedicar algo de tu tiempo al otro sin afectar tus proyectos, adelante. De lo contrario, es mejor decir “no”.

4. Puedes buscar un punto medio. Tal vez no quieras hacer exactamente lo que te piden pero si estás dispuesto a buscar un acuerdo en el que ambas partes ceden un poco. Di “no”, pero propón otra alternativa. Puedes decir algo como: “mira, hoy no puedo ayudarte con eso pero si no te es muy urgente, mañana sí tendría una hora para ayudarte”.

5. Si vas a decir “no”, sé honesto y amable. Lo mejor es decirle al otro que no podemos porque tenemos otros pendientes, sin tener que entrar en detalles, y decírselo de la manera más amable y con seguridad, que al decir “no”, no te sientas mal de decirlo. Se trata de que puedas decir “no” con la seguridad de que es tu decisión y de que tienes todo el derecho de negarte. Recuerda que es señal de buena autoestima. Es mejor decir no con una sonrisa que con cara de culpa, ¿no crees?

Recuerda: Lo más importante es que tu sepas qué es lo mejor para ti, qué si va con tus planes y tus proyectos y qué no. Así es cómo vas a poder ser tú quien decida cuando decir “sí”, y cuando decir tranquilamente “no”.

Fuente: Mi Superación Personal 


domingo, 7 de abril de 2013

Culpa vs. Responsabilidad


¿Quién no se ha sentido culpable en su vida? Seguramente te ha pasado, que lastimas a otra persona sin querer y luego sientes una gran culpa. Todos cometemos errores, algunos insignificantes y otros muy importantes. El hecho es que cuando uno de estos errores afecta de alguna manera a otra persona, nos sentimos mal.

La culpa es un indicador de que estamos rompiendo una de las “reglas” sociales. Ya sean reglas establecidas formalmente, como respetar las señales de alto en la calle, o reglas implícitas o autoimpuestas como evitar herir los sentimientos de otros. La culpa se define como el estado emocional que surge de pensar que hemos actuado de manera indebida (ya sea que hicimos algo que no debimos haber hecho, o que no hicimos algo que debíamos hacer). La culpa es una actitud formada por emociones y pensamientos, que nos llevan a una sensación de auto devaluación. Es decir, la persona que siente culpa, se califica negativamente como persona, se siente mal consigo misma y se siente devaluada de alguna manera.

Generalmente, la culpa surge de manera automática, y nos puede servir como indicador de que algo en nuestra conducta no está en armonía con lo que nosotros consideramos adecuado. Sin embargo, quedarse con el sentimiento de culpa una vez que nos hemos dado cuenta de la situación no sirve de nada. Ni nos sirve a nosotros ni a la persona a quien hemos lastimado.

De lo que se trata realmente es de asumir nuestros actos, y hacernos responsables de enmendar las situaciones, hasta donde sea posible. Hay una gran diferencia entre sentirme culpable y sentirme responsable. La culpa me hace sentirme mal conmigo y me devalúa. Hacerme responsable me hace sentir mal hacia la conducta, pero me sigo sintiendo bien conmigo, aceptando que cometí un error, pero que eso no me devalúa como individuo. Pongamos un ejemplo:

Imagínate que estás a la mesa comiendo con un amigo. De repente en la emoción de la plática, haces un brusco ademán con tu brazo y tiras el vaso de agua que estaba frente a ti, bañando por completo a dicho amigo.

Los pasos a seguir para reaccionar con responsabilidad en vez de con culpa son:

1. Lo primero que haces es reconocer ante ti mismo que cometiste un error. Muchas personas se atoran en este paso, y no pueden aceptar ni ante ellos mismos que se equivocaron. Niegan su responsabilidad y la quieren poner en algo o alguien más. Pueden llegar a pensar incluso cosas como “que vaso tan inestable, por su culpa ahora mi amigo está todo mojado”. Debes aceptar ante ti que sí fuiste tú quien cometió el error.

2. Debes reconocer ante ti mismo también, que fue un error. Que no fue intencional, que eres humano y sí, a veces te equivocas, y que eso está bien y es inevitable. Este paso es fundamental, para que tú primero que nadie, te perdones a ti mismo.

3. Entonces debes disculparte. Hacerle saber a tu amigo, que honestamente lamentas lo sucedido, que no fue tu intención, y que asumes el hecho. Esta es la parte de asumir tu conducta, tu error, frente a los involucrados.

