viernes, 14 de junio de 2013

Señor futuro

Estimado Señor Futuro,
Le estoy escribiendo esta carta para pedirle un favor.

Usted sabrá disculpar la molestia.
No, no tema, no es que quiera conocerlo.
Ha de ser usted un señor muy solicitado,
habrá tanta gente que querrá tener el gusto,
pero yo no.

Cuando alguna gitana me atrapa la mano
para leerme el porvenir, salgo corriendo a la disparada
antes de que ella pueda cometer semejante crueldad.

Y sin embargo, usted, misterioso señor,
es la promesa que nuestros pasos persiguen
queriendo sentido y destino.
Y es este mundo, este mundo y no otro mundo,
el lugar donde usted nos espera.

A mí, y a los muchos que no creemos en los “dioses”
que nos prometen otras vidas
en los lejanísimos hoteles del Más Allá.

Y ahí está el problema, señor Futuro.
Nos estamos quedando sin mundo.
Los violentos lo patean como si fuera una pelota.
Juegan con él “los señores de la guerra”
como si fuera una granada de mano,
y los voraces lo exprimen como si fuera un limón.

A este paso, me temo, más temprano que tarde,
el mundo podría no ser más que una piedra muerta
girando en el espacio, sin tierra,
sin agua, sin aire y sin alma.

De eso se trata, señor Futuro.
Yo le pido, nosotros le pedimos, que no se deje desalojar.
Para estar, para ser, necesitamos que usted siga estando,
que usted siga siendo,
que usted nos ayude a defender su casa,
que es la casa de tiempo.

Háganos esa gauchada, por favor.
A nosotros, a los otros,
y a los otros que vendrán después,
si tenemos un después…

Le saluda atentamente:
Un terrestre.

Eduardo Galeano



jueves, 13 de junio de 2013

La fuerza de vida tiene cara de papá, si te acercas a él concretas mejor tus objetivos

El acercamiento a la figura paterna es, junto con el propio para la materna, uno de los temas que más abonan a nuestra felicidad, porque cuando llevamos a papá en el corazón nuestra vida toma una estructura profunda y sólida.

Vivimos en una sociedad muy confundida, que cree que llevar a alguien en el corazón es el resultado de sus acciones, de manera que si la persona ha tenido actos que consideramos bondadosos es digna de tener un buen lugar, mientras que si carece de dichos actos, entonces no debemos llevarle en el corazón.

Tomar a los padres significa mucho más que eso, y por principio significa tomar la vida, reconociendo en ellos el origen de lo que somos.

Cuando digo: “te tomo papá” en el fondo digo “Papá, más allá de que en tu vida hayas hecho lo que hayas podido de acuerdo a tu historia, tomo de ti lo más grande que puedo experimentar en este plano, mi propia vida, y con ella todas las maravillosas experiencias que puedo tener”.


Para conocer mas acerca de este tema, los esperamos este 16 de junio a las 9:30
Contacto: Angélica Ostoa Montes, teléfono 3627-6632. 
e-mail: clientes@grupoconocete.com
Dirigido a: Hombres y mujeres mayores de 20 años.

Las pequeñas cosas

Todos tratan de realizar algo grande;
no se dan cuenta de que la vida se compone de pequeñas cosas.
Disfrutando las pequeñas cosas tal vez un día
volvamos la vista atrás y nos demos cuenta
de que eran las grandes cosas.

Ejecuta con esmero tu trabajo, aunque parezca insignificante.
Cualquier cosa que hagas, por muy trivial que la juzgues,
es un paso hacia el progreso.
Un pequeño gesto puede mejorar un ambiente,
subir el ánimo, alentar a alguien.
Un simple apretón de manos, o una palmada en el hombro,
puede hacer renacer la esperanza a alguien
que estaba por flaquear.
Seamos fieles en las pequeñas cosas que realizamos diariamente,
nos lo dice la Madre Teresa de Calcuta,
ya que allí estará nuestra fortaleza:
Seamos puntuales, fieles, leales, usemos palabras bondadosas,
mostrémonos dispuestos hacia los otros;
lo demás “viene por añadidura”.
Las pequeñas cosas, sumadas, constituyen las grandes cosas.
Son las pequeñas cosas las que pueden hacer
agradable nuestra vida y la de los demás.

Mauricio Pilleux


miércoles, 12 de junio de 2013

Que no te detenga el miedo al fracaso

Muchos tenemos miedo y a veces no sabemos su origen, lo mejor es enfrentarlo.
Un buen texto para empezar…

¿Miedo al fracaso…? que no te detenga

Muchas veces no hacemos las cosas que queremos,
porque nos invade una especie de terror
a hacer las cosas mal y a quedar en ridículo.
Nuestros miedos son más fuertes que nuestros sueños
y por eso no logramos lo que nos proponemos
y a veces ni siquiera intentamos plantear cumplir un deseo.
Nos atormentamos pensando: “¿Y qué pasa si no sale bien?”

