miércoles, 24 de septiembre de 2014

La búsqueda del Paraíso

La experiencia del niño obsesiona durante toda su vida a la gente inteligente. La quieren repetir: la misma inocencia, el mismo asombro, la misma belleza. Ahora es un eco lejano; parece como si la hubiese visto en un sueño.

Pero toda la religión nace de la cautivadora experiencia de la infancia, del asombro, de la verdad, de la belleza y de la hermosa danza de la vida en todas las cosas. Los cantos de los pájaros, los colores del arco iris, la fragancia de las flores recuerdan al niño, que ha perdido el Paraíso, en lo más profundo de su ser.

No es una coincidencia que todas las religiones del mundo tengan en sus parábolas la idea de que una vez el hombre vivió en el Paraíso y de alguna manera, por alguna razón, fue expulsado de él. Hay diferentes historias, diferentes parábolas, pero significando una verdad sencilla: estas historias son sólo un modo poético de decir que todo hombre nace en el Paraíso y después lo pierde. Los retrasados, los poco inteligentes, lo olvidan por completo.

Pero las personas inteligentes, sensibles, creativas, siguen estando obsesionadas por el Paraíso que una vez conocieron y que ahora permanece en ellas como una tenue memoria, difícil de creer. Empiezan a buscarlo de nuevo.

La búsqueda del Paraíso es nuevamente la búsqueda de tu infancia. Por supuesto, tu cuerpo no será ya el de un niño, pero tu conciencia puede ser tan pura como la de un niño. Este es el secreto del camino místico: hacerte de nuevo un niño inocente, sin contaminar por los conocimientos, sin saber nada, todavía consciente de todo lo que te rodea, con un profundo asombro y sentido del misterio que no puede ser desmitificado.

Fragmentos de El Libro de los Niños de Osho


martes, 23 de septiembre de 2014

El puerto salvador

Un barco que está en emergencia pone rumbo hacia un puerto salvador. Una vez arribado el peligro ha pasado. En él vuelve la calma. Su tripulación puede nuevamente sentir suelo firme bajo sus pies. Del mismo modo en nuestra vida, cuando nos hemos alejado mucho del suelo seguro, buscamos el lugar y las personas que nos acojan para con ellos volver a sentirnos en casa y seguros. Con ellos reencontramos la calma. Con ellos arribamos y volvemos a casa. Ellos son nuestro puerto salvador.

Entretanto ustedes ya se han dado cuenta a que puerto salvador me estoy refiriendo. En nuestra vida el lugar más seguro para nosotros fue y es nuestra familia. Cuando en ella hemos crecido lo suficiente y nos sentimos capaces de abandonarla ¿qué hacemos? Buscamos una nueva familia, buscamos una familia propia que fundamos junto a nuestra pareja. O buscamos un sustituto para nuestra familia de origen, otro contacto o una comunidad en la cual de una manera similar a nuestra familia original nos sintamos protegidos y aceptados. Un ejemplo puede ser una comunidad religiosa o un grupo al cual nos comprometemos a servir por muchos años. Por ejemplo, una compañía o también un barco. Del mismo modo que experimentamos a nuestra familia experimentamos al pueblo al que pertenecemos. Es decir nuestra comunidad, también nuestra religión, en la cual fuimos acogidos después de nuestro nacimiento. Por ejemplo, a través del bautismo. También allí encontramos refugio cuando nos sentimos en peligro.

¿Qué significa nuestra familia para nosotros?

En nuestra familia vinimos al mundo. Ella es la base creativa en la cual nosotros divisamos la luz del mundo. En ella fuimos cuidados durante largos años. En ella crecimos hasta llegar a ser independientes. En ella nos volvimos capaces de fundar nuestra propia familia para asimismo traspasar la vida y preparar a la próxima generación para que también ella forme una familia – un nuevo puerto salvador.

Bert Hellinger



miércoles, 3 de septiembre de 2014

Y es : ¡El amor!...

Cerca de un arroyo de aguas frescas, había un pequeño bosque. Los árboles eran muy variados. Todos gastaban las energías en ser más altos y grandes, con muchas flores y perfumes, pero quedaban débiles y tenían poca fuerza para echar raíz. En cambio un laurel dijo: "Yo, mejor voy a invertir mi savia en tener una buena raíz: así creceré y podré dar mis hojas a todos los que me necesiten".