4. Después de esto, lo más adecuado es hacerte responsable del hecho en vez de sentirte culpable por él. Es decir, estar dispuesto a hacer todo lo que esté en tus manos para resolver, componer o pagar lo necesario para que la situación se arregle en la medida de lo posible. En el caso de tu amigo, quizá debas preguntarle cómo lo ayudas, alcanzarle unas servilletas, acompañarlo al baño para ayudarlo a secar su ropa, o llevarlo a su casa para que se cambie de ropa, o bien ofrecerle pagarle la tintorería, y si quieres exagerar, ofrecerte a comprarle nueva ropa (muy loco pero podría suceder, depende del caso). Dar opciones para arreglar aquello que tú “descompusiste” sería actuar responsablemente. Y aquí viene lo más importante: ESTO ES TODO LO QUE PUEDES HACER, NO PUEDES HACER MÁS.

5. Finalmente te será muy útil observar y entender lo sucedido para procurar que no ocurra otra vez. Aprender todo lo que sea posible de la situación, y seguir adelante.

Si te fijas, todos estos pasos tienen que ver contigo, no con el otro. No estamos ni siquiera considerando si el otro se enojó o no, si aceptó tus disculpas o no, si se ofendió o le dio risa. No lo mencionamos porque nada de eso depende de ti. Tú únicamente puedes hacer aquello que está en tus manos, que es reconocer, disculparte y resolver hasta donde te es posible. No puedes directamente cambiar las reacciones del otro. Si el otro se enoja y a pesar de tus disculpas te insulta y a pesar de que ofreces todas las soluciones posibles, el otro decide seguir enojado y no aceptar que no fue tu intención, ese ya es problema del otro, eso sí no es tu culpa.

Tal vez digas: “pero sí fui yo quien lo mojó, es mi culpa que esté enojado”. En parte si, pero volvemos a que una vez que tu ya hiciste lo que está en tus manos,ya no puedes hacer más. Ya no depende de ti. Tú ya hiciste lo correcto. Ya aceptaste tu error y ofreciste corregir el problema. Ya puedes estar en paz y tranquilo contigo. Si tú ya te perdonaste, puedes sentirte bien contigo, aún sabiendo que cometiste un error. Si el otro está enojado y tú quieres ayudarle con su emoción, puedes pedirle disculpas otra vez, puedes soportar su enojo sin enojarte de regreso con él, pero en realidad tú no puedes asumir responsabilidad por las reacciones de otra persona. Quizá puedas intentar ayudarle a que se sienta bien, pero no eres responsable de su mente y todo lo que trae en ella.

Esta es la gran diferencia entre sentirte culpable y sentirte responsable. Con la culpa sientes que tú estás mal, te sientes mal contigo (y eres susceptible al chantaje y manipulación de otras personas que necesiten manipularte). Al hacerte responsable te sientes mal con el hecho, con el error, pero te sientes muy bien contigo.

Hay una gran diferencia entre sentirse culpable y hacerse responsable. No se trata de decir “bueno, ya no me voy a sentir culpable de lo que hice y ahora hago como que no pasó nada”, ya que esto sería una actitud inmadura e irresponsable. Se trata de reconocer mi error y hacerme responsable de él. Solamente puedo hacer algo por remediarlo hasta cierto punto. Más allá de eso ya no puedo. Ya no depende de mí.

Tampoco se trata de andar por la vida actuando sin pensar y cometiendo errores a diestra y siniestra con una mentalidad de “si el otro se enoja, ese ya no es mi problema”, ¡No! Eso también sería una actitud inmadura, propia de un niño que no sabe medir las consecuencias de sus actos y no tiene conciencia de cómo sus actos repercuten en los demás y en su medio, ya que vive centrado en si mismo.

Se trata de aceptar que eres humano, que te vas a equivocar, y que eso es inevitable. Que sentirte mal contigo por esos errores no sirve de mucho. Que es mejor aceptar tus fallas como parte de tu naturaleza y del proceso de crecimiento, y actuar con madurez y con responsabilidad frente a los demás. Para esto se requiere de una alta autoestima y seguridad personal.

Aquí usamos un ejemplo de un error poco relevante, pero lo mismo aplica para cualquier equivocación. No importa la dimensión de ésta. Lo único que está en tus manos finalmente es reconocerlo, disculparte, intentar solucionarlo hasta donde es posible y aprender de ello. Muchas veces no hay solución para la situación, y ni modo, no sirve de nada culparte tampoco en estos casos. El sentirte culpable no va a regresar el tiempo. Hay que aceptar las cosas como son, asumiendo la responsabilidad de nuestros actos, y sintiéndonos bien con nosotros mismos en toda situación. Esto es en gran medida el resultado de haber trabajado una buena autoestima. Valorarte a ti mismo de la mejor manera y con toda profundidad frente a éxitos y frente a fracasos, frente a aciertos y sobre todo, frente a los errores, que son de las cosas más normales y comunes de la vida.


Fuente: Mi superación personal