El miedo nos convence de que fracasar
sería una catástrofe para resto de la vida,
cuando en realidad el fracaso es solo una etapa
en nuestras vidas, la que nos permite aprender, crecer,
buscar otros caminos para llegar hacia donde queramos.
No hay ni una sola persona en el mundo
que no ha fracasado en toda su vida.
Y muchas veces el éxito se esconde detrás del fracaso
solo hay que saber “ver” la oportunidad que se nos presenta.

En realidad el miedo al fracaso es solo “fruto de nuestra mente”,
surge de nuestra imaginación y es totalmente irreal.
Imaginamos y visualizamos un resultado negativo
de nuestras acciones, que en realidad no han ocurrido,
pero la imaginación nos parece tan real que nos paraliza
y entramos en el bloqueo emocional.
Simplemente nos lo hemos imaginado y lo hemos creído.
El miedo dificulta mucho el camino hacia lo que perseguimos.
Frena la energía y provoca fatiga
a la hora de dar el siguiente paso.
Tenemos que aprender dar la cara al miedo
y de esta manera veremos que es mucho más pequeño
de que parecía al principio.
Cuando somos concientes de nuestro miedo,
el terror deja de tener poder sobre nosotros.

Aprende a dar la cara al miedo.

1. Nunca reprimas tus miedos.
No puedes pasar las veinticuatro horas del día reprimiendo el miedo.
Cuando reprimas el miedo, una vez que el vuelve a salir
a la superficie golpeará con más fuerza.
No tenemos que eliminar el miedo.
No se puede evitar tenerlo.
Cuando damos la cara al miedo, a fuerza de ese
que nos perseguía como sombra al cuerpo empieza a disminuir.

2. Acepta tus miedos.
El miedo sólo es una sensación que se presenta
cuando te atreves con algo nuevo y abandonas la zona de confort.
Acéptalo y siéntelo. Hazte una pregunta:
“¿ A qué temo exactamente?”,
“¿ Cómo sería exactamente fracaso?”.
A observar con la lupa cualquier fantasía de fracaso,
el miedo se reduce.
Ten preparado un plan de emergencia
y piensa algunas medidas de salvación.
Se duerme mucho mas tranquilo
cuando se tiene un plan “B” en el bolsillo.

3. No te detengas.
No intentar lograr lo que se propone, por miedo al fracaso,
es como no vivir por miedo a morir.
Hay que arriesgarse y asumir nuevos retos.
Recuerda que en la vida se avanza aprendiendo
de los errores sin perder el entusiasmo,
el carácter y la iniciativa.
No te detengas, da el siguiente paso y descubrirás
que la realidad no es tan terrible como el miedo te hacía creer.
La gente que evita el fracaso también evita el éxito.

Robert Kiyosaki


lunes, 10 de junio de 2013

Una gran piedra en el camino… La envidia

Si la hierba del otro lado de la valla parece más verde…
es el momento de regar la tuya…

A veces es más fácil creer que el césped del vecino
está más verde que el nuestro, o que para los demás todo
es menos complicado que para nosotros.
El problema es que la envidia nos hace buscar la felicidad
“fuera” de nosotros, nunca en nuestro interior.
Nos pasamos la vida mirando por encima de la valla
deseando lo que tiene el vecino, en vez de vivir en nuestro lado,
aquí y ahora.

¿Cuántas veces nos hemos dejado de impresionar por lo que parecía
una boda maravillosa o por el trabajo estupendo de alguien,
para luego ver cómo el matrimonio culminaba en divorcio
o el gran ejecutivo terminaba siendo acusado de desfalco?.
¿Cuántas veces hemos intentado solucionar nuestros problemas
saltando la valla, pensando que una vez que estuviéramos
al otro lado las cosas serían mejores?.
Y todo para descubrir que los problemas tienen una curiosa forma
de seguirnos dondequiera que vamos; y que, estemos donde estemos,
la hierba se marchita y muere si no le prestamos la atención
y los cuidados que necesita.

¿Te has dedicado últimamente a mirar con envidia el césped del vecino?
¿Te parece mejor que el tuyo?
¿Qué tienes que no tenga él? (¡Siempre hay algo!)
Cuando envidies especialmente a alguien,
bendícelo y alégrate por él.
Entonces te darás cuenta de que no tiene nada que ver
con tu propia felicidad o infelicidad.

Marta Botta