lunes, 15 de julio de 2013

Regla número uno para el éxito

Hay que considerar lo bueno que uno tiene.
Una vez que uno se da cuenta de lo valioso que es
y de cuantas cosas positivas tiene a su favor,
las sonrisas volverán saldrá el sol, sonará la música
y uno podrá finalmente avanzar hacia la vida que Dios le señaló…
con gracia, fuerza, valor y confianza.

Uno de los secretos de la vida más importantes
y siempre nuevo que tuve que aprender, con dolor y lágrimas,
es que uno no puede comenzar a dar un cambio total
en una existencia desesperadamente lastimada
y derrotada ni dar un salto para salirse de la triste rutina
que su empleo y su carrera significan,
ni dejar atrás ese callejón sin salida de lo económico
que parece haberlo condenado al fracaso y a una baja autoestima,
a menos que uno aprecie las cosas buenas que ya posee.

¿Cosas buenas? ¿Se ríe usted? ¡Vaya sonrisa triste!
¿Está tratando de decirme algo?
¿Dice usted que tiene un cajón lleno de cuentas?
¿Que tal vez su hija mayor se está preparando
para ingresar en la universidad
y que usted no tiene ánimo par decirle que no puede ir?
¿Que se ha atrasado dos meses en el pago de las mensualidades
de su automóvil y que su empleo no parece muy seguro que digamos?
¿Cuáles cosas buenas, piensa usted?
Lo invito a permanecer conmigo ahora,
mientras le ayudo a considerar algunas de sus cosas positivas
en este preciso momento en que usted sigue sentado allí
sintiendo lástima por usted mismo.

Hagamos una nueva lista e intentemos asignar un valor monetario
sólo a unas cuantas de las cosas buenas que hay en su vida,
amigo lector, para que pueda darse cuenta
de lo rico que es usted realmente
y de cuántas cosas buenas tiene en su favor,
aunque haya olvidado esto en su lucha diaria por sobrevivir.

¿Cuánto vale vivir en este gran país?
Responda usted, lo reto a que le ponga precio a eso.
¿En dónde preferiría vivir?
¿Cuánto vale ser empleado de la buena compañía
en la que trabaja si esta mañana usted
estuviera de pie en una fila de desempleados?
¿Cuánto vale su carrera si se da cuenta
de que probablemente el 95 por ciento
de la población mundial gustosamente daría diez años de su vida,
o más por tener la oportunidad que tiene?
¿Cuanto vale su libertad?
¿Y que tal con sus seres queridos y los que aman a usted?
¿Cuánto pediría por ellos? ¿Por los ojos?
¿Aceptaría un millón de dólares por sus ojos?
¿Y en el caso de las manos y los pies?
¿Cinco millones? ¿Diez?

Es usted realmente un ejemplar muy preciado,
¿verdad? En el caso de una confrontación definitiva probablemente
usted no cambiaría lo que tiene
en este preciso momento por todo el oro de Fort Knox,
¿no es verdad? Y con tantas cosas buenas a su favor,
dígame, por favor,
¿por qué anda por allí sintiéndose triste, golpeado, derrotado y rechazado?
¿Por qué?

¡Ya basta! Hay una mejor manera de vivir para usted y empieza hoy…

Og Mandino
De “Una mejor manera de vivir”


Belleza interior

La belleza de las cosas es fugaz. 
Intenta llegar hasta la belleza interior 
de las personas con las que convives. 

Muchas flores bellísimas y perfumadas 
sólo duran pocas horas. 

Sin embargo, aunque feas, las piedras 
duran milenios y cumplen sus tareas. 

Por lo mismo, no seas superficial. 
No prefieras lo pasajero a lo eterno, 
la belleza a la sabiduría. 

Afiánzate en lo que dura para siempre, 
en el Espíritu inmortal, 
nuestro verdadero YO 
y no en lo que termina pronto. 

