miércoles, 8 de enero de 2014

Sufrimiento y Final del Sufrimiento

Los budistas han conocido desde siempre la interconexión de todas las cosas, y ahora los físicos la confirman. Nada de lo que ocurre es un suceso aislado; sólo aparenta serlo. Cuanto más lo juzgamos y lo etiquetamos, más lo aislamos. Nuestro pensamiento fragmenta la totalidad de la vida. Sin embargo, es la totalidad de la vida la que ha producido ese suceso, que es una parte de la red de interconexiones que constituyen el cosmos.
Esto significa que cualquier cosa que es, no podría haber sido de otra manera.

En la mayoría de los casos, ni siquiera podemos empezar a comprender la función que un suceso aparentemente sin sentido puede desempeñar en la totalidad del cosmos; pero reconocer su inevitabilidad dentro de la inmensidad de la totalidad puede ser el principio de una aceptación interna de lo que es y nos permite realinearnos con la totalidad de la vida.

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La verdadera libertad y el final del sufrimiento estriban en vivir como si hubieras elegido deliberadamente cualquier cosa que sientas o experimentes en este momento.
Este alineamiento interno con el Ahora es el final del sufrimiento.

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¿Es imprescindible sufrir? Sí y no.
Si no hubieras sufrido como has sufrido, no tendrías profundidad como ser humano, ni humildad, ni compasión. No estarías leyendo esto. El sufrimiento abre el caparazón del ego, pero llega un momento en que ya ha cumplido su propósito. El sufrimiento es necesario hasta que te das cuenta de que es innecesario.

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La infelicidad necesita un «yo» fabricado por la mente, con una historia, una identidad conceptual. Necesita tiempo, pasado y futuro. Cuando retiras el tiempo de tu infelicidad, ¿qué queda? Únicamente este momento tal como es.
Puede ser una sensación de pesadez, agitación, tirantez, enfado e incluso náusea. Eso no es infelicidad, y no es un problema personal. No hay nada personal en el dolor físico humano. Simplemente es una intensa presión o una intensa energía que sientes en alguna parte del cuerpo. Al prestarle atención, la sensación no se convierte en pensamiento, y de ese modo no reactiva el «yo» infeliz.
Observa qué ocurre cuando dejas que la sensación sea.

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Surge mucho sufrimiento, mucha infelicidad, cuando crees que es verdad cada pensamiento que se te pasa por la cabeza. Las situaciones no te hacen infeliz. Pueden causarte dolor físico, pero no te hacen infeliz. Tus pensamientos te hacen infeliz. Tus interpretaciones, las historias que te cuentas, te hacen infeliz.
«Los pensamientos que estoy pensando ahora mismo me hacen infeliz.» Cuando te das cuenta de este hecho, rompes tu identificación inconsciente con dichos pensamientos.

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¡Qué día más horrible!
Él no ha tenido el detalle de devolverme la llamada.
Ella me ha decepcionado.
Pequeñas historias que nos contamos y contamos a otros, a menudo en forma de quejas. Están diseñadas inconscientemente para ensalzar nuestro siempre deficiente sentido de identidad haciendo que nosotros «tengamos razón» y la otra persona que esté «equivocada». «Tener razón» nos sitúa en una posición de superioridad imaginaria, fortaleciendo el falso sentido del yo, el ego. Este mecanismo nos crea algún tipo de enemigo: sí, el ego necesita enemigos para definir sus límites, y hasta el tiempo meteorológico puede cumplir esa función.
Los juicios mentales habituales y la contracción emocional hacen que mantengas una relación personalizada y reactiva con las personas y sucesos de tu vida. Todo esto son formas de sufrimiento autocreado, pero no las reconoces como tales porque son satisfactorias para el ego. El ego se crece en la reactividad y el conflicto.
Qué simple sería la vida sin estas historias.
Está lloviendo.
El no ha llamado.
Yo estuve allí. Ella, no.

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Cuando estés sufriendo, cuando te sientas infeliz estáte totalmente con lo que es Ahora. La infelicidad y los problemas no pueden sobrevivir en el Ahora.

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El sufrimiento comienza cuando nombras o etiquetas mentalmente una situación como mala o indeseable. Te sientes agraviado por una situación y ese resentimiento la personaliza, haciendo que surja el «yo» reactivo.
Nombrar y etiquetar son procesos habituales, pero esos hábitos pueden romperse. Empieza a practicar en pequeños hechos el hábito de «no nombrar». Si pierdes el avión, si dejas caer y rompes una taza, o si te resbalas y caes en un charco, ¿puedes contenerte y no llamar mala o dolorosa a esa experiencia? ¿Puedes aceptar inmediatamente que ese momento es como es?
Considerar que algo es malo produce una contracción emocional en ti. Cuando dejas que la situación sea, sin nombrarla, de repente dispones de una enorme energía.
La contracción corta tu conexión con ese poder, el poder de la vida misma.

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Comieron el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal.
Ve más allá del bien y del mal absteniéndote de etiquetar mentalmente las cosas, de considerarlas buenas o malas. Cuando vas más allá del hábito de nombrar, el poder del universo se mueve a través de ti. Cuando mantienes una relación no reactiva con las experiencias, muchas veces lo que antes hubieras llamado «malo» dará un giro rápido, cuando no inmediato, mediante el poder de la vida misma.
Observa qué ocurre cuando, en lugar de considerar «mala» una experiencia, la aceptas internamente, le das un «sí» interno, dejándola ser como es.

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Sea cual sea tu situación existencial, ¿cómo te sentirías sí la aceptases completamente como es, ahora mismo?

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Hay muchas formas de sufrimiento sutiles y no tan sutiles que consideramos «normales», y que generalmente no reconocemos que nos hacen sufrir, e incluso pueden ser satisfactorias para el ego: irritación, impaciencia, ira, tener un problema con algo o alguien, resentimiento, queja.
Puedes aprender a reconocer todas esas formas de sufrimiento cuando se presentan, y reconocer: «En este momento estoy creando sufrimiento para mí mismo.»
Si tienes el hábito de crearte sufrimiento, probablemente también harás sufrir a otros. Estos patrones mentales inconscientes tienden a llegar a su fin por el simple hecho de hacerlos conscientes, dándote cuenta de ellos a medida que ocurren.
No puedes ser consciente y crearte sufrimiento a ti mismo.

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Éste es el milagro: detrás de cada estado, persona o situación que parece «malo» o «malvado» se esconde un bien mayor. Ese bien mayor se te revela -tanto dentro como fuera- mediante la aceptación interna de lo que es.
«No te resistas al mal» es una de las más altas verdades de la humanidad.

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Un diálogo:
Acepta lo que es.
Realmente no puedo aceptarlo. Hace que me sienta molesto y enfadado.
Entonces acepta lo que es.
¿Aceptar que estoy molesto y enfadado? ¿Aceptar, que no puedo aceptarlo?
Sí. Lleva aceptación a tu no-aceptación. Lleva rendición a tu no-rendición. A continuación observa qué ocurre.

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El dolor físico es uno de los profesores más severos que podemos tener. Su enseñanza es: «La resistencia es inútil.»
Nada podría ser más normal que el deseo de no sufrir. Sin embargo, si puedes abandonar esa actitud y permitir que el dolor esté presente, tal vez sientas una sutil separación interna del dolor, como un espacio entre el dolor y tú, por así decirlo. Esto implica sufrir conscientemente, voluntariamente. Cuando sufres conscientemente, el dolor físico puede quemar rápidamente el ego en ti, ya que el ego está compuesto en gran medida de resistencia. Lo mismo es válido para la incapacidad física extrema.
«Ofrecer tu sufrimiento a Dios» es otro modo de decir lo mismo.

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No hace falta ser cristiano para comprender la profunda verdad universal contenida simbólicamente en la imagen de la cruz.
La cruz es un instrumento de tortura. Representa el sufrimiento más extremo, la mayor limitación, la mayor impotencia con la que un ser humano puede toparse. Entonces, de repente, ese ser humano se rinde, sufre voluntariamente, conscientemente, y eso queda expresado en las palabras: «Hágase tu voluntad, y no la mía.» En ese momento, la cruz, el instrumento de tortura, muestra su cara oculta: también es un símbolo sagrado, un símbolo de lo divino.
Lo que parecía negar la existencia de cualquier dimensión trascendental en la vida, se convierte, mediante la rendición, en una abertura a esa dimensión trascendental.

FIN

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El Silencio Habla Título Original: “Stillnes Speaks”
Ó2003, Eckhart Tolle
Traducción 2004 Miguel Iribarren

martes, 7 de enero de 2014

Miedo a ser Feliz

Todos tenemos miedo de vivenciar nuestras potencialidades más positivas, tenemos miedo de llegar a ser lo que podemos atisbar en los momentos de mayor perfección y coraje.

Seguramente, para muchas personas es así; ser feliz se convierte en algo inalcanzable porque les asusta conseguirlo. Pero, ¿a qué se debe este miedo? La respuesta está en las creencias en las que basamos nuestra identidad más profunda.

Hay muchas personas que tienen un concepto de sí mismas muy negativo, creen que no merecen nada o que no pueden hacer cosas valiosas e, incluso, que no tendrían que existir.

Estos conceptos negativos de uno mismo son más comunes de lo que pensamos. Cuando un niño no encuentra en sus padres una respuesta afectiva, es muy fácil que desarrolle la idea de que no tiene derecho a ser amado o que no tiene capacidad para conseguir nada.

Alguien con estas ideas negativas no intentará ser feliz. Es como si partiera de la posición del perdedor.

Son estas creencias las que logran que el miedo nos paralice y que no nos arriesguemos a hacer cosas nuevas, a conseguir nuestros deseos.

Para salir de este círculo vicioso es necesario pasar a la acción, hacer las cosas que uno desea despacio y a pesar del miedo, atreverse a realizar nuevos aprendizajes.Y si no nos arriesgamos, no aprendemos, no generamos experiencias gratificantes, nos quedamos bloqueados y estancados, con la consiguiente frustración.

También hay personas capaces de llevar a cabo todo lo necesario para conseguir sus sueños, pero cuando están a punto de lograrlo, abandonan. Exageran la responsabilidad del éxito. Es como si estuvieran preparados para el esfuerzo pero no para el disfrute.
Creer que tenemos tanto la capacidad de experimentar el sufrimiento como el placer, y que las dos cosas pueden ser igual de buenas, nos puede ayudar a no tener miedo a ser felices.

TODO SER HUMANO TIENE DERECHO A DISFRUTAR DE LA VIDA. ESTA CREENCIA ES LA BASE `PARA PODER LLEVAR A CABO NUESTROS SUEÑOS…

Tenemos que darnos pequeños placeres de vez en cuando.
Así, aumentará nuestra satisfacción y al comprobar que no somos castigados por ello, iremos por deseos más grandes.

Lic. Ines Beatriz Citro Albizu.
Terapeuta Holistica.

Todos caemos alguna vez

Todos caemos, espiritualmente hablando, de vez en cuando. Es importante aceptar en dónde erramos, pero es igualmente importante continuar hacia delante. Muchos de nosotros somos duros con nosotros mismos y nos damos por vencidos del todo.

Cuando caiga del nivel espiritual que había logrado, no se sienta deprimido. Sólo comience de cero, como si nunca antes hubiera pisado el camino espiritual. Algunas veces tienes que comenzar de cero varias veces en el día.

También debemos recordar que a través de la depresión y la tristeza un hombre puede olvidar quién y qué es realmente, porque su verdadera esencia está envuelta por tantas capas de tristeza. Por lo tanto es necesario luchar por estar en un estado de felicidad, sin importar cuán bajo hayamos llegado.

Olvídate de quién deberías ser, o lo que no deberías estar haciendo. Sólo sonríe, sé feliz y ten presente que tu felicidad es el botón de reinicio en el juego de tu vida.

Fuente: Sendero espiritual

Tenerse paciencia

Hay que aprender a dejarse en paz a sí mismo. Quien está trabajando sobre
sus emociones, sus vínculos, sus hábitos, sus rasgos difíciles, su pasado, el
despliegue de sus talentos…, transita un aprendizaje a veces difícil de
ejercer: TENERSE PACIENCIA. Los antiguos lo simbolizaban con algo universal: el
PAN. Esa sola palabra ya de por sí tiene un significado: UNIÓN (como en
‘panamericano’,'panteísmo’…). La unión trabajosamente amasada de harina, agua
y sal (que representan el cuerpo, las emociones y la conciencia). Pero hace
falta algo más para que el pan sea pan: la levadura. Y no sólo eso: el proceso
de levado. Para que ese proceso se dé, la masa debe dejarse tranquila, envuelta
en tibieza. Y uno tiene una sola tarea por hacer: ESPERAR. Como decía el
Siddhartha de Herman Hesse: ‘Yo sólo sé tres cosas: meditar, esperar y ayunar’.
Qué difícil!…

Para lograr unidad interna (congruencia, integridad) debemos trabajar
largamente todo lo ‘crudo’ que hay en nosotros: hacernos cargo, observarlo día a
día… amasarlo! Pero una parte nuestra, simplista y superficial, quizás quiera
resultados YA! Para colmo, la mercantilización del mundo interno vende hoy
sistemas para iluminarse en un fin de semana, técnicas mágicas para ‘obtener paz
y armonía’, ‘guías espirituales’ autoproclamados, o incluso diplomas para ser
‘terapeutas’ en sólo unos pocos meses… (El Cielo nos proteja de tanta
confusión!…) Cual si tuviéramos un botón invisible que, si lo tocáramos,
‘sanaríamos’ de inmediato, sin tantas vueltas… Mas, quien no compra espejitos de colores, sabe que trabajar internamente es como estar embarazado de sí mismo. Y que es necio gritarle a un bebé que aún está en el vientre: ‘Ey! Ya basta de tanta gestación!! Por qué no
naces de una buena vez!!!!!’.

TENERSE PACIENCIA mientras nuestros cambios se van gestando invita a ejercer
una actitud amistosa consigo mismo, como la de dos personas que se acompañan
mutuamente en una sala de espera: AUTO-ACOMPAÑARSE, sin dejar de poner empeño
en el trabajo cotidiano, aunque su fruto no se haga de inmediato evidente, y nos
parezca que estamos estancados o, peor aún, retrocediendo. Esa espera es PARTE
DEL CAMINO (no una circunstancia que habría que saltear!). Y un buen día… la
masa crítica del esfuerzo realizado comienza a germinar en conductas nuevas: uno
se vuelve parturiento de sí mismo!… Aprendámoslo del bambú, en este texto de
autor desconocido:

‘Hay algo muy curioso que sucede
con el bambú japonés y que lo transforma
en no apto para impacientes:
siembras la semilla, la abonas,
y te ocupas de regarla constantemente.
Durante los primeros meses no sucede
nada apreciable. En realidad,
no pasa nada visible con la semilla
durante los primeros siete años,
a tal punto que un cultivador inexperto
estaría convencido de haber comprado
semillas infértiles. Sin embargo,
durante el séptimo año,
en un período de sólo seis semanas
la planta de bambú crece… ¡más de 30 metros!

¿Tardó sólo seis semanas en crecer?
No; la verdad es que se tomó
siete años y seis semanas en desarrollarse.
Durante los primeros siete años de aparente inactividad,
ese bambú estaba generando, silenciosamente,
un complejo sistema de raíces
que le permitirían sostener el crecimiento
que iba a tener después de siete años.’

Fuente: Sendero espiritual

lunes, 6 de enero de 2014

El dolor del Amor

Duele amar a alguien y no ser correspondido pero lo que es más doloroso es amar a alguien y nunca encontrar el valor para decírselo.
Tal vez Dios quiere que nosotros conozcamos a unas cuantas personas equivocadas antes de conocer a la persona correcta para que al fin cuando la conozcamos, sepamos ser agradecidos por tan maravilloso regalo.
Es triste cuando conoces a alguien que significa todo y solo para darte cuenta que al final no era para ti y lo tienes que dejar ir.

Cuando la puerta de la felicidad se cierra otra puerta se abre pero algunas veces miramos tanto tiempo a aquella puerta que se cerró, que no vemos la que se ha abierto frente a nosotros.
Es cierto que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos pero también es cierto que no sabemos lo que nos hemos estado perdiendo hasta que lo encontramos.
Darle a alguien todo tu amor nunca es un seguro de que te corresponderán pero no esperes que te correspondan solo espera que el amor crezca en el corazón de la otra persona pero si no crece sé feliz porque creció en el tuyo.

Hay cosas que te encantaría oír que nunca escucharás de la persona que te gustaría que te las dijera pero no seas tan sordo(a) para no oírlas de aquel que las dice desde su corazón.

Nunca digas adiós si todavía quieres tratar.
Nunca te des por vencido(a) si sientes que puedes seguir luchando.
Nunca le digas a una persona que ya no la amas si no puedes dejarla ir.

El amor llega a aquel que espera aunque lo hallan decepcionado a aquel que aun cree aunque haya sido traicionado a aquel que todavía necesite amar, aunque antes haya sido lastimado y a aquel que tiene el coraje y la fe para reconstruir la confianza.
El principio del amor es dejar que aquellos que conocemos sean ellos mismos y no tratarlos de cambiar a nuestra propia imagen porque entonces solo amaremos el reflejo de nosotros en ellos.

No vayas por el exterior este te puede engañar no vayas por las riquezas porque aun eso se pierde, ve por alguien que te haga sonreír porque toma tan solo una sonrisa para hacer que un día oscuro brille.
Hay momentos en los que extrañas a una persona tanto que quieres sacarla de tus sueños y abrazar la con todas tus fuerzas.
Espero que sueñes con ese alguien especial.


Sueña lo que quieras soñar, ve adonde quieras irse lo que quieras ser, date una oportunidad para hacer todo lo que quieras hacer.
Espero que tengas suficiente felicidad para hacerte dulce, suficientes pruebas para hacerte fuerte, suficiente dolor para mantenerte humano(a)suficiente esperanza para ser.

Las personas más felices no siempre tienen lo mejor de todos o lo sacan lo mejor de todo lo que encuentran en su camino.
La felicidad espera por aquellos que lloran, aquellos que han sido lastimados aquellos que buscan, aquellos que tratan.
Porque solo ellos pueden apreciar la importancia de las personas que han tocado sus vidas.

La brillantez del futuro será basada en el olvído del pasado.

No puedes ir feliz por la vida hasta que dejes ir tus fracasos pasados y los dolores de tu corazón.

Cuando llegaste a este plano físico todos alrededor sonreían solo tú llorabas.
Vive tu vida de tal manera que cuando salgas de este mundo, todos lloren solo tú sonrías.


Fuente: Sendero espiritual