Los otros árboles estaban muy orgullosos de ser bellos; ¡en ningún lado había tantos colores y perfumes! Y no dejaban de admirarse y de hablar de los encantos de unos y otros, y así, todo el tiempo, mirándose y riéndose de los demás.

El laurel sufría a cada instante esas burlas. Se reían de él, presumiendo sus flores y perfumes, meneando el abundante follaje.

-"¡Laurel!...(le decían) ¿para qué quieres tanta raíz? Mira, a nosotros todos nos alaban porque tenemos poca raíz y mucha belleza. ¡Deja de pensar en los demás! ¡Preocúpate sólo de ti!"

Pero el laurel estaba convencido de lo contrario; deseaba amar a los demás y por eso tenía raíces fuertes.

Un buen día, vino una gran tormenta, y sacudió, sopló y resopló sobre el bosque. Los árboles más grandes, que tenían un ramaje inmenso, se vieron tan fuertemente golpeados, que por más que gritaban no pudieron evitar que el viento los volteara.

En cambio el pequeño laurel, como tenía pocas ramas y mucha raíz, apenas si perdió unas cuantas hojas.

Entonces todos comprendieron que lo que nos mantiene firmes en los momentos difíciles, no son las apariencias, sino lo que está oculto en las raíces, dentro de tu corazón... allí... en tu alma...Y es : ¡EL AMOR!...

Desconozco a su autor

lunes, 1 de septiembre de 2014

La gente que me gusta...

"...Primero que todo me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y lo hace en menos tiempo del esperado.

...Me gusta la gente con capacidad de medir las consecuencias de sus actuaciones. La gente que no deja las soluciones al azar.

...Me gusta la gente estricta con su gente y consigo misma, pero que no pierde de vista que somos humanos y que nos podemos equivocar.

...Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo, entre amigos, produce más que los caóticos esfuerzos individuales.

...Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría.

...Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonados a las decisiones de su jefe.

...Me gusta la gente de criterio y la que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.

...Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente: A éstos los llamo mis amigos.

...Me gusta la gente fiel y persistente que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideales se trata.

...Me gusta la gente que trabaja por resultados..."

viernes, 29 de agosto de 2014

Cómo las águilas

Aún al borde de su propia muerte el águila extiende ampliamente sus alas agigantando su figura. Cuando alguien con sus pies firmes en la tierra vea desde su poco más de metro y medio de altura, a un águila volando directamente hacia un temible frente de tormenta podría pensar en la "tonta" decisión del animal que no huye del fenómeno. Sin embargo desde la altura del águila la realidad es muy distinta. El águila sabe que frente a la tormenta, lo mejor que puede hacer es no volar dejándose perseguir continuamente por las grises nubes. Muy por el contrario se dirigirá de frente a ella, desplegará sus alas tan grandes como le sea posible con lo que el tempestuoso viento la empujará hacia arriba hasta que, luego de soportar durante un centenar de metros la oscuridad de la nube, por fin verá el sol y habrá dejado la temible tormenta a sus pies...

De esta forma, cuando nos vemos circundado por un problema, lejos de tratar de huir temporalmente –en cuyo caso seremos constantemente perseguidos por él- podemos elegir desplegar nuestras alas... tomar conciencia de la grandeza de nuestra vida... de lo que verdaderamente somos... de nuestras reales capacidades... de aquello que está en nosotros mismos... Cuanto mayor sea el problema, más grande mostraremos nuestras alas, nuestra figura... y enfrentando la circunstancia podremos soportar el tempestuoso momento convencidos de que el sol nos espera arriba...

Más aún... cuando el águila afronta el momento culminante de su vida, cuando avizora el momento del final de su existencia, lejos de amedrentarse, de recluirse, de cerrarse en si misma, realiza el mayor de los esfuerzos de toda su vida en desplegar sus alas hasta que la sombra que produzca sea la mayor jamás vista. Así se eleva hasta las mayores de las alturas donde encontrará el lugar que ella misma elige para su muerte. La última imagen que puedas tener de un águila siempre será la de la majestuosidad de su figura con sus alas extendidas. Si lo hace un maravilloso pero simple animal como el águila... ¿no será posible que esta sea la actitud en nuestras vidas?

Desconozco a su autor