Las cosas duraderas, 
todo aquello que perdura en el tiempo, 
principalmente los sentimientos 
y los pensamientos, 
tienen una sólida base en su esencia. 
Esencia que les permite expresarse con fuerza 
y dejar su mensaje grabado 
en el espíritu de los demás. 

La belleza en las ideas y en el espíritu 
perduran mucho más que la belleza del cuerpo. 
Una es superficial y temporal. 
La otra es profunda y puede ser eterna. 

Por eso, debemos cultivar 
y cuidar nuestra esencia, 
ya que es la que podrá despertar 
sentimientos duraderos y relacionarnos 
con personas bellas en su interior, 
para formar una conjunción espiritual 
que nos eleve más y más...

Desconozco a su autor

domingo, 14 de julio de 2013

Educación

Una persona puede estudiar por cinco razones:

- Para saber.
- Para mostrar que sabe.
- Para obtener ganancias.
- Para instruir a otros.
- Para instruirse a sí mismo.

Saber por saber, es curiosidad.
Saber para mostrar que se sabe, es vanidad.
Saber para conseguir dinero u honores, es comercio.
Saber para instruir a otros, es caridad.
Saber para instruirse a sí mismos, es humildad.
Solamente las dos últimas no abusan de la ciencia,
porque estudian para hacer el bien.

San Bernardo


Vida

¿Alguna vez has oído lo que es vida?
Todavía no lo comprendo, pero creo que
Es amor y comprensión,
Es triunfo y es pérdida,
Es estar con los demás y es soledad,
Es gritar y es callar,
Es escuchar y es hablar,
Es dar sin esperar recibir,
Es deseo de alcanzar,
Es guiar y ser guiado,
Es encontrar la luz en la oscuridad,
Es pensar y después de eso es actuar,
Es olvidar y es recordar,
Es contemplar,
Contemplar la inmensidad del Señor.
Es la grandeza del sol,
Es la inmensidad de la tierra,
Es la belleza de las plantas que adornan el campo.
Es la inocencia de un niño al preguntar,
Es la maravilla del color que resplandece,
Es sentir el terso airo que proviene desde lejos,
Es juguetear con un cachorro gracioso,
Es escuchar y sentir la música que cantan los demás,
Es despenar con el trino del ave.
Es sentir la humedad de le lluvia, que cae sobre nosotros,
Pero ante todo es saber ser feliz al apreciar todo esto, siempre dispuestos paro el nuevo día, llenos de esperanza.


Desconozco a su autor


El milagro de la vida

Sólo entendemos el "milagro de la vida" cuando dejamos que suceda lo inesperado.

Todos los días Dios nos da, junto con el sol, un momento en el que es posible cambiar todo lo que nos hizo "infelices".

Todos los días tratamos de fingir que no percibimos ese momento, que ese momento no existe, que hoy es igual que ayer y será igual que mañana.

Pero quién presta atención a su día, descubre el "instante mágico", puede estar escondido en cualquier parte.

Ese momento existe: Un momento en el que toda la fuerza de las estrellas pasa a través de nosotros y nos permite hacer milagros.

La "felicidad" es a veces una bendición, pero por lo general es una "conquista". El instante mágico del día nos ayuda a cambiar, nos hace ir en busca de nuestros sueños.

Vamos a sufrir, vamos a tener momentos difíciles, vamos a afrontar muchas desilusiones . . . pero todo es pasajero, y no deja marcas. Y en el futuro podemos mirar hacia atrás con orgullo y fe.

Pobre del que tiene miedo a correr riesgos. Porque ese quizás no se decepcione nunca, ni tenga desilusiones, no sufra como los que persiguen un sueño.

Pero al mirar hacia atrás – porque siempre miramos hacia atrás- oirá que el corazón le dice: ¿Qué hiciste con los milagros que Dios sembró en tus días? Los enterraste en el fondo de una cueva porque tenías miedo a perderlos, entonces es tu herencia: La certeza de que has desperdiciado tu vida.

Desconozco a